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El corazón de la fiesta / 2

"Pintar es andar hacia la luz y Zaragoza tiene una luz cegadora"

Jorge Gay (Zaragoza, 1950) es pintor y un enamorado de Zaragoza, de la que es Hijo Predilecto. El jueves inaugura en Barcelona la muestra 'La intimidad de los volcanes'.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 07/10/2013 a las 09:18
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Jorge Gay

Jorge Gay (Zaragoza, 1950) es pintor y un enamorado de Zaragoza, de la que es Hijo Predilecto. El jueves inaugura en Barcelona la muestra 'La intimidad de los volcanes'.

-¿Qué significa el Pilar para usted? ¿Ha marcado su pintura en algún modo?
Más que las fiestas, a mí me ha influido la ciudad en sí, alguno de sus barrios, su luz, su atmósfera, la pasarela, el río… Alguien dijo que la fiesta que fue nuestra niñez es lo que nos hace eternos.

-¿Qué es lo que más le gusta o le disgusta?

Me gusta en la calle una cierta alegría compartida y me alejan de ella las aglomeraciones desbordadas.

-Expone en la sala Dalmau de Barcelona a partir del jueves.
Esta exposición es una defensa de la pintura como medio expresivo. Todo el mundo se empeña en anunciar que la pintura ha muerto y yo me empeño en lo contrario. La he titulado 'La intimidad de los volcanes', y está dedicada a todos cuantos a lo largo del tiempo emprendieron un largo viaje para ir al encuentro de algo, al encuentro de un gesto que volviera a encender nuestras miradas.

-¿Cuáles son las intenciones de 'La intimidad de los volcanes'?
Pretende relatar la crónica, el pulso de los días de todos cuantos, músicos, poetas, pintores…, salieron un día a la búsqueda de ese algo, llevando su interior cargado de pasado pero soñando siempre que lo harían futuro. Está dedicada a todos aquellos que pensaban que la belleza reside en los ojos que la contemplan y se sintieron capaces de encontrarla y redefinirla de nuevo con el deseo de afirmar que más allá del cansancio, más allá de nuestros agotados ojos del corazón, la pintura sigue viva y sirve todavía como gesto expresivo: una respuesta más al misterio del universo. Pintar es andar hacia la luz, la luz que habita en la intimidad de los volcanes.

-Utiliza óleo y dibujo. ¿Qué es lo que se pinta al óleo y qué a lápiz o carbón?
-Dibujar es la idea, discernir, elegir con elegancia entre el revoltijo de realidad. Es el conocimiento de la armonía interna de las cosas. Dibujar es llevar la escala del mundo en el corazón. Saber poner lo que falta y sobre todo no añadir a lo que sobra. Lo que se sabe sentir, se sabe decir. Pintar es construir todo eso con color. La pintura se acerca a la realidad entresacando los hilos que la tejen y con ella levanta el andamio donde sujetar el anhelo que se sueña. La pintura no es una manera de mirar: la pintura construye. Lo importante no son los medios ni los soportes que emplees, lo importante es saber emocionar con ellos. Lo que distingue es el talento.

-¿Tiene sentido poner una bomba en el Pilar?
-Es una barbaridad.

-¿A qué recuerdos están asociados estos días?
-En la niñez, al circo, a las ferias, a la compañía luminosa de los padres y como dato menos luminoso al hecho de que empezaba el colegio y no acababa hasta navidades. Ahora disfruto las fiestas en discreta medida aunque siempre me alegra mucho la alegría de la gente.

-¿Cuáles son sus espectáculos favoritos?
-Me gusta todo, me sigue gustando todo. Estoy siempre dispuesto al asombro y al encantamiento. El directo me fascina: la música, sean de Berlín o la más humilde banda de pueblo, el teatro, la danza. Acudir a ver fragmentos de todo tipo en las calles: los gigantes, actuaciones en las plazas, un trozo de ofrenda, alguna madrugada en las ferias, los fuegos…

-¿Y su lugar predilecto?
-En este momento las riberas del Ebro es de las mejores cosas que le ha ocurrido a la ciudad.

