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Sociedad

IGLESIA

Varios miembros de la hermandad que expulsó a una lesbiana piden su baja

En la romería celebrada ayer en Abenójar algunos vecinos mostraron su rechazo hacia esta discriminación.

Varios vecinos de la localidad de Abenójar (Ciudad Real) han solicitado su baja de la Hermandad de la Virgen de la Encarnación, después de conocer que el Obispado de Ciudad Real exigió a la hermandad en agosto de 2007 la expulsión de María Rey, de 54 años, por su "conducta manifiestamente escandalosa", al celebrar en febrero del pasado año su boda civil con una mujer con la que llevaba compartiendo su vida más de quince años.

El obispo de Ciudad Real es Antonio Algora, de 67 años de edad y natural de la localidad zaragozana de la Vilueña, fue sacerdote diocesano de Madrid y rigió la diócesis de Teruel entre 1985 y 2003.

Algunos vecinos de la localidad acudieron a la romería de la Virgen de la Encarnación, que ayer se celebró en la localidad, con camisetas en las que se podía leer "Encarnación sin discriminación".

La ex presidenta de la hermandad, Benita Rey, explicó, en declaraciones a "La Tribuna", que al menos una decena de hermanos de la Cofradía de la Virgen de la Encarnación, que cuenta con unos 600 miembros, ha solicitado su baja en la misma como consecuencia de la exigencia de la expulsión de Rey por parte del Obispado.

María Rey expresó su emoción por el apoyo que sus vecinos de Abenójar le han expresado a lo largo de toda la jornada festiva. Su pareja, Dulce Fernández, lamentó lo que le está pasando a María e insistió en que el papel de la Iglesia debe ser "unir, y no separar".

"No discriminar"

Durante la celebración de la Romería, algunas amigas de María mostraron su rechazo a la decisión del obispado. Juana González declaró que con esta decisión la Iglesia pretende "señalar con el dedo a María" y lamentó que sus responsables "no vayan a ser capaces de dar marcha atrás". Por su parte, Benita Rey, que abandonó el cargo de presidenta de la hermandad al conocer la noticia de la expulsión, manifestó que las cofradías "no tienen que servir ni para discriminar ni para juzgar a las personas, sino para acercar a la gente a la Iglesia".

A la exclusión de María Rey de la Hermandad de la Encarnación, a la que pertenecía por tradición familiar desde su nacimiento, se suma que la cofradía tampoco ha permitido este año ser Hermana Mayor a una mujer divorciada.

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