Despliega el menú
Viajes

pueblos bonitos de aragón

10 pueblos bonitos de Zaragoza para visitar este verano 2020

¿Sabes de esos sitios que son muy bonitos pero da pereza ir para una sola jornada o un fin de semana normal? Ahora es el momento de acercarse.

Vistas de Anento, uno de los pueblos más bonitos de Zaragoza
Vistas de Anento, uno de los pueblos más bonitos de Zaragoza
Laura Uranga

Hay más, se podrían hacer varias listas como la que aquí se presenta, pero con éstos no se falla el tiro. Elegir entre los pueblos bonitos de la provincia de Zaragoza para una visita que vaya más allá de un día supone también hacerlo entre paisajes muy diferentes, tanto en el casco urbano como en los alrededores. El factor sorpresa es otro aliciente; siempre hay algo interesante a la vuelta de la esquina.

1. Sos del Rey Católico

Incluido en el club oficial de los pueblos más bonitos de España. Enclavada en las altas Cinco Villas, esta localidad es conjunto Histórico-Artístico desde 1968. La Lonja Medieval, la Torre del Homenaje o el Palacio de Sada son visitas muy recomendadas; como curiosidad, hay esculturas en forma de sillas de director de cine en homenaje a ‘La vaquilla’ de Berlanga, rodada mayormente en Sos en 1984. Hay buena oferta hotelera; destacan el Parador y La Ruta del Tiempo

Vista de Sos del Rey Católico en 360º
Vista de Sos del Rey Católico en 360º
Ignacio Ferrando /Abaco

2. Anento

El otro pueblo de Zaragoza en la lista de los más bonitos de España, y uno de los más pequeños en cuanto a censo. Está en el Campo de Daroca y entre sus atractivos (además de pasear por sus calles empedradas) está el retablo gótico más grande de Aragón en la iglesia de San Blas, el castillo, el torreón celtíbero y, por supuesto, el aguallueve, sendero circular desde el pueblo que lleva a una pequeña cortina de agua llegada de diversos manantiales, con paredes de piedra toba y musgo. El agua se recoge en una balsa que después se canaliza para el riego.

Foto de Anento
Aguallueve en Anento
Laura Uranga

3. Urriés

El segundo pueblo de la Bal D’Onsella desde Sos, en las Altas Cinco Villas, viene dando ejemplos de fomento del turismo por la vía cultural. Además de contar con un casco urbano muy bonito, en el que abunda el empedrado, mantienen un hermoso museo etnológico y realizan diversas acciones de interés durante el año, desde congresos culturales hasta actividades lúdicas de época. El paisaje para las andadas es impresionante, y se come de fábula en el bar y restaurante local. Además, se puede visitar en el pueblo de al lado (Navardún) un magnífico torreón.

Plaza de Urriés.
Plaza de Urriés.
Laura Uranga

4. Biel

Esta villa fue la morada de Alfonso I el Batallador en su niñez, y también está en las Cinco Villas, bajo la magnífica sierra de Santo Domingo. La gran torre del castillo defensivo y la parroquia de San Martín son alicientes para la visita al pueblo, que en el apartado gastronómico tiene otras dos referencias: la panadería y el restaurante El Caserío, que atrae a gente de muchos kilómetros a la redonda por su maestría en el chuletón y la carne de caza. El Sendero del Agua es una excursión muy bonita y sencilla.

Calle de Biel
Calle de Biel
Laura Uranga

5. Talamantes

En el mismo corazón del Parque Natural del Moncayo, es el pueblo más a trasmano del Campo de Borja, pero la breve extensión del viaje desde Borja, Tarazona o Zaragoza vale la pena; estamos hablando de un pueblo de cuento, en el que las andadas son el deporte rey. Para quedarse a pernoctar allá están Mi Casa Loft y La Casita de Talamantes, y las peñas de Herrera regalan vistas impresionantes. El trabajo de la Asociación Rural Sierra del Moncayo es clave en el pueblo.

