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ARAGÓN ES EXTRAORDINARIO

Broto derrama piropos hacia su Sorrosal

La cascada más famosa del municipio es un imán turístico y se erige en símbolo de la belleza que exhibe todo el entorno

Enrique sonríe bajo su mascarilla en la terraza del Arazas, restaurante y bar con vistas al río Ara, que sirve a los turistas de antesala para el corto camino que llega a la cascada del Sorrosal; está tan cercana al casco urbano de Broto (apenas cinco minutos andando) que prácticamente forma parte de él. “A la gente le encanta pasear por la orilla del río, y pocos visitantes se pierden la cascada de Sorrosal, una auténtica maravilla que tenemos además tan a mano. Nosotros estamos justo en la esquina del camino que se dirige hasta el salto de agua, y trabajar aquí es un placer”. Menús y raciones vuelan prestos en el local, mientras que al otro lado del Ara, la Pizzería Tea hace lo propio con la deriva italiana de la gastronomía local. Cruzando el río por el puente, la avenida de Ordesa concentra el bullicio; es el centro neurálgico de la hostelería y el comercio de Broto, siempre activa en verano y con buenos niveles de ocupación cuando los termómetros empiezan a bajar. Broto tiene dos espacios urbanos; el barrio de la Santa Cruz, en la parte norte, y el barrio de Los Porches, en la otra orilla del río.

¿Y qué tiene Sorrosal que tantos piropos inspira? Esta doble cascada se alcanza tras un paseo sencillo, sin apenas inclinación. Además, se puede hacer la vía ferrata, apta para principiantes y que deleita por su belleza, tanto en el entorno aragonés como en el nacional. Para los más expertos, hacerla en clave barranquista es un bonito reto.

Las rocas ‘hidratadas’ por el salto de agua son de origen turbidítico; las turbiditas son rocas sedimentarias depositadas durante una avalancha submarina, por lo que sería ésta la razón de algunos hallazgos sorprendentes a la hora de remontarla como vía ferrata. Hay trazas de fósiles marinos con forma de gusano, por ejemplo. Más arriba, en la cascada la Brincona y la Playa, se puede admirar un canal con conchas de organismos unicelulares pertenecientes al reino protista.

Más alto aún, en el sector llamado La Faja Gris, hay fósiles de animales comedores de fango que vivían a menos de cien metros de profundidad en el mar. El tope de la ascensión es el mirador del Pueyo, que regala una magnífica vista del sur del valle de Broto.

Oto merece un alto en el camino discursivo a la hora de analizar las bondades del municipio. Hay bellísimos ejemplos de arquitectura tradicional, con chimeneas, ventanas y puertas adinteladas, y casonas solariegas como la de Don Jorge, amén de la torre defensiva del sigloXV. La iglesia fue remodelada tras la guerra civil, aunque conserva su magnífica torre. Los paseos a la orilla del río en este enclave son de lo mejorcito que ofrece toda la zona en este sanísimo deporte de la caminata ribereña.

Recuperación de corazón

Iniciativas curiosas hay unas cuantas en la plaza. Antonio Sanz, por ejemplo, es un empresario de Sarvisé que ha venido alternando la hostelería con la ganadería y que desde hace unos años anda embarcado en recuperar el despoblado de Ayerbe de Broto, lugar del que se enamoró su padre (propietario de casi todo el terreno del pueblecito, situado en lo alto de una montaña cercana a Oto) en los primeros años setenta. Y el sueño avanza.

Paseos a caballo en Sarvisé para disfrutar del entorno con altura

En la entrada de Sarvisé hay caballos a ambos lados de la carretera. Dos negocios que fueron uno en su día y que luego tomaron caminos divergentes desde el mismo punto geográfico; enfrente, la cafetería y restaurante Méliz se yergue como árbitro de la incruenta contienda, con orgullo azulgrana –la S.D. Huesca está en bufandas, banderolas y mascarillas higiénicas de los camareros– por todo lo alto.

Ángel Felices es un joven emprendedor de Buesa (35 habitantes y el Balcón del Pirineo como referente absoluto de hospedaje y gastronomía) y este verano se ha lanzado a la aventura de llevar Caballos de Sarvisé, después de estar de guía cuatro veranos un tiempo atrás. “Este verano me ofrecieron alquilar el negocio, y como esto siempre me gustó mucho, decidí intentarlo. Pese al virus, han sido buenos meses, y el cansancio que arrastramos ha valido la pena. Mi idea es abrir el año entero los fines de semana para excursiones y salidas cortas, y tener unos pocos caballos listos entre semana para dar servicio bajo reserva. Hemos trabajado tres de manera regular, y mis hermanos han echado una mano varias veces”.

