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Una acera que desaparece de repente

Enrique Bernal evidencia que la acera en el paseo de Renovales se corta a la altura de la entrada de coches al colegio Marianistas, en Zaragoza, y el peatón debe invadir la calzada, lo que entraña cierto peligro.

Un corredor invade la calzada para continuar su camino
Una acera que desaparece de repente
ENRIQUE BERNAL

Enrique Bernal sale habitualmente a correr por el paseo de Renovales, en Zaragoza, un camino en el que el peatón es el protagonista hasta que, de repente, la acera se corta en un tramo y el ciudadano debe invadir la calzada, lo que entraña cierto peligro.

Este deportista recorre a menudo esta zona de la ciudad, “igual que muchos otros que van corriendo o simplemente paseando”. Según cuenta, desde el parque Primo de Rivera, en dirección a la Fuente de la Junquera, la acera desaparece a la altura de la entrada de coches al colegio Marianistas.

Para este lector, “es algo lógico, puesto que en ese punto está la entrada a una calle” que permite el paso de vehículos. Sin embargo, el problema está en que “a continuación ya no sigue la acera, sino que han hecho un cortado con unos maderos, a modo de valla, que te impide seguir”.

De manera que, para continuar caminando en la misma dirección, “debes bajarte a la calzada, invadir parte de un paso de cebra y seguir”. “Te encuentras de pronto –asegura Bernal- con que para avanzar debes compartir un espacio con los vehículos” (tal y como se aprecia en la fotografía que ha remitido).

En cuanto al paso de cebra que se ve en la imagen, Enrique Bernal menciona que “no vale para nada” porque “los coches no lo respetan”. Máxime si la persona no tiene intención de cruzar sino solo de continuar su camino.

Las obras del tramo que discurre entre el paseo de Renovales y el colegio Marianistas finalizaron en septiembre de 2005. Esta intervención permitió ganar una nueva calle para el ciudadano. “Desde que arreglaron este paseo que, por cierto dejaron precioso, hicieron esta chapuza. Si no lo mejoran, alguna vez habrá una desgracia”. En concreto, afirma que “yo he visto más de un percance aunque, afortunadamente, no tuvo consecuencias”.

Fuentes del Área de Infraestructuras del Ayuntamiento de Zaragoza aclararon que cuando se realizó la obra se encontraron con el problema de que la rampa de bajada a Marianistas es servidumbre de paso y, además, es una pendiente muy pronunciada. Técnicamente, cuentan, era muy complicado darle continuidad a la acera y se optó por dejarlo como está ahora. Sin embargo, adelantaron que técnicos municipales están estudiando posibles soluciones para arreglar esta deficiencia en un futuro.


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