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HERALDO ABIERTO

El barrio de Vadorrey reclama unos "retoques"

Varios vecinos de este barrio zaragozano piden que se remate el proyecto del reloj solar (que debía haber estado listo hace dos meses), se termine la rampa de acceso a la plaza del Tiempo y se acondicione la misma.

Andrés, Alicia y Pablo, delante del mástil del reloj solar. A la derecha, las escaleras que piden retirar.
El barrio de Vadorrey reclama unos "retoques"
ESTHER CASAS

El sol todavía no marca las horas en el zaragozano barrio de Vadorrey. El proyecto del reloj solar más grande del mundo (cuya terminación estaba prevista para junio) sigue, por el momento, paralizado. Es una víctima más de la crisis económica. "Se ha cumplido la primera fase (la construcción de las escaleras y la rampa de acceso a la plaza del Tiempo, donde se encuentra el reloj, y la colocación del mástil) y está estipulado que en ocho meses se finalice la obra", explica Pablo Polo, miembro de la Asociación de Vecinos de Vadorrey.

"La Junta de Distrito nos mantiene al día, y estamos informados del retraso, aunque no nos consuela. Entendemos que hay otras prioridades en la ciudad, pero queremos que nos tengan en mente y no se olviden de nosotros", pide Polo, quien añade que universidades de Estados Unidos, Canadá y Japón se han interesado en venir a ver el reloj solar en cuanto esté terminado. "Sin duda, traerá muchos beneficios a la ciudad", asegura.

La rampa que conecta la avenida de Marqués de la Cadena y la plaza del Tiempo forma parte del propio reloj solar, ya que la sombra proyectada por el mástil marca el mediodía cuando esta se superpone sobre ella. Pero no cumple su función más práctica para el ciudadano, ya que no es del todo accesible. Cuando una persona baja hasta la plaza, se encuentra con un suelo de gravilla que dificulta el paso. "Por aquí no pueden pasar ni sillas de ruedas ni mamás con carritos, e, incluso, las bicis tienen dificultades", cuenta Polo.

La gravilla se colocó para la pasada Cincomarzada, celebrada en el parque de Oriente, anexo a la plaza. "Antes, el suelo era de tierra, y cuando llovía se montaba un barrizal...", recuerda Pablo. Pero la alternativa, esa gravilla, no satisface tampoco a los vecinos, como Alicia Morte, que cuenta que prefiere dar un rodeo antes que cruzar la plaza. "Al final, tardo menos", indica.

Otra de las reclamaciones de la asociacion de vecinos es que se retiren las escaleras metálicas que conectan con el puente de la Unión porque, ahora que está construida la de hormigón y acero inoxidable, aquellas "solo pueden dar disgustos", insiste Polo.

"Incluso, el Ayuntamiento ha confirmado que no son seguras, porque durante la Cincomarzada se precintaron para que no se usaran", concreta. No obstante, la mayoría de los vecinos utilizan las viejas cuando bajan del autobús, cuya parada se encuentra frente a dichas escaleras.

Una parada de autobús

Para Polo, el barrio tiene otra carencia que requiere una solución más urgente. La parada de autobús del 44, 45 y Ci2 en el puente de la Unión (enfrente de las escaleras) no tiene su equivalente al otro lado de la avenida, lo que obliga a los ciudadanos a bajar hasta las piscinas, a casi medio kilómetro. "El problema es que, cuando ven que viene el autobus, se echan a correr y cruzan la avenida (de seis carriles), con el peligro de que los conductores no los vean", señala. Según apunta Polo, el problema se solucionaría colocando unos pasos de cebra o trasladando la parada

Con todo, estos vecinos se declaran "unos enamorados del barrio", que ha sufrido una gran transformación en apenas cinco años. "Solo le hacen falta unos pequeños retoques, pero estamos muy contentos con la atención que nos dan desde la Junta. Esperemos que siga siendo así y no se olviden de nuestras peticiones", subraya Polo.

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