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Salud

Descongestivos nasales, bastoncillos, pollo frito y otras adicciones ocultas

El consumo de algunos medicamentos y alimentos durante largas temporadas de tiempo puede provocar dependencia. 

M. S. Z Actualizada 02/02/2018 a las 10:27
El uso abusivo de descongestivos nasales provoca un efecto rebote en el paciente.

Resfriarse y utilizar un descongestivo nasal es una práctica habitual. Sin embargo, lo que muchos usuarios desconocen es que el uso continuado de este medicamento provoca una adicción difícil de abandonar. “La gente no suele ser consciente de los peligros que conlleva el uso continuado de este producto. Tomarlo durante tres o cuatro días seguidos por una congestión nasal no es un problema, pero si su uso se alarga, se produce un efecto rebote”, explica Mercedes Arias, vocal de Atención Farmacéutica del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza. De este modo, un uso abusivo provoca una mayor sequedad y obstrucción nasal. “Es como un círculo vicioso, ya que cada vez se tienen más mocos y se necesita más”, puntualiza.

Generalmente esta adicción va relacionada con problemas de rinitis o sinusitis, ya que provocan una mayor congestión inicial. Por ello, lo más importante es detectar cuál es la patología previa para tratarla y así conseguir, poco a poco, desengancharse. “Para dejarlo es importante ir alternando el uso de estos descongestivos nasales con lavados de suero fisiológico y que cada vez sea este segundo el que más se utilice. Así hasta no usar el descongestivo nasal”, puntualiza. A partir de entonces es recomendable no volver a usar estos productos o hacerlo con precaución, no superando los tres días.

Este es quizás uno de los medicamentos adictivos menos conocidos, pero no por ello hay poca gente que lo sufre. Otros que provocan dependencia son los opiáceos. “Los parches para los dolores crónicos, como los de morfina, son muy buenos ya que reducen la intensidad del dolor; sin embargo, su uso tiene que ser limitado en el tiempo porque el cuerpo se va acostumbrando a estos analgésicos. Cuanto más los usas, más tolerante te vuelves y menos efecto te hacen. Finalmente, se acaba necesitando una mayor dosis”, recuerda Arias. En esta misma línea se encuentran otros medicamentos más usados habitualmente y que la sociedad piensa que son menos adictivos como es el caso del Tramadol o el Zaldiar. Ambos están compuestos por paracetamol e ibuprofeno, pero se encuentran dentro de la categoría de opiáceos.

La codeina es otra sustancia que puede crear dependencia. “Es un derivado de los opiáceos y anteriormente se utilizaba en el jarabe para la tos -especialmente para niños de entre 2 y 12 años-, pero tras comprobar sus efectos, la Agencia Española del Medicamento restringió su uso; limitándolo a usos hospitalarios concretos”, recuerda Arias. De hecho, su abuso puede provocar cambios de humor y modificación de los hábitos. Por ello, su uso debe ser puntual y controlado por el médico.

Los medicamentos destinados a calmar la ansiedad y conseguir dormir también producen dependencia cuando se administran en altas dosis y durante un tiempo prolongado. “Es muy importante concienciar a la gente, ya que en estos momentos se consume con bastante asiduidad por personas mayores, a las que les provoca mayor somnolencia diurna, desorientación y caídas”, puntualiza Arias. En este grupo se encuentran el valium o el orfidal. “Hay que tomarlo durante 8 o 12 semanas como mucho y su tratamiento se debe suspender de manera gradual, ya que sino puede derivar en una depresión”, sostiene la vocal de Atención Farmacéutica.

En el lado opuesto se encuentran los estimulantes como el metilfenidato, que se utiliza frecuentemente para tratar a niños con hiperactividad. “No hay problema en recetarlo, con una dosis adecuada. En estos casos, es muy importante esté controlado por el neurólogo y sea este especialista el que valore la dosis y la duración del tratamiento”, recalca. Por su parte, los psicotrópicos como las anfetaminas también pueden generar una adicción.

Dentro del grupo de los estimulantes se encuentra la cafeína que, en estos momentos, se utiliza para tratar algunas patologías como las migrañas. “Lo que se está intentando es que este uso sea cada vez menor, ya que la cafeína, tanto en medicamento como en alimento, puede crear cierta dependencia”, explica. Arias recuerda que ante el consumo de cualquier medicamento o producto es fundamental consultar al personal sanitario indicado, especialmente, si su utilización es continua.

La comida y algunas costumbres también son adictivas

El chocolate, la pizza y el pollo frito son algunas de las comidas más adictivas. Así lo pone en evidencia un estudio llevado cabo por expertos de la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research Center. Según puntualizan, los alimentos procesados y aquellos que tienen dosis más altas de grasas y colesterol son los que suelen generar más dependencia en los consumidores. Sin embargo, este efecto no es igual en todas las personas y, en determinadas ocasiones, puede que no genere ningún tipo de adicción. No obstante, recomiendan que su consumo no sea diario. Asimismo, son adictivos las galletas, las palomitas de mantequilla, las patatas fritas, los refrescos azucarados y el queso, entre otros.

Aparte de medicamentos y alimentos, también hay personas que son “adictas” a determinadas acciones, como por ejemplo, jugar a un videojuego o estar consultando el móvil constantemente. A estas más cotidianas se les unen otras menos comunes como la costumbre de limpiarse los oídos con bastoncillos de algodón. No son pocas las personas que llevan a cabo esta acción con la misma frecuencia con la que se lavan los dientes. Además, hay especialistas que hablan de cierto placer al hacerlo. En este caso, tampoco es recomendable ser tan pulcros con la limpieza de nuestros oídos. Desde hace años los otorrinolaringólogos alertan de que esta costumbre no solo no ayuda a limpiar la zona sino que además puede tener efectos negativos en la audición.

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