Talamantes
Talamantes
Laura Uranga

6. Grisel

A solo 3 kilómetros de Tarazona, Grisel tiene un poderoso atractivo para los turistas en el Pozo de los Aines, una sima situada a solo 1 kilómetro del casco urbano y bien acondicionada para la visita. El hospedaje más llamativo es el propio castillo de Grisel, en el centro del pueblo, que puede reservarse completo o por habitaciones. El paladar está bien cuidado en el bar y restaurante municipal, que administra el guipuzcoano Jon Acordagoitia y que ofrece menú de sidrería todo el año, si así se solicita.

Foto de Grisel
Pozo de Aines en Grisel
Laura Uranga

7. Mequinenza

Ahora que se cumple el medio siglo de existencia del pueblo nuevo se empieza a valorar su construcción en los círculos arquitectónicos, con esas calles sin nombre que recuerdan a una canción de U2. El pueblo viejo sepultado por el agua embalsada tiene aún vestigios a la vista, y los museos son otro atractivo; el de la Mina es el más aplaudido, aunque el de Historia con la figura de Jesús Moncada no se le queda atrás. En el agua, remo y piragua, y pesca deportiva que atrae a aficionados de toda Europa. Hay festival de cine dedicado al agua en verano. Para comer, Royal II.

Foto de Mequinenza
Antiguo pueblo de Mequinenza
Laura Uranga

8. Daroca

La ciudad amurallada de los Corporales es siempre digna de una visita, empezando por la iglesia y su museo. Además, la propia muralla es un imán para los ‘selfies’. El festival de Música Antigua lleva cuatro décadas celebrándose allá, y otra de las cosas que nadie deja pasar cuando visita la localidad es la visita a la pastelería y dulcería de Manuel Segura, presente en Cariñena y Zaragoza, pero que tiene su cuna y un Museo de la Pastelería en Daroca. En los últimos años unen fuerzas con Anento y la laguna de Gallocanta para formar rutas turísticas compartidas.

Daroca, un municipio lleno de historia
Daroca, un municipio lleno de historia

9. Lituénigo

A 6 kilómetros de Tarazona, esta localidad moncaína es una de las ‘villas en flor’, distintivo que premia a la dedicación de sus habitantes a acicalar las calles con flores. El Embalse Alto del río Pedregal es un lugar magnífico para la excursión, aunque también se puede optar por una merienda en las lindes del pueblo, en la fuente de los Ancebillos. A principios de verano, el pueblo se vuelca en la Feria de los Oficios Perdidos, que traslada sus calles a otras épocas. La tranquilidad y el deleite para los sentidos duran el año entero.

El ayuntamiento y la Asociación Cultural Los Ancebillos marchan a una: el pueblo cuida sus servicios, acicala sus calles y mima el entorno natural para seguir conquistando a vecinos y visitantes.
Lituénigo cuida sus servicios, acicala sus calles y mima el entorno natural para seguir conquistando a vecinos y visitantes.
Laura Uranga

10. Munébrega

Un pueblo relativamente pequeño con 8 casas rurales, un albergue muy popular en el mundo de los campamentos juveniles, una balsa romana con tirolina y 2 restaurantes no es algo muy común, pero Munébrega ofrece todo eso a apenas 12 kilómetros de Calatayud. La iglesia, con dos torres en su fachada, es el símbolo del pueblo desde la lejanía; el museo que alberga incluye retratos en gran formato de 13 obispos y unos cuantos más de personajes ilustres del pueblo, además de reliquias y documentos.   

Dada la cercanía con el Monasterio de Piedra y la voluntad (asociativa y municipal) de maximizar el potencial turístico local con nuevas ideas, la localidad se ha convertido en un ejemplo de superación.
Vista de Munébrega.
Laura Uranga
Etiquetas
Comentarios