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CONTRAPORTADA

Un campeón con una vida de perros

Rubén Fernández logró ser el mejor adiestrador de España, un torneo al que volverá a presentarse con un nuevo can. Debe su afición a su abuelo, que adiestraba perros para empresas de seguridad.

Rubén y Rayo, amigos y pareja artística
Un campeón con una vida de perros
OLIVER DUCH

Para algunos, llevar una vida muy perra no es negativo. Y ahí está Rubén Fernández para dar fe. Este zaragozano ha tenido perros de las mil y una razas y su pasión por los animales le llevó a competir, ya hace casi diez años, en el campeonato de España de adiestramiento canino deportivo. Y no solo participó, sino que lo ganó en dos de las cuatro ocasiones que se presentó, en 2002 y 2005.

Años después, alejado de la primera línea, está entrenando un nuevo can para reverdecer laureles. Y aunque aún le quedan fases de la instrucción, su imponente pastor alemán, Rayo, le acompaña allá dónde va y le hace caso a todas sus órdenes. «La afición me viene de mi abuelo, que adiestraba perros para empresas de seguridad.

Así que, desde crío, siempre he tenido perro. Y, hace ya doce años, me dio por adiestrar», cuenta Rubén. Una labor que, afirma, requiere tiempo y paciencia. «El perro funciona a base de instintos y se trata de encauzarlos. Vas a hacer que se siente o se tumbe en función de un premio. Pero nunca hay que castigarle, hay que conectar con él», cuenta el experto. Y esto no solo se aplica al perro que va a competir, sino a cualquiera al que se pretenda educar.

Él lo sabe bien. De hecho, tenía a su anterior animal tan instruido que logró subirlo al podio. Y no era sencillo: tenía que lograr la mejor nota en tres disciplinas: rastreo, obediencia y protección, tratando de que siguiera los pasos de una persona, hiciera ejercicios y localizara a un presunto malhechor al que debía ladrar o morder según la orden pertinente. Logró la primera posición dos veces y en el campeonato mundial llegó a situarse entre los veinte primeros.

Sin embargo, este perro murió y a Rubén no le quedaron más ganas de volverse a presentar. «Lo pasas fatal. Para mí, ese siempre será mi perro, porque yo tenía un sueño y lo cumplí con él», dice, con pesar. Y eso que el animalico era un rottweiler, una raza con mala prensa. «A mí fue el perro que mejor me ha tratado. El problema es que se puso de moda y se empezaron a criar como pollos porque daban dinero. Y hubo gente que no se preocupó de la selección de la raza. También es importante cómo es el dueño de ese animal», justifica Rubén.

Él lo compró en Alemania, y se aseguró muy mucho de que estuviera en perfectas condiciones. Entre otras cosas, porque, en un torneo, los canes no pueden mostrar agresividad. «Solo se pude competir con perros especiales, con unas cualidades determinadas.

Empiezas a entrenarlos cuando tiene un año y hasta los cuatro no debutan. Y, a los siete, ya no pueden concursar por sus condiciones físicas». Un trabajo arduo para una corta vida de competición. «La satisfacción es más personal que económica», resume Rubén.

Quizá por ello, en 2005, cerró capítulo. Montó una empresa de adiestramiento a domicilio, instintocan.com, y se dedicó a preparar a los perros de los demás, tanto de particulares como de compañías de seguridad.

Hasta hoy, que ya trabaja con Rayo. Un animal que volvió a encontrar en Alemania, donde, según cuenta, es donde más afición existe y más mercado. «¿Qué busco? Que sus instintos de presa o supervivencia estén muy desarrollados y que físicamente se encuentren bien.

Y eso cuesta dinero. Si un cachorro de calidad ya cuesta mil euros, imagínate…», dice, sin soltar prenda de lo que ha invertido en Rayo. «Si salgo otra vez al ruedo, es para hacerlo bien», se escuda. Y en ello está, al estilo del programa de Cuatro que ha dado fama al adiestramiento y al que de vez en cuando le echa un vistazo. Como su presentador, a Rubén también puede considerársele todo un ‘Encantador de perros’.

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