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Cinco rutas de turismo ornitológico sin salir de la provincia de Zaragoza

El avistamiento de aves es una práctica cada vez más generalizada como alternativa de ocio en la naturaleza.

Grullas en la laguna de Gallocanta.
Grullas en la laguna de Gallocanta.
José Miguel Marco

El avistamiento de aves y su estudio es una práctica cada vez más generalizada como alternativa de ocio en la naturaleza. Así, en los últimos años, la demanda de turismo ornitológico va en aumento, al mismo tiempo que crecen las propuestas impulsadas por distintas entidades, tanto públicas como privadas.

La provincia de Zaragoza cuenta con varios espacios naturales donde se puede llevar a cabo esta práctica, desde la laguna de Gallocanta hasta la ribera baja del Ebro o los humedales de las Cinco Villas. Casi 400 especies de aves habitan en tierras aragonesas, ricas en variedad aviaria por su situación en el valle del Ebro, así como por la baja densidad de población. Estos son algunos de los factores que favorecen que una mayor cantidad y diversidad de avifauna se asiente en el territorio, regalando la vista de los amantes de la ornitología.

Sin salir de la provincia de Zaragoza, en un radio de cien kilómetros, se localizan varias áreas naturales donde practicar el avistamiento de aves. A continuación, cinco propuestas para disfrutar del turismo ornitológico cerca de la capital aragonesa.

Nuevo observatorio de Agón
Nuevo observatorio de Agón
SEO Birdlife

Las lagunas de Agón y Bisimbre

En el Campo de Borja se localizan las lagunas de Agón y Plantados, en Bisimbre. Enmarcado dentro de la Red Natura 2000, este espacio es rico en diversidad de aves. El tarro blanco, el zampullín común o la cigüeñuela común son algunas de las especies que habitan en la zona.

Para explotar esta riqueza y como apuesta por el turismo ornitológico en la zona, los ayuntamientos de ambas localidades, junto con SEO/Birdlife han impulsado un proyecto de mejora del espacio. Entre otras acciones, se ha diseñado un nuevo observatorio que fuera lo menos invasivo posible con las aves. Es de tipo murete para, por un lado proteger al visitante del viento, habitual en esta zona, y, por otro, garantizar el respeto y la distancia con la fauna.

También se han eliminado los paneles interpretativos en malas condiciones y se han colocado nuevos. Además, desde este mes de agosto, la carretera hasta la zona de observación de las lagunas de Agón y Bisimbre está señalizada. El espacio natural aparece antes de llegar a las mismas localidades, a poco más de 50 kilómetros de Zaragoza y a cinco y diez minutos de Magallón y Borja, respectivamente.

Una vista panorámica de la laguna de Gallocanta, con cientos de grullas, al amanecer. Javier Mañas
Una vista panorámica de la laguna de Gallocanta, con cientos de grullas, al amanecer.
Javier Mañas

Gallocanta, hogar de grullas

A unos mil metros de altitud y entre las localidades de Daroca y Calamocha se localiza la laguna de Gallocanta, famosa, principalmente, por ser el hogar de miles grullas en los meses de invierno. Tal es la importancia de la migración de esta especie a tierras aragonesas desde Europa que en octubre tiene su fiesta de bienvenida y en marzo, la de despedida.

Pero en este espacio natural habitan otras aves durante todo el año, como buitres, águilas reales, búhos, avutardas, perdices o garzas, entre otras muchas. Además, ahora en verano, junto a éstas se pueden ver alimoches, cernícalos o codornices, entre otras aves estivales.

Esta ruta por la laguna de Gallocanta es una de las 17 propuestas de turismo ornitológico elaboradas desde Turismo de Aragón para promocionar la riqueza aviaria de la comunidad. A unos 100 kilómetros de Zaragoza capital, para llegar a este espacio se toma la autovía Mudéjar, pudiendo tomar la salida de Daroca, a 21 kilómetros de Gallocanta, o la de Calamocha, a 23.

Una vez en el paraje, declarado, dicho sea de paso, ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), se puede realizar una ruta circular con salida y llegada al centro de interpretación de la localidad de Gallocanta. La primera parada es Berrueco y Tormos, por la orilla más abrupta de la laguna, donde se pueden ver aves de encinar y águilas reales, en la sierra.

Desde Tormos, una pista baja directa de nuevo hasta la orilla y la rodea hasta coger la carretera de Bello, donde el visitante dispone de otro centro de interpretación. En invierno, este punto, al norte de la laguna, es un buen lugar para esperar la entrada de las grullas cuando llegan desde el Jiloca para dormir.

Ya desde Bello, en dirección norte, otra pista en buen estado llevará al visitante hacia la orilla oeste de la laguna y la zona de reserva rica en avutardas en esta época del año. Otros observatorios incluidos en esta ruta son el de La Reguera, uno de los puntos desde el que se ven más especies, y el de Los Ojos o, ya casi al final de la ruta, de la ermita del Buen Acuerdo. Mira hacia el pueblo de Gallocanta y desde aquí se pueden ver más de cerca las aves acuáticas.

Además de por libre, este paraje se puede conocer con guías especializados que ofrecen visitas organizadas durante todo el año desde la Oficina de Turismo y el Centro de Interpretación de Gallocanta.

