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MODA

Un toque francés recala en Sevilla de la mano de Nicolás Vaudelet

Presentó ayer en Cibeles su colección, mezcla de modernidad y tradición andaluza

La tradición andaluza y su pasado árabe teñidos de modernidad. Este es el espíritu que trata de infundir el francés Nicolás Vaudelet, un diseñador joven que ha trabajado ya con los grandes de la moda, a la firma sevillana El Caballo. Un sello añejo, que empezó trabajando en 1892 para los aperos de la labranza, saltó a los utensilios de la hípica, se especializó con éxito en zapatería, para dar después el salto al diseño de ropa. Vaudelet dejó su impronta en la penúltima jornada de Cibeles Madrid Fashion Week, que cerró ayer los desfiles de los creadores asentados para dedicar el viernes a los rupturistas.

Vaudelet, bretón de 31 años, se ha enamorado de Sevilla. Vive al lado de la Giralda y ya se ha permitido ejercer de anfitrión para su amigo Gaultier. El Caballo le ha fichado para llevar a cabo una ambiciosa estrategia de renovación de la firma, y el francés ha buceado en el pasado andaluz y en la herencia árabe para inspirar su nueva creación. Concretamente, cita al rey poeta Al Mu'tamid en su exilio de Marrakech. ¿Y cómo se traduce en la ropa? Hay prendas de mucho colorido, especialmente el azulón mudéjar para vestidos ligeros, algunos rematados con cinturón de cuero; estampados con rosas para suaves blusas, mezclas de amarillos y verdes... También capas moriscas o túnicas chilabas muy actualizadas. Un fino cuero enrejado se mezcla con la organza para fabricar un llamativo vestido largo que cerró el desfile.

Inspiración oriental

Vaudelet compartió pasarela en la mañana con la leonesa María Lafuente, muy inspirada en lo oriental. Presentó vestidos globo, otros con mucho volumen aunque de tejidos vaporosos, la mayoría en blanco y tonos pastel, con especial hincapié en serigrafías estampadas a mano.

La visión andaluza de la cordobesa Juana Martín es muy distinta. La diseñadora, que empezó con mucho volante de bata de cola, busca inspiración en los clásicos europeos, mira los sesenta para diseñar vestidos cortos y rectos, e introduce la rafia trabajada como prenda estrella.

Los catalanes tuvieron ayer destacada presencia. Sita Murt, especialista en punto, sigue profundizando ahora en las propuestas de tela, en una colección muy juvenil, de modernas niñas bien dentro de lo políticamente correcto. La actriz Gala Évora, que dio vida a Lola Flores en la película sobre la artista, se encargó de cerrar el pase con una de sus propuestas en rosa fuerte y juego de volúmenes.

La firma El Delgado Buil, también barcelonesa, representa lo más rompedor. Las dos jóvenes creadores que impulsan la marca, premiadas dos veces en Cibeles, se inspiraran en las típicas piezas de porcelana para crear unos estampados sutiles (seda, algodón, viscosa) para hombre y mujer, vaporosos y amplios, con un corte años ochenta.

En la ruptura con la tradición también se emplea Krizia Robustella, joven holandesa afincada en Barcelona que se fija en el mundo canino. El bilbaíno Carlos Díez, en su primer desfile en solitario en Cibeles, se empeñó en dar una vuelta de tuerca a la ropa deportiva, creando unas polainas que pueden servir de continuidad de las zapatillas de deporte.

La experimentación con las nuevas técnicas aplicadas al baño fue la nota dominante de las dos diseñadoras que cerraron la cuarta jornada: Guillermina Baeza y Dolores Cortés.

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