-¿Cuál es su debilidad gastronómica, su menú predilecto? ¿Qué locales le gusta frecuentar?
-Me quedaría con un plato razonablemente contundente para estas fiestas: me gustan las migas esponjadas, bien hechas y con uva. Un lugar que creo recuperado, maravilloso y diferente es el Plata, muy recomendable para todos pero sobre todo para los visitantes porque no quedan lugares así. Aunque tratan de emularlo les falta el encanto y el sabor que tiene este café único.

-¿Qué le sugiere la Ofrenda?
-Fue muy importante la nueva teatralización del espacio que hizo el añorado Bigas Luna. Dicho eso, a mí la ofrenda me sugiere color, a la que añadiría música, más música de grupos folclóricos, bandas, etc.

-¿Cómo se vive el Pilar desde el arte?
-Siempre ha sido estas fiestas un momento para subir el listón en oferta cultural, espero que a pesar de todas las extrañas y rarísimas crisis a las que nos están sometiendo, no deje de ser así. Este año la que sobresale es la que se dedica al maestro Santiago Lagunas en Palacio de Sástago. Por otro lado siempre me parece modélica la programación y el nivel del Auditorio.

-¿Qué nos recomendaría para estos días, qué libro, qué disco, qué serie de televisión...?
-Discos: 'La hora roja' de Joaquín Pardinilla. 'Blue Jeans' de Bigott. 'Jasmine' de Keith Jarrett y Charlie Haden. Libros: 'El día de mañana' de Ignacio Martínez de Pisón y un clásico de siempre que han reeditado 'Antología de Spoon River' de Edgar Lee Masters. De televisión un programa que me gusta es 'Oregón TV'.

-¿Qué ocurre entre la jota y usted?
-Es muy difícil proteger aquello que no se ama. Me parece perfecto su recuperación y su lugar. Pero me parece desmedida su utilización actual. Como dice el refrán puede haber amores que matan.

-¿Recuerda algún pregón especial?
-Sin duda alguna fue el de José Antonio Labordeta con toda la plaza del Pilar cantando. Fue muy emocionante su entrega, pues en ese momento ya estaba muy herido.

-¿Cuáles serían las dos o tres mejores anécdotas que ha vivido?
-Por encima de todas ellas, el día que me nombraron hijo predilecto de la ciudad. Fue muy potente y emotivo para mí. Y la exposición retrospectiva que hice en la Lonja 'La ciudad, el amor y los sueños', rodeado de amigos y del calor de muchísima gente. Hay otro momento menos solemne pero no menos hirviente. Una noche, a mitad de los 80, decidimos ir al Oasis, cuando todavía era sala de fiestas. Estaba a reventar y no quedaban más que dos o tres plazas casi debajo del escenario en primerísima línea. Las reinas del espectáculo eran Regina dos Santos y La Maña. Tan cerca estábamos que la Maña se fijó en mí (no por mi galanura sino porque llevaba una camisa a rayas de colores muy vistosa) que le sirvió para fijar su mirada y emplearme como hilo conductor de toda su actuación. No me dejó vivir en dos horas. El premio final era hacerse una foto con ella en el escenario tocándole las tetas entre los gritos y la algarabía encendida de toda la sala. Guardo la foto.

-¿Quién ha sido el gran personaje de sus Pilares?
-Paco Camino fue un torero que en mi niñez admiré muchísimo y me emocionaba mucho verle torear. Lo recuerdo una tarde pasando a mi lado con su traje de alpaca azul grisáceo yendo a visitar al maestro Benito Simón, autor de su pasodoble.

-¿Cómo ve, cómo le emociona Zaragoza?
-Hay muchas Zaragozas, pero la que yo amo es la que me anima a pintar, la de la luz cegadora, la que se enorgullece de sí para ofrecerse, la sabia, la que supo sumar las tres culturas, la que no se aletarga ni adormece y a la que le cae la noche solo para ser cobijo de amantes y no refugio artero de la imbecilidad, la intolerancia y la incultura.


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