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Cruce de caminos

Historia de la ciencia. ¿Una subasta basta?

En una subasta organizada por la londinense Christie’s el 10 de julio, la vieja chaqueta de cuero marca Levis que Einstein adquirió en los años treinta, y que ya no apearía en décadas, alcanzó un valor de 110.000 libras. Pero esta historia estuvo muy cerca de no poder ser contada.

Miguel Barral 03/11/2016 a las 06:00
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La historia de la invención de la bombilla de filamento está plagada de prototipos, fallidos y exitosos, diseños, bocetos y patentes en diversos países.

Tras dedicar nueve meses a buscar y compilar más de 200 objetos y documentos, Christie’s organizaba, hace solo diez años, en diciembre de 2006, su primera subasta dedicada en exclusiva a la historia de la ciencia y la tecnología. Figuraban piezas de Galileo, Newton, Darwin o Einstein.

Sin embargo, la pieza estrella de la subasta era la histórica caja de bombillas, fabricadas reproduciendo fielmente los dibujos e instrucciones consignados por Edison en su patente y que habían sido la prueba decisiva en el juicio que en 1890 había reconocido a aquel como el inventor de la bombilla. La misma caja que, al poco de finalizar el juicio, había desaparecido durante décadas y que sorpresivamente había sido redescubierta en fecha reciente.

Diseños, patentes y juicios

La historia de la invención de la bombilla de filamento está plagada de prototipos, fallidos y exitosos, diseños, bocetos y hasta patentes varias en diversos países. Todo ello en unos pocos años. Entre ellas la patente británica de Joseph Swan de 1878 y la estadounidense, fechada el 17 de enero de 1880 y que acreditaba al prolífico Thomas Alva Edison como inventor de la misma. Pero costó que ese reconocimiento fuese unánime.

Para 1890, el bautizado como ‘Edison Lamp Infringement Trial’, el juicio por la autoría de la bombilla que enfrentaba a la Edison Electric Light Company con la United States Electric Light Company, que llevaba años instalando bombillas basadas en el diseño de Hiram Maxim y no reconocía los derechos de Edison, estaba a punto de resolverse a favor de esta última. En caso de ser necesario, en este tipo de disputas legales puede requerirse a una serie de expertos que fabriquen un ejemplo del invento siguiendo fielmente el procedimiento descrito en la patente. Una medida a la que se habían amparado los representantes legales de la compañía rival. Diversos fabricantes de bombillas, incluidos algunos de los que trabajaban en la compañía de Edison, lo habían probado. Y todos habían fracasado en el intento.
Hasta que el 8 de julio de 1890, fue llamado a declarar John W. Howell, ingeniero de la Edison Electric Light Company, quien se personó ante el juez instructor con una caja de madera que contenía bombillas fabricadas según la patente puesta en solfa. En concreto, se trataba de una colección de 22 bombillas que reproducían distintas versione y evoluciones del diseño de Edison. Entre ellas, dos idénticas a las empleadas durante la Exhibición eléctrica durante la Expo Universal de París de 1881. Y otra, designada con el número 20, que reproducía el modelo denominado Edison Effect lamp, empleada por el inventor en unos experimentos de 1883, en los que, a fin de atraer los depósitos de ceniza que se originaban en el filamento y se acumulaban en la base, el mago de Menlo Park había incorporado un primitivo diodo…. 21 años antes de que John Ambroise Fleming se convirtiese en el progenitor oficial del diodo.


Gracias a aquella irrefutable prueba, el juicio llegó a su fin y Edison, finalmente, obtuvo el reconocimiento como legítimo inventor –o patentador– de la bombilla de filamento incandescente. La caja cayó en el olvido y su pista se había perdido hasta que en 2002 fue recuperada en el ático de una vivienda estadounidense, intacta y con la llave original.

Y esa era la caja que Christie’s sacaba a subasta y que se esperaba alcanzase un valor cercano a las 300.000 libras. Pero, para sorpresa de todos y disgusto mayúsculo de los responsables de la casa de subastas, la oferta más alta se quedó en 95.000 libras. Una puja tan baja que fue sido desestimada y la caja retornó al almacén. Un inesperado batacazo que llevó a los responsables de Christie’s a plantearse seriamente la conveniencia de organizar más eventos de esta naturaleza. Lo que les disuadió, además de lo que salvó la subasta, fue que un comprador privado pagó 344.000 libras por el primer artículo científico publicado (y autografiado) por Einstein con solo 16 años, cuando ni siquiera soñaba con poseer una cazadora de cuero Levis. Una investigación sobre el comportamiento del éter bajo la acción de un campo magnético. No podía ser otro que Einstein.




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