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Sociedad

RELIGIÓN

Rouco Varela medita recuperar el liderato en el Episcopado español

Algunos sectores no descartan que el cardenal de Madrid utilice un "tapado" para asumir el mando de la jerarquía eclesiástica.

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que se iniciará el lunes 3 de marzo será una de las más trascendentales de la historia reciente de la jerarquía eclesiástica. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, no descarta volver a reconquistar el liderazgo del Episcopado, en el que ya ostentó el mando durante dos trienios consecutivos (1999-2005) hasta que, en las últimas elecciones, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, se alzó de manera sorprendente como nuevo presidente de la cúpula católica.

Pero Rouco está meditando y planteándose muy seriamente si esta sería la mejor opción a título personal o para el futuro de la CEE y las relaciones con el Gobierno si el PSOE volviera a revalidar su triunfo en las elecciones del 9-M. La impresión detectada en fuentes episcopales es que Rouco, de dar un paso adelante, se erigiría de nuevo en la cabeza visible de la Iglesia, si bien algunos sectores no descartan que, en el último momento, el cardenal de Madrid opte por que se presente como candidato a la presidencia un "tapado" con el que mantenga excelentes relaciones.

Estos sectores apuntan a Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Oviedo y miembro del Comité Ejecutivo y de la Comisión Permanente de la CEE, un "hombre de Rouco" al que le une una vinculación estrecha. Osoro coparía la "tercera vía" entre los denominados "duros", con los que se adscribe a Rouco, y los "moderados", en los que se sitúa a Blázquez. Respondería al perfil del líder de la Iglesia Católica española con capacidad negociadora para poder entenderse con cualquier Ejecutivo, fuese del PSOE o del PP.

Si Rouco da el paso, es favorito

Sería la sorpresa de las elecciones en la Casa de la Iglesia, ubicada en la madrileña calle Añastro, aunque los indicios, siempre susceptibles de variar hasta el último momento, apuntan a que Rouco parece estar preparado para tomar de nuevo la vara de mando de la Iglesia, con independencia de que el PSOE vuelva a ganar las elecciones generales.

La cúpula católica, más allá de quien consiga el triunfo en los comicios del 9-M, optó sin fisuras por mantener sus "tempos" y celebrar las elecciones a la presidencia episcopal cuando estaba previsto, escasos días antes de conocerse si Zapatero saldrá reelegido o no como presidente del Gobierno. Nunca se planteó formalmente, y mucho menos se votó, la idoneidad de atrasar las elecciones del Episcopado para actuar en función del partido que gane los comicios generales. Si acaso, alguna voz lo aireó de pasada en la última plenaria, pero ni siquiera llegó a plantearse como debate de fondo. "Nosotros tenemos nuestros tiempos y no tienen nada que ver con la política", fue la rúbrica sellada por la inmensa mayoría de los obispos de la Asamblea Plenaria.

Si Rouco da finalmente el paso, parte como aparente favorito frente a la candidatura del presidente saliente, Blázquez. Se reconoce al obispo de Bilbao que ha sido un hombre de consenso, más partidario de una acción colegiada de la jerarquía católica y que ha amortiguado en lo posible las tensas relaciones mantenidas con el Ejecutivo socialista. Aún así, un sector nada desdeñable de la jerarquía eclesiástica cree que no ha ganado "peso específico" durante su gestión, en la que, quizá, su excesiva moderación ha dado una impresión de escasa raigambre con las fuertes convicciones que el Episcopado quiere transmitir a su feligresía y, por extensión, a la sociedad.

Es decir, su talante dialogante puede interpretarse como una virtud, pero también como una ausencia de la impronta necesaria para frenar, o cuando menos denunciar, de manera clara y ostensible los excesos achacados al Gobierno de Zapatero por el sector más conservador del Episcopado. Desde la legislación de los matrimonios homosexuales y del divorcio "exprés" hasta la creación de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía y las posibles nuevas regulaciones del aborto y la eutanasia en una próxima legislatura, pasando por la rechazada negociación con ETA, reflejada en la polémica nota de la Comisión Permanente de los obispos de finales de enero.

No es que Blázquez no haya compartido el sentir último de estas denuncias de la cúpula eclesiástica, que ha respaldado, pero nunca ha llegado a los extremos a los que sí han llegado Rouco y el cardenal arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco. El obispo de Bilbao se ha caracterizado siempre por unas formas más suaves, proclive a tender puentes y a reconducir, en lo posible, el diálogo.

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