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¿Qué pasa con la ropa sucia del Miguel Servet?

En el subsuelo del Miguel Servet se levanta una lavandería por la que pasan las sábanas y batas sanitarias de los hospitales de Calatayud, Jaca, San Jorge, el de Teruel, el Provincial, el Servet y 21 centros de salud.

Zona de limpio: secado, planchado y plegado. Una vez limpia la ropa, los trabajadores la colocan en unas máquinas que la secan, planchan y pliegan. Solo con algunas prendas determinadas, como las batas quirúrgicas o los pijamas de bebés, el proceso es man
¿Qué pasa con la ropa sucia del Servet
ZTV

La ‘gran colada’. En el Hospital Miguel Servet se encuentra la lavandería hospitalaria más grande de todo Aragón. Por ella pasan cada día unos 14.000 kilos de ropa sucia procedentes de los hospitales zaragozanos Miguel Servet y Provincial, el San Jorge (en Huesca), el de Jaca, el de Calatayud, el de Teruel y los 21 centros de salud dependientes del Miguel Servet. Unas cien personas, repartidas en dos turnos, hacen posible que la Sanidad aragonesa no se detenga.

Las sábanas, las toallas, las batas sanitarias, la ropa de quirófano y los pijamas infantiles no llegan por arte de magia a los armarios de los hospitales. Detrás de todas ellas hay un numeroso equipo de personas que se encarga de esterilizar y hacer toda esta ‘gran colada’.

La lavandería lleva funcionando desde hace seis años y no se ha detenido desde entonces. “Empezamos con un volumen de 6.000 kilos diarios, ahora hacemos unos 14.000 de media, y no descartamos ampliarlo en un futuro. En agosto esperamos llegar a las 20.000 toneladas de ropa”, cuenta Ángel Peñalver, subdirector de Asuntos Generales y encargado de toda esta maquinaria humana desde junio de 2004. “Parece fácil, pero hay que controlar hasta el más mínimo detalle. Aquí nos entran entre 20 y 25 clases de prenda distintas. Cada una necesita una dosificación diferente, un cantidad de cloro, de agua oxigenada... no es lo mismo lavar la ropa verde (de quirófano) que los pijamas de bebés”, apunta Peñalver, que asegura que desde que se puso en marcha esta lavandería, el Servet nunca ha necesitado recurrir a la empresa privada. “Hay meses más fuertes, curiosamente, salvo este año, siempre han sido marzo y octubre”, dice.

A las 7.00, arrancan las máquinas

Solo el Miguel Servet necesita ocho toneladas diarias de ropa limpia.A las 7.00, comienza el primer turno. El primer paso es separar la ropa, que llega en grandes sacos de plástico. En principio, se lava todo lo que entra, salvo que esté infectado con parásitos. “Esa va directamente a la basura”, subraya Peñalver. Carmen y Ángela se encargan de catalogar la ropa, que previamente otros compañeros han colocado en una cinta transportadora. Hay diez grandes depósitos: ropa azul (de ciudados intensivos), verde (de quirófanos), sábanas, pijamas, almohadas, uniforme de personal, ropa de niño, etc.

Cuando los depósitos están llenos, la ropa se mete automáticamente en unos grandes sacos que irán a parar a uno de los dos trenes de lavado que hay, cada uno de 200 kilos. “Cada túnel está compartimentado en diez pequeñas consignas, que constituye cada una de las fases de lavado, por ejemplo, remojo, enjabonado, centrifugado, suavizante o aclarado, entre otros”. Además, hay otra lavadora de menor tamaño (15 kilos) para la ropa delicada, como las almohadas, los uniformes de personal o la ropa de niño. Maribel Andrés vigila desde una sala de control que todos los programas de lavado funcionen a la perfección. Todo este proceso está automatizado.

Cada tres minutos puede caer un saco de unos 40 kilos de ropa al túnel de lavado, de forma que el programa completo dura alrededor de media hora. “Intentamos reciclar al máximo, de forma que el agua del último aclarado lo reutilizamos para el remojo de la siguiente tanda de ropa”, cuenta Peñalver. Al final del túnel hay una presa que quita casi toda el agua de la ropa.

En la zona limpia, Araceli Díaz recoge la ropa de bebé que ha salido de la lavadora. Otras compañeras hacen otro tanto con los pijamas, las sábanas y demás. También aquí todo está automatizado. “Hay dos túneles de planchado y secado que directamente seca los pijamas y uniformes de personal, los pliega y los apila. Otras máquinas hacen lo mismo con las sábanas y toallas. Lo único que no puede automatizarse es la ropa de bebé y los hules y batas quirúrgicas, porque necesitan un plegado especial”.

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