La mayor parte de la clientela no tiene experiencia a caballo. “También se ofertan aventuras más largas, incluso travesías de varias jornadas, lo que más organizamos son rutas simples, para que la gente disfrute sin complicarse; son de una hora, dos o tres, y este año hemos incluido en la de tres una degustación en la quesería Bal de Broto; están aquí al lado y sus quesos son riquísimos. Tengo muchas ideas, y quiero desarrollarlas poco a poco durante el resto del año que me queda de alquiler… aunque ojalá sean muchos años más. Esto lleva unas tres décadas abierto, y ojalá pudiera estar otro tanto, es una vida que me hace feliz”.

Competencia sana

Caballos San Blas está justo enfrente; el pulso por la atención del cliente se libra en unos palmos de terreno. “Nos llevamos bien; a principio de temporada organizamos una barbacoa conjunta, de hecho. Los conozco desde críos, es un negocio de toda la vida; de hecho, las empresas empezaron juntas. Hay trabajo para todos, y la competencia es buena para el cliente, porque hace que los precios no suban, somos baratos en relación a otros sitios. Además, si un sitio está lleno el día que quieres montar, ahí tienes al otro”. El precio estándar es de 15 euros la hora, y se cuenta con caseta y una terraza al otro lado de la calle para tomar algo antes o después de montar.

Ángel ha contado este verano con 21 monturas disponibles, cruces de español con árabe, más dóciles… también tiene algún otro en reserva. “Cuidarlos es la parte que más me gusta, ir a verlos al monte en invierno, alimentarlos con pienso, forraje, berza con avena… es una gozada hacerse cargo de ellos. Hay un caballo, Rayo, que es el icono de la empresa; tiene ocho años, es grande y muy bueno. Tenemos de todos los tipos: hay varios idóneos para los niños, que siempre los recuerdan con cariño y suelen pedir a ‘su’ caballo cuando vuelven por aquí. Y muchos repiten, desde luego”.

Huella medieval y patrimonio religioso del municipio

Broto posee una tenue pero brillante huella medieval, que sería mayor si el antiguo puente, datado en aquella era no se hubiese destruido en la guerra civil. El actual es reciente. En su casco urbano cabe destacar la parroquia, consagrada a San Pedro y construida en 1578; presenta un curioso campanario en forma de almena, con aspilleras visibles en la fachada para su defensa; no en vano se trata de un ejemplo palmario de iglesia fortificada de los Pirineos. En el resto del municipio también hay patrimonio religioso notable, como la ermita de San Bartolomé, en Bergua; es de estilo prerrománico y está declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Por su parte, la iglesia de San Miguel en Otal fue edificada en el siglo XI y perteneciente al románico mozárabe. Integrada en la ruta de las iglesias del Serrablo, es un vestigio de la antigua relevancia del pueblo, actualmente deshabitado y solo accesible a pie.

BROTO

Comarca. Sobrarbe.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 87 kilómetros por la E-7 y la N-260.

Dónde comer y dormir. Entre los hoteles de Broto se encuentran el Latre, el Sorrosal, Prados Ordesa, Gabarre, el Hotel de Montaña El Mirador o La Posada, además del Albergue; en Sarvisé destacan Casa Frauca y Viña Oliván. Además, hay un buen número de casas rurales. Para comer brilla el Balcón del Pirineo de Buesa, y Méliz y el Asador Pizzería Portal de Ordesa. Otros nombres tradicionales son Las Endrinas, Casa Joaquín, la Pizzería Tea o el Arazas.

Núcleos de población. Además de Broto, cabeza de municipio, están Ayerbe de Broto, Asín de Broto, Basarán, Bergua, Buesa, Escartín, Otal, Oto, Sarvisé y Yosa.

La cárcel. La antigua prisión de Broto, en el centro del pueblo, es una torre defensiva que funcionó como cárcel desde el siglo XVI hasta el XX; es famosa por los grabados que hicieron en sus muros los presos, algunos de notable calidad.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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