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Sociedad
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MANUEL UREÑA

"La sociedad puede evolucionar; el cristianismo, no"

Ha sido testigo de la segunda visita del Papa a España, tanto en la catedral de Santiago como en la consagración de la Sagrada Familia.

Manuel Ureña, en la sede del Arzobispado.
"La sociedad puede evolucionar; el cristianismo, no"
OLIVER DUCH

Tras un fin de semana "agotador", primero en Santiago y después en Barcelona, Manuel Ureña se muestra feliz por haber podido estar presente en dos actos, a su juicio, de gran trascendencia, y por haber estado cerca del Papa en su segunda visita a España, a la que se refirió como "patria de grandes santos". El arzobispo declinó valorar la ausencia del presidente del Gobierno en los actos centrales y aseguró que son la cultura y la sociedad los que deben cambiar al contacto con el Evangelio.

Aunque la agenda del Papa estuvo muy ajustada, ¿se encontró con él o pudieron hablar en algún momento?

Pese a que para mí habría sido una satisfacción personal enorme, estos son momentos que, con una agenda tan apretada, no se pueden tener. Es muy difícil estrecharle la mano al Papa, yo mismo no pude hacerlo. También influye dónde te coloque el protocolo. En la Sagrada Familia yo estaba situado en primera fila, y me las prometía muy felices porque iba a ver pasar al Papa por mi lado. Pero cuando llegó, lo hizo rodeado de más séquito eclesiástico del que se esperaba y no todos tenían sillas, así que yo cedí la mía y me senté atrás, junto a otros sacerdotes.

¿Tampoco pudo hablar con él durante la comida en el palacio arzobispal de Barcelona?

Llegué un poco tarde porque antes tuve que pasar por el hotel, así que, cuando me presenté en el arzobispado, la sala donde estaba la mesa del Papa ya estaba llena. En el vestíbulo habían habilitado un par de mesas, y allí me quedé. Estaba sentado Georg Gänswein, el secretario personal del Papa, y cuál fue mi sorpresa cuando después apareció Elías Yanes. Nos dimos un gran abrazo al vernos. También estaban los obispos de Palencia y Tarrasa, y Carmelo Borobia, exobispo de Tarazona. Además, el Papa tuvo que marcharse pronto a la fundación Niño Dios y se despidió de todos, en general, antes de que acabara la comida.

¿Hablaron de los bienes de la Franja durante la misma?

No se sacó el tema. Si solo hubiéramos estado aragoneses en la mesa, por supuesto que habríamos hablado de ello. Pero había cinco personas que no tenían nada que ver con ello.

¿Se encontraron los obispos de Lérida y Barbastro?

Igual había cien obispos en la comida, y la precipitación de los acontecimientos, que se suceden de un modo mecánico, no da para conversar demasiado. Apenas unos saludos. De todos modos, tengo que desmentir que ellos estén enfadados o enfrentados entre sí. A ellos les une más que lo que les separa. Además, ahora que hay sentencias firmes sobre a quién pertenecen los bienes, solo queda aceptar.

Mientras usted estaba en Barcelona, en Zaragoza miles de personas clamaban por la devolución de esos bienes.

El hecho de que hubiera un grupo tan amplio de aragoneses dispuestos a unirse a la causa y a la reivindicación me emociona, y lo agradezco muchísimo.

En cinco años de Pontificado, Benedicto XVI ha venido ya dos veces a España y se le espera de nuevo para dentro de unos meses. ¿Tiene alguna querencia especial hacia España?

Sus visitas obedecen a factores objetivos. En 2006 asistió al V Encuentro Mundial de las Familias. Ahora ha visitado Santiago porque 2010 es Año Jacobeo y él no había estado nunca en la ciudad, mientras que Juan Pablo II vino por lo menos dos veces. Teniendo en cuenta que el Papa ya tiene 83 años y que el próximo Año Santo se celebrará dentro de 12... Además, el domingo consagró la Sagrada Familia, un acontecimiento mundial.

Y el próximo mes de julio se celebra la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid.

Que es otra razón objetiva para viajar. Otra cosa es lo que España es en sí. "Es la patria de grandes santos", aseguró el Papa. España siempre se ha caracterizado, desde sus mismas raíces, por ser un lugar de fe.

Entonces, ¿han sido sus palabras sobre el anticlericalismo una especie de tirón de orejas?

Ni el Papa, ni los obispos, ni los sacerdotes dan tirones de orejas. Los da el propio Cristo. Y todo el mundo necesita uno de vez en cuando. Benedicto XVI ha venido a España a anunciar la doctrina cristiana, y la palabra del Papa siempre tiene doble filo: por un lado saja, para sacar el mal de raíz, y por el otro cura. A la sociedad le hace falta ser sajada por la palabra de Dios, que saque de nosotros el mal.

Pero la polémica que se ha creado en torno a sus declaraciones es grande.

Creo que se sacan las cosas de quicio. El Papa sabe qué decir en temas concretos, no solo a España, también a Europa. Juan Pablo II ya hablaba de la nueva evangelización dirigida a los países de la vieja cristiandad, los que fueron norte y guía de la fe cristiana. Con el paso del tiempo y la evolución de las ideas esos países que fueron guía del mundo han perdido la fe, y el hombre, sin fe, muere.

¿Y no debería la Iglesia adaptarse también a estos cambios, a esta evolución de las ideas?

No. Es la cultura la que tiene que cambiar al contacto con el Evangelio. El hombre va evolucionando y el cristianismo debería evolucionar a lo largo del tiempo. Sí. Eso estaría muy bien si el cristianismo fuera una forma de cultura. Pero es que el cristianismo es la entrada de Dios en la historia del hombre, y no puede dejarse cambiar por la historia, porque no es un elemento de la historia. La sociedad puede evolucionar lo que quiera, pero el cristianismo no.

¿Qué opinión le merece la ausencia del presidente del Gobierno en los actos centrales de la visita?

Yo no estoy dentro de la conciencia del presidente del Gobierno. Si él realiza unos determinados actos, el alcance de los mismos solo los conoce él. No emitiré ningún juicio sobre este tema.

¿Qué le pareció la Sagrada Familia por dentro?

Quedé totalmente admirado. Es una experiencia estética de primer orden. Juan Pablo II dijo que una fe que no se hace cultura es una fe manca. La visión de ese templo es como estar a las puertas del cielo. Además, tengo que reseñar que la humanidad no habría disfrutado nunca de la Sagrada Familia sin la fe cristiana ni la fe de Antonio Gaudí. Menos mal que Gaudí fue un creyente.

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