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CONTRAPORTADA

Un literato en comisaría

El inspector de policía turolense Sebastián Roa acaba de publicar su tercer libro, 'Venganza de sangre', con la historia de Aragón como trasfondo.

Sebastián luce, orgulloso, su premio literario.
Un literato en comisaría
S. R.

Su propia biografía daría para un libro. O para una peli, de esas de cine negro, en la que un escritor se mete a investigar, de noche, delitos cometidos en su ciudad para terminar una novela. Solo que lo de este turolense es justo al revés. De profesión, inspector policial. Concretamente, responsable del grupo de bandas latinoamericanas de la Jefatura Superior de Valencia. Y ¿a qué dedica el tiempo libre? A escribir.

Sebastián Roa acaba de publicar su tercera novela, 'Venganza de sangre', que encima viene con premio: el de la Comarca del Cinca Medio que le concedieron el pasado verano. Y, aunque pueda parecer extraño, no es el primero que emborrona cuartillas tras llegar de comisaría. «Un inspector jefe valenciano ganó el Nadal en 1986. Y en distintas comisarías hay concursos de relatos con gran éxito de participación», cuenta Sebastián. «Choca, porque no se conoce a los policías que publican, pero no es tan raro. Y mis compañeros me apoyan y se leen los libros», añade.

Su afición no viene de lejos ni ha sido en el pasado un ferviente literato. Comenzó a probar suerte en 2004 y, desde entonces, ha publicado tres novelas y prepara una nueva. Y eso sin tener excesivo tiempo libre. «Cuando me pongo, escribo deprisa, pero llevo mal compaginar las dos cosas. Me gusta mi trabajo me gusta, pero es muy absorbente y tengo que estar continuamente pendiente del teléfono», se escuda. Sin embargo, admite que le ha dado soltura a la hora de coger el boli y el papel. «Escribo mucho: atestados, diligencias? En realidad, es una forma de contarle una historia al juez para que sepa lo que ha ocurrido y ayuda a ordenar y encadenar ideas», considera.

Lo curioso de su prosa es que no cultiva la novela policiaca, que ni siquiera sigue, sino la histórica, haciendo bueno el dicho de lo que hay en casa del herrero. «Me han dado mucho la tabarra sobre eso y me tienen medio convencido para probar. Pero es que llego de trabajar y no me apetece escribir de lo mismo. En cualquier caso, no lo descarto, porque ya tengo el trabajo de documentación hecho», afirma. No le ha pasado lo mismo en sus anteriores proyectos. Al desempolvar distintos pasajes de la Historia, se ha pegado horas investigando y buscando datos de personajes y épocas. «Normalmente, aprovecho las vacaciones de verano para visitar archivos y bibliotecas. Cuando dices que vas a documentarte para un libro, todo el mundo se vuelca. Pero tienes que ir con una idea muy concreta de lo que quieres», explica.

Su pasión por la Historia sí que viene de lejos. Y, en concreto, le interesa la de Aragón. «De pequeño, en el instituto, se estudiaba mucho, pero se centraban en Castilla, Pelayo, el Cid? Estoy un poco picado con el desplazamiento del centralismo a la periferia catalana y me interesaba profundizar en nuestro pasado y sacarme la espinita de los olvidos y errores que se producen con la comunidad», dice, haciendo patria.

Es más, el libro que acaba de lanzar tiene como trasfondo la expansión por el Mediterráneo de la corona de Aragón, en el primer cuarto del siglo XIV. «En ese panorama, un niño es adoptado por una familia aragonesa y su padre le inculca la venganza de sangre, por las ofensas que recibió. Pero su vida transcurre por otros derroteros y él lo único que busca es la felicidad», resume el autor. Y, para 'aragonesizar' más si cabe la trama, José Luis Corral se ha encargado de hacerle el prólogo. Toda una sorpresa para el propio escritor. «Mis editores le enviaron un manuscrito y él mismo se ofreció a prologarme. Soy seguidor de su trabajo, y tengo ganas de conocerle para agradecérselo personalmente. Para mí es todo un honor», agradece Sebastián.

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