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GASTRONOMÍA

Tradición, nueva cocina y producto

En la ciudad sede de la Expo 2008 hay restaurantes para todos los gustos y asequibles a todos los bolsillos. Los establecimientos punteros, en cuanto a alta gastronomía se refiere, siguen trabajando por situar la oferta culinaria en lo más alto sin ninguna clase de complejos, a pesar de tener la espina clavada de no contar con ningún restaurante con estrellas Michelin.

Sin embargo, sí que hay un abanico de restaurantes muy bien puntuados en la mayoría de las guías, como El Cachirulo, en la autovía de Logroño, donde el equipo de cocina que lidera Víctor Marta practica una cocina aragonesa renovada con sólidas bases en la rica tradición gastronómica de esta tierra. Muy cerca de este se encuentra el Gayarre, en la carretera del Aeropuerto, donde las verduras y otros productos autóctonos sirven de base para la cocina seria y coherente que practica Miguel Ángel Revuelto.

Ya en el centro de la ciudad, La Granada, propiedad del chef oscense Carmelo Bosque, quien sí cuenta con una estrella Michelin en su establecimiento de Huesca, el Lillas Pastia, es visita obligada para quienes se quieran llevar una idea de la alta cocina aragonesa más innovadora y que trabaja sin complejos sobre el más puro recetario tradicional. Bosque ha renovado la carta en profundidad para que quienes nos visitan se lleven un sabroso recuerdo de unas borrajas o de un guiso a la chilindrón.

Próximo a La Granada, encontramos La Ontina, en el Gran Hotel, donde el equipo que lideran Enrique Martínez y Ramiro Sánchez -quienes también se responsabilizan del restaurante del pabellón de España en la Expo- siempre dejan satisfechos a quienes les visitan. Interesantes son igualmente los platos de las cartas del Aragonia Paradís (en el hotel Palafox), en el que destaca su bien surtida bodega, y de La Mar, en plena plaza de Aragón.

Otros establecimientos muy recomendables son El Chalet, cerca de la céntrica plaza de San Francisco -constante renovación de la carta de temporada gracias a la inquietud de Ángel Conde y Orlando Tobajas-, y Entrebastidores, donde los cocineros David Añaños y Cristina Palacio hacen una cocina imaginativa y rompedora, aunque muy respetuosa con el producto.

A las orillas del Ebro se encuentra el restaurante La Bastilla, ubicado en un edificio histórico catalogado -antiguos graneros del convento del Santo Sepulcro, del siglo XIII-, en cuyos fogones ejerce el chef José Ignacio Acirón, siempre atento a las nuevas tendencias de vanguardia, que adapta perfectamente a los cánones de la cocina aragonesa. Acirón es responsable también del restaurante del pabellón de Aragón en la Expo.

Otro restaurante que sobresale en todas las guías y que tiene una larga trayectoria es La Matilde, donde los hermanos Luis y Pepe Puyuelo -como maître y sumiller, respectivamente- y su sobrino Iván en la cocina, forman un equipo que funciona a la perfección, para gozo del cliente.

Merecidas son las calificaciones que obtienen en las guías en los últimos años los restaurantes El Campo del Toro -decoración y parte de su oferta culinaria muy propias de su ubicación, junto a la plaza de toros de la Misericordia-, Pantxica Orio y Txalupa -en sus cartas hay platos de pescado que hacen honor al origen de sus denominaciones-, Goyesco -cocina tradicional con algunos toques de modernidad-, La Prensa -carta acorde con la completa oferta de vinos, en el barrio de San José- y Antonio, un restaurante familiar con terraza bien atendida, en estos meses de buen tiempo, en la concurrida plaza de San Pedro Nolasco.

Junto a estos establecimientos, hay otros locales que, pese a no aparecer con altas puntuaciones en las guías al uso, ofrecen una gastronomía y un servicio dignos de tenerse en cuenta y con una relación calidad precio muy aceptable. Sobresalen en el casco antiguo La Val d`Onsera, con una decoración y una oferta gastronómica que llaman la atención, y Montal, con un marco digno de la calidad de su carta de platos. Cerca de allí están Mediterrania (platos originarios de los países bañados por el mar que le da nombre), La Despensa, Hermógenes y Palomeque.

En la misma línea, cabe citar restaurantes como La Scala, Bole, Don Pascual, Cómocomo, Los Delfines, La Jamonería, El Asador de Aranda, Las Lanzas, El Bearn, Parrilla Albarracín, Rogelio's, Mesón Martín, 24 kilates, Sakura, La Sidrería, Il Pasticcio o Torrejón, con distintos estilos culinarios y situados en diferentes puntos de la ciudad.

Una escapada a Huesca

Para quienes buscan las mejores mesas en sus viajes y no les importe hacer unos kilómetros más, es imprescindible una escapada hasta la capital oscense para conocer la rica gastronomía que se está haciendo allí, reconocida con sendas estrellas Michelin a los restaurantes Lillas Pastia y Las Torres. Tan recomendable como estos establecimientos es La Venta del Sotón, en Esquedas, muy cerca de Huesca.

En el camino de Zaragoza hacia Huesca está otro establecimiento que, por su oferta gastronómica y surtida bodega, bien merece una visita. Se trata del restaurante La Val d'Onsella, en el complejo hostelero Sella, de Villanueva de Gállego, en el que destacan algunas creaciones basadas en los mejores productos autóctonos.

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