Los galachos de Juslibol, el pasado 15 de junio
Los galachos de Juslibol
Nuria Casas

Rutas en un radio de 20 kilómetros de Zaragoza

Los galachos de Juslibol, el vedado de Peñaflor o los llanos de Villanueva de Gállego son algunos de los entornos donde se pueden avistar aves en los alrededores de Zaragoza. La ornitología es, de hecho, una de las principales alternativas de ocio natural en los galachos de Juslibol, donde se cuenta con un centro de interpretación, un mirador y varias rutas señalizadas para el avistamiento de aves. En este paraje habitan durante todo el año garzas, búhos, aguiluchos, halcones peregrinos o alimoches, entre otras especies.

Para llegar hasta el mirador, desde el que se obtiene una vista aérea de todo el galacho, existe un itinerario señalizado desde el centro de interpretación, en dirección norte. Una vez tomada esta panorámica, para contemplar a las aves más de cerca se propone tomar la pista principal que sale desde el citado edificio para cruzar el galacho por un puente. La ruta transcurre entre vegetación de ribera con presencia de numerosas especies de pequeño tamaño, así como acuáticas.

Las aves esteparias son las predominantes en los llanos de Villanueva de Gállego, una extensa llanura a la que se puede llegar en coche tomando un camino desde la carretera que une la citada localidad con la vecina Castejón de Valdejasa. Una vez allí, se puede recorrer la zona desde la balsa Fornillé y la del Piojo para contemplar la diversidad de avifauna. Sin dejar la zona, los montes de Castejón, también conocidos como pinares de Zuera, ofrecen también una amplia variedad de aves en un entorno único.

Se trata de una de las masas forestales autóctonas de pino carrasco más importantes del entorno de Zaragoza y en ella habitan azores, águilas reales o abejarucos. Se recomienda recorrer el paraje en coche, por pistas forestales en buenas condiciones, realizando paradas para la observación.

De similares características es el vedado de Peñaflor, un bosque de pino carrasco colindante con áreas de cultivo a apenas quince minutos de Villanueva y 30 de Zaragoza. Para llegar hasta allí, desde el pueblo se toma dirección a la ermita de San Cristóbal en coche, donde un desvío indicará cómo llegar hasta la caseta de los guardas. Desde allí, el paseo es libre por cualquiera de los caminos y se recomienda acercarse hasta las áreas de contacto entre el pinar y las zonas de cultivo para poder observar más aves.

El bigotudo habita en los humedales de las Cinco Villas.
El bigotudo habita en los humedales de las Cinco Villas.
M. Cayuela

Los humedales de las Cinco Villas

Entre los términos municipales de Tauste, Ejea de los Caballeros, Sádaba y Pinsoro, en las Cinco Villas, se localizan varios humedales que se pueden recorrer en coche para conocer las diversas especies aviarias que habitan en ellos. La cuenca de los ríos Arba y Riguel ofrece hábitats variados, desde llanuras de regadíos y zonas húmedas como carrizales o embalses variados, hasta algunos cultivos de secano.

Aunque se pueden avistar aves durante todo el año, los meses de agosto y septiembre son una de las épocas recomendadas para realizar esta ruta, al tratarse de un paso migratorio. Los principales puntos de interés de esta zona son la estanca del Escorón, el lagunazo de Moncayuelo y los arrozales de Ejea, así como la estanca del Gancho, en el mismo casco urbano de la localidad. De uno a otro se puede ir en coche, realizando pequeñas paradas para ver las aves, con mayor o menor detenimiento según se dé el día.

Junto con los aguiluchos, los somormujos o los zampullines, entre otras aves de residencia habitual en este entorno, las lechuzas o las cigüeñas negras son algunas de las especies de paso. En los meses invernantes, además, se podrán ver pinzones o alirrojos. En los estivales, se dejan caer por la zona martinetes o garzas imperiales.

Saladas de Chiprana.
Saladas de Chiprana.
Laura Uranga

Ribera Baja del Ebro: desde Mequinenza hasta Chiprana

Lagunas salobres, embalses, escarpes de yesos y sotos fluviales son los variados hábitats que salpican la ribera baja del Ebro. Desde Mequinenza hasta Chiprana, pasando por Caspe, La Porchina y la península de la Magdalena, se plantea una ruta de una hora aproximada en coche, con varias paradas para la observación de aves.

En esta excursión se pasará tanto por bosques de ribera, pinares y matorral mediterráneo, como por lagunas saladas y embalses. Es el caso del de Mequinenza, punto de partida de la ruta. En este espacio viven cisnes, cormoranes, garzas y garcetas, entre otras especies.

Tomando dirección Caspe, el barranco de La Porchina y, después, la península de La Magdalena, entre los meandros del Ebro, son otras dos paradas propuestas en la ruta. Buitres leonados, halcones peregrinos o golondrinas daúricas son algunas de las aves del lugar.

Siguiendo la marcha aguas arriba por la ribera del Ebro, la ruta llega hasta Chiprana, donde la estanca y, especialmente, las saladas constituyen un hábitat de agua salobre con bastante profundidad. La ruta finaliza en este un entorno único en Aragón que permite la proliferación de aves, como la gaviota reidora y patiamarilla o el zampullín cuellinegro, escasas en otras zonas.

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