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Cuatro misteriosos enclaves de Aragón

El sanatorio de Agramonte, el Castillo de Trasmoz, Laspaules y sus brujas o las múltiples cárceles del Matarraña son algunas de las propuestas turísticas más tenebrosas de la Comunidad

Arriba, el Santuario de Agramonte (izquierda) y la prisión de Fórnoles (derecha). Abajo, Laspaúles (izq) y el castillo de Trasmoz (drcha)
Arriba, el Santuario de Agramonte (izquierda) y la prisión de Fórnoles (derecha). Abajo, Laspaúles (izq) y el castillo de Trasmoz (drcha)
Uranga/Gayúbar

Cientos de leyendas sobreviven en Aragón. De boca en boca se han transmitido, retando el paso del tiempo y generando un vínculo entre varias generaciones de una familia o de un mismo lugar. Historias con una moraleja o simplemente narraciones que nutren la identidad de personajes, localidades o edificios. Precisamente, los inmuebles vacíos son un cimiento fácil para construir este tipo de leyendas.

Foto de San Martín de la Virgen del Moncayo
Carretera de Agramonte
Laura Uranga

El santuario de Agramonte

No lejos de Tarazona, a unos 20 minutos en coche y algo más de tres horas caminando, se llega a un lugar que cada año atrae a cientos de amantes del misterio. Entre las frondosas copas de los árboles del Parque Natural del Moncayo se descubren las ruinas de un antiguo hospital: el sanatorio de Agramonte. Un enclave que inspira tanto misterio como peligroso es acceder a la finca, ya que se encuentra en estado ruinoso.

En 1934 el Ayuntamiento turiasonense decidió construir este complejo, cuando se denominaba “sitio natural de interés nacional”. Seis años más tarde su adjudicación salió a subasta pública y fue convertido en sanatorio para enfermos de tuberculosis. Después de tres décadas de servicio, se cerró sus puertas cambiando de titularidad. Casi veinte años tuvieron que pasar para que un particular se interesase por estas instalaciones con el propósito de abrir una explotación hotelera-turística. Fue solo un intento porque no llegó a puerto. No obstante, ese no fue el único interés, sino que más tarde fueron los sindicatos -CC. OO. y UGT- los que plantearon fundar un centro de ocio. Tampoco se ejecutó.

En la actualidad es edificio abandonado y apartado. Los grafitis en sus paredes ponen el color y son como un hilo de misterio que teje una manta de leyendas sobre el edificio en tan deplorable estado. Hay quien asegura que en las inmediaciones han escuchado ruidos de puertas abrirse y cerrarse -curioso porque poca carpintería ha sobrevivido a los saqueos – y también apuestan porque en sus tímpanos han vibrado los gritos de auxilio de pacientes -pese a estar totalmente vacío-.

Tejados de Laspaúles
Tejados de Laspaúles
Ángel Gayúbar

Las brujas de Laspaúles

Con largas faldas, verrugas que culminan largas narices, tan mal atrapaciadas como feas y acompañadas de una escoba, su medio de transporte. Esa es, a grandes rasgos, la imagen que se guarda en la retina cuando se menciona la palabra “bruja”. Los cuentos infantiles han contribuido a ello, a pesar de que el Juan Goytisolo escribiera que había brujas hermosas y Paco Ibáñez lo cantara. En Aragón, las hay, o al menos las hubo.

Hay historiadores que defienden la existencia de unos documentos de una pequeña localidad de la Ribagorza que avalan la presencia de estos mágicos personajes. Son unos manuscritos de varios cientos de páginas de Laspaúles fechados en el siglo XVI. En los textos se narra la ejecución de más de una veintena de mujeres. ¿Por qué? Fueron acusadas de practicar artes de brujería. Estos históricos papeles fueron descubiertos en 1983 por el párroco del pueblo Domingo Subías en el campanario de la iglesia.

El legado de la brujería se ha convertido en un parque temático embrujado: Brujas de Laspaúles. A través de un sencillo camino se puede a prender a través de los paneles informativos que se levantan en medio del monte. De hecho, hay senderistas que en esta paraje adivinan -tal vez con una dosis de imaginación- formaciones geológicas que recuerdan a perfiles de brujas, como si un aquelarre fuera.

Foto de Trasmoz
Castillo de Trasmoz
Laura Uranga

El Castillo de Trasmoz

Aragón y Navarra. Entre estos dos territorios se fue turnando el castillo de Trasmoz, perteneciente al señorío del mismo nombre y convertido en un feudo de la monarquía aragonesa. El idilio terminó en 1232, cuando Jaime I lo recuperó finalmente, cuentan en el portal web del pueblo. El rotundo castillo de esta localidad zaragozana perteneció a los Luna, una popular familiar hasta su caída en desgracia tras el Compromiso de Caspe y su apoyo al Conde de Urgel. Alfonso V ordenó la toma de la fortaleza, relatan en dicha web, y entregó el castillo a la Lope Ximénez de Urrea.

El dueño y señor murió, su hijo lo heredó y en una guerra por las aguas de Moncayo entró, cuentan en las mismas fuentes. Mal terminó el pleito: la Iglesia proclamó contra “el terrible rito de la Maldición de Trasmoz, celebrado solemnemente en el monasterio de Veruela”. Dicen que eso contribuyó a su magia. Sin embargo, Patrimonio del Gobierno de Aragón cuenta que en 1267 vivía allí un sacristán de Tarazona, Blasco Pérez, dedicado al parecer a prácticas de brujería. El abandono se hizo dueño de las dependencias y un incendio le pasó factura a la torre del homenaje.

Allí, en el mismo torreón, se puede visitar en la actualidad el Museo del Castillo de Trasmoz, donde se exponen objetos encontrados en las excavaciones realizadas en el lugar, promociona Turismo de Aragón. No solo eso, en el pueblo se puede aprender más sobre la dimensión más misteriosa de la Comunidad con el museo dedicado a la brujería y a las supersticiones.

Foto de Fórnoles, municipio de la comarca del Matarraña
Foto de Fórnoles, municipio de la comarca del Matarraña
Laura Uranga

Las prisiones del Matarraña

La Comarca del Matarraña, en la provincia de Teruel, es uno de los destinos estrella de este verano. Además de los escenarios de postal de esta zona de Aragón, que llaman “la Toscana aragonesa”, se puede hacer otro tipo de ruta: la de las cárceles. Son numerosos los ejemplos de viejas mazmorras que se descubren en esta comarca turolense. En su interior -pequeñas estancias y mal ventiladas-, donde siglos atrás hubo prisioneros, ahora se guardan cadenas, argollas, cepos, puertas o grafitis.

Por ejemplo, la de Cretas, donde se accede con entrada libre. Para visitar la de La Fresneda es necesario reservar cita previa y tiene un precio entre 1 y 3 euros. En la parte baja del ayuntamiento de Fórnoles está su cárcel, cuya puerta, a diferencia de en tiempos pasados, está abierta para entrar y salir con libertad.

También se puede conocer las antiguas dependencias penitenciarias de Fuentespalda, Mazaleón, Torre del Compte o Valderrobres. Monroyo, Peñarroya de Tastavins, Ráfales o Torre de Arcas son otras de las localidades que conservan sus cárceles, al igual que Calacetie. El área de Turismo de la Comarca del Matarraña ha trazado una ruta por las mazmorras de nueve de sus pueblos (http://matarranyaturismo.es)

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