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Pastillas para los exámenes: capitalismo, dudas y peligros

Se acercan los exámenes. ¿Alguna pastilla o suplemento ha probado realmente ser útil para mejorar el rendimiento? ¿Qué riesgos conllevan?

Jesús Méndez 26/05/2018 a las 05:00
Las pastillas para aumentar el rendimiento conllevan no pocos riesgosOliver Duch

Adderall e Instagram son las dos cosas que necesitas para ser un estudiante perfecto. Todo el mundo quiere sacar buenas notas y estar delgado y tener tiempo para salir. Y Adderall te proporciona todo eso”.

Estas podrían ser las palabras-resumen del nuevo y controvertido documental de Netflix 'Take your pills' ('Toma tus pastillas'). Las dice una estudiante universitaria de Estados Unidos pero, según las estadísticas, las podrían suscribir al menos el 35% de los alumnos norteamericanos, porque al menos uno de cada tres las consume. Adderall es un derivado de las anfetaminas parecido a lo que en España se conoce como Ritalin, medicamentos destinados a las personas con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Más allá de la controversia sobre el número real de personas con este trastorno, en ellas suele tener un cierto efecto calmante; en el resto, sin embargo, se comportan como lo que esencialmente son: estimulantes. Y eso es lo que buscan la gran mayoría de quienes las consumen: más energía, más concentración, más rendimiento. El problema es que en esa ecuación de éxito cristalino aparecen no solo dudas sobre su eficacia, sino certezas sobre sus riesgos.

El documental y las pastillas

Tiene un ritmo adrenalínico, como si el montaje fuera también puesto de pastillas, como el trasunto audiovisual de una novela de Bret Easton Ellis. Por 'Take your pills' circulan numerosos estudiantes universitarios, pero también programadores informáticos, jugadores de fútbol americano, brokers de bolsa. Todos ellos moviéndose en un ambiente de competitividad constante: o llegas o caes. El documental “no es tanto sobre los estimulantes como sobre la desigualdad, sobre el paisaje actual de los Estados Unidos, sobre el capitalismo avanzado”, asegura su directora, Alison Klayman. “En nuestra época se tomaban drogas para evadirse”, comenta uno de los neurólogos participantes, “ahora se toman para centrarse. Y eso dice mucho de nuestra cultura en la actualidad”. Y, en ese clima, la justificación constante de los estudiantes: “¿Por qué si tomamos café para mejorar el rendimiento consideramos tomar una pastilla como algo inmoral?”.

Los derivados de las anfetaminas empezaron a comercializarse en los años veinte y treinta del siglo pasado. En principio estaban destinados a mejorar los síntomas de asma y de la narcolepsia, pero pronto se vio que calmaban a algunos niños especialmente nerviosos. Es algo contraintuitivo: ¿cómo puede calmar un estimulante? La hipótesis actual es que, en estos niños (y adultos), hay un déficit de ciertos neurotransmisores en el lóbulo frontal, el más relacionado con el control y la atención. Las pastillas aumentan la cantidad disponible de dopamina y noradrenalina, así que mejoran su funcionamiento (“estimulan el control”). En el resto de personas pueden producir efectos considerados positivos, pero no en todas. “Un tercio de quienes las consumen pueden experimentar una mejora en la memoria de trabajo y la atención, pero otro tercio no notará síntoma alguno y la otra tercera parte notará taquicardia, excitación, inquietud y disforia (una sensación desagradable de nerviosismo y ansiedad)”, comenta Pedro Manuel Ruiz Lázaro, jefe de sección de psiquiatría infantil y juvenil en el Hospital Clínico de Zaragoza. En quienes funcionan parece que, al menos a corto plazo, aumentan la concentración, disminuyen la sensación de sueño y, sobre todo, permiten dedicar más tiempo a tareas que un principio se presentan como 'monótonas'. No es tanto que aumenten la inteligencia como que mejoran el rendimiento.

Aunque eso tampoco está muy claro.

En 2012, uno de los mayores estudios hasta la fecha quiso comprobar el efecto del Adderall sobre la memoria, la concentración, la creatividad y, en general, sobre la inteligencia en personas sin TDAH. Lo midieron a través de trece pruebas diferentes en voluntarios que tomaban, o bien el estimulante, o bien un placebo. Sorprendentemente, en todas las pruebas los resultados eran similares o las diferencias eran mínimas, incluso en aquellas personas que genéticamente y en teoría deberían beneficiarse especialmente. Solo había diferencias significativas en una: la percepción de mejora, la sensación subjetiva de estar rindiendo más. Es lo que algunos llaman un 'placebo eufórico'. Incluso podría perjudicar la creatividad (el pensamiento flexible) y la memoria a largo plazo. (Puestos a analizar, ni siquiera está claros los beneficios académicos en personas con TDAH. Mejoran al comienzo, pero muchos estudios no encuentran diferencias con el paso del tiempo).

Lo que sí está más claro es el peligro que conllevan estas pastillas. Aumentan el riesgo de ansiedad, de insomnio, de nerviosismo e irritabilidad, de hipertensión arterial o incluso de fallo cardiovascular, entre otros. Y, como muchas otras drogas, generan tolerancia y dependencia. Es decir, disparan la necesidad de aumentar las dosis y la posibilidad de terminar en adicción. “No es aconsejable el uso de estos fármacos fuera del TDAH, donde sí vemos que producen una mejora con pocos efectos secundarios”, asegura el doctor Ruiz.

Podría parecer un problema lejano, pero quizás no lo sea tanto. Aunque no hay estadísticas fiables en Europa, algunas encuestas señalan que el 5% de los estudiantes en Suiza las consumen. Y consultas internas encontraron que un 20% de los estudiantes ingleses había probado el modafinilo, un primo de las anfetaminas y sobre el cual también existen dudas sobre su eficacia. En España, los casos parece que están dejando de ser anecdóticos.

Ahora que se acercan los exámenes: ninguna pastilla ni suplemento ha probado realmente ser útil para mejorar el rendimiento. Lo mejor, en general, sigue siendo una dieta sana, el ejercicio y el descanso. “Eso es, por el momento, lo más eficaz”, reconoce Ruiz.

En este mundo competitivo, lo aburrido* tiene premio.

*(¿Es aburrido?)





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