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Sanidad

Aragón pierde cada año a más de 60 médicos que se van al extranjero

Formar a un médico (entre la licenciatura y la especialidad) cuesta unos 250.000 euros a las arcas públicas. Los expertos instan a aumentar el número de plazas MIR y evitar así "que se vuelva a crear una bolsa de miles de médicos sin especialidad, que están condenados a la emigración".

17/04/2018 a las 05:00
Varios profesionales en el transcurso de una intervención en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza.H. Miguel Servet

La incertidumbre acerca de las oposiciones y el futuro laboral aquí en España ha provocado que en los últimos cinco años Aragón haya perdido a un total de 316 médicos bien formados que han solicitado el certificado de idoneidad para marcharse al extranjero. El 90%, según datos de la Organización Médico Colegial (OMC), lo solicitan por motivos laborales (para irse a trabajar fuera) y corresponden a titulados en las especialidades de Medicina de Familia, Anestesiología, Oftalmología, Pediatría y Cirugía general y del Aparato Digestivo

A juicio del doctor Juan Simó, especialista en Medicina de Familia y autor del blog 'Salud, dinero y Atención Primaria', esta fuga de cerebros responde a una cuestión clara: la precariedad laboral instaurada hoy en día en el ámbito sanitario estatal, que ha convertido a muchos especialistas -sobre todo en el campo de la Medicina de Familia- en los "reyes del contrato mensual".

"Los médicos no se van porque en Europa les paguen más, que les pagan mucho más; se van porque no pueden hacer su vida en su país. Nadie estudia Medicina con el objetivo de emigrar para forrarse, pero la miseria de contratos que se les hacen ahora a los recién especializados es, sencillamente, impresentable. Y claro, se nos van por miles", justifica este médico en una entrevista concedida a HERALDO.es.

En el cómputo nacional, han sido más de 3.200 los médicos que han solicitado este certificado para marcharse al extranjero en 2017. De ellos, 63 de la Comunidad (59 de Zaragoza y 4 de Huesca). Según datos de la OMC, en Europa los destinos más frecuentes fueron el Reino Unido, Francia, Irlanda, Alemania, Portugal y Suecia. Fuera de Europa, EE. UU, Emiratos Árabes y Canadá fueron los destinos más solicitados.

La emigración de médicos, en cifras

Los expertos estiman que la formación de un médico en la actualidad (entre la licenciatura y la especialidad) le cuesta unos 250.000 euros a las arcas públicas. Así pues, un especialista acaba como muy pronto a los 28-29 años de edad. Es joven, pero no un adolescente. Tuvo que sacar una media de sobresaliente en bachiller y selectividad para poder entrar en Medicina (seis años de carrera, la única de esa duración). Posteriormente ha tenido que competir con 'cerebritos' similares para aprobar el MIR; y después de aprobarlo, ha tenido que hacer una especialidad de 4 o 5 años con un salario inferior al de una enfermera.

"Lo normal -opina Simó- es que un profesional que acaba así de cualificado quiera cierta estabilidad, y más si acaba cerca de los 30. El médico que trabaja en la sanidad pública ha de tener el título de especialista. A ningún empleado público se le exige una formación de tantos años: 10 u 11 en total, según la especialidad. Lo normal es que, además, 'gaste' un año más de su vida preparando el MIR, lo que supone en total 11 o 12 años antes de estar en condiciones de ser contratado como especialista por la sanidad pública. Es lógico que estas personas quieran cierta estabilidad al terminar, no plaza en propiedad, que todos sabemos que pasan años antes de conseguirla, pero tampoco la miseria de contratos que se les hace ahora a los recién especializados", apostilla en defensa de aquellos que emigran en busca de mejores condiciones de vida.

¿Faltan médicos o sobra precariedad laboral?

Simó, quien lleva años dedicado a la Medicina de Familia en Navarra, califica la marcha de estos médicos -en su mayoría jóvenes bien formados y con dominio de idiomas- como un "lujo" que el sistema no se puede permitir, porque los necesita. A la vista están las dificultades que encuentra muchas veces la Comunidad para cubrir determinadas plazas, como sucede, por ejemplo, en el ámbito de pediatría o en determinadas plazas del medio rural aragonés, donde la falta de incentivos agrava todavía más el problema. Pero no es que falten médicos, matiza Simó, quien asegura que nunca antes había tenido España más facultativos por población de que los que tiene ahora. Lo que "sobra" -puntualiza- es esa precariedad laboral que los nuevos jóvenes bien formados y con dominio de idiomas parecen no tan dispuestos a aceptar.

"Durante décadas, el sistema ha tenido médicos baratos que aceptaban lo que fuera y a cambio de lo que fuera. La cosa ha cambiado. Ahora casi todos los que se matriculan acaban la carrera, y casi todos aprueban el MIR. Nada parecido a lo que ocurría en los años 80 y primeros 90. Es decir, tenemos médicos jóvenes casi todos con especialidad muy bien formados, que saben inglés, que han viajado -generaciones Erasmus- y que lo de irse fuera es una posibilidad más que contemplan con toda la naturalidad del mundo. Dejar que se vayan es lamentable porque representa no solo un desperdicio de un talento que necesitamos sino también del dinero público empleado en su formación", subraya Simó, quien para revertir esta situación asegura que hacen falta grandes cambios, tanto en materia laboral (haciendo contratos estables) como en la legislación vigente (haciendo obligatoria por ley la convocatoria anual de oposiciones en cada servicio autonómico de salud). 

"En primer lugar, hay que aumentar las plazas MIR que se han reducido por la crisis (un millar). En segundo lugar, ya formamos más licenciados por población que la mayoría de los países desarrollados. Corremos el riesgo, y no me gustaría pensar que es lo que se quiere por parte de la Administración, de que se vuelva a crear una bolsa de miles de médicos sin especialidad, condenados a la emigración, no ya para trabajar, sino para cursar una especialidad o quedarse aquí y aceptar cualquier trabajo precario que se les oferte", añade este especialista, quien inmediatamente descarta esta opción. 

"Al contrario de los que terminaban a finales de los 70 y primeros 80, los jóvenes milenials no se van a quedar aquí a la sopa boba esperando un trabajo precario, se irán sin duda. Y se irán tengan o no una especialidad. Si la tienen, se irán a trabajar como especialistas, y si no consiguen entrar aquí al MIR, se irán a otro país a especializarse. No tengo la menor duda. Por eso -concluye este experto- es prioritario aumentar el número de plazas MIR hasta dejarlo al menos en las 7.000 de 2009".





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