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LA CRÓNICA

"Que me den las gracias o un piso"

Iván Quintero, el niño que cantó junto a Andreas López el Gordo más alto de la historia, el 79250, no se cortó a la hora de pedir premio a la hora de repartir la suerte.

Fernando, Marcelo y Rufino (i-d), con sus trajes de chapas de refrescos, ceniceros y pesetas.
"Que me den las gracias o un piso"
ZIPI/EFE

Los grandes premios no madrugaron. En el salón de los sueños, la fortuna fue de menos a más. Comenzó su feliz reparto por los quintos premios a las 9.39 para llegar a un Gordo poco madrugador que viajó por toda la geografía española tras dos horas de espera y dejó la mayor parte -90%- en Barcelona. Fue para el 79250 y apareció a las 11.14.

Fue una cifra mágica -la más alta para el Gordo en la historia del sorteo navideño- que hacía realidad el sueño de unos pocos y dejaba a millones de jugadores felicitándose por gozar de salud.

Ocurrió en el abarrotado salón del Palacio de Congresos de Madrid, la nueva 'casa de la fortuna', que acogía por primera vez el sorteo más esperado del año. Un auditorio por el que pulularon una veintena de friquis veteranos, personajes estrafalarios y sin complejos que se disputaron, un año más, la atención de los medios.

Un sorteo caprichoso con un Gordo altísimo y remolón, un segundo bajísimo -00147- , la pirueta erótica del 69069 que se llevó un quinto y con el número 7 como el rey de la jornada: seis de los trece grandes premios comenzaron con este dígito.

Entre ellos el Gordo, ese envidiado 79250 que cantó Andreas López de Haro Villafranca, y su premio de tres millones de euros que gritó Iván Quintero Laureiro. Los dos críos son de Madrid, tienen 10 y 11 años. Las bolas las extrajeron dos hermanos, Andrea y Andrés Cruz Martínez, también madrileños de 11 y 12 años. Iván tenía la voz más ronca del cuarteto "de tanto entrenar". Su ronquera se acrecentó, ya que el chaval, que optó por peinarse para el sorteo con una atrevida cresta de aire 'punky', tuvo que repetir su feliz y millonario canto ante media docena de cámaras de televisión y otros tantos micrófonos de emisoras de radio. Se quedó con el apelativo de 'el niño de la cresta' y con gran desenvoltura pidió a los agraciados con el 79250 que se acordaran de él: "Que me den las gracias, por lo menos, o que me regalen un piso en Valencia", dijo.

El viejo salón de loterías de la calle de Guzmán el Bueno que acogía el sorteo desde 1963 se quedó pequeño y sus apenas 500 plazas han pasado a ser ahora casi 2.000. Muchas de ellas las ocuparon personas ataviadas con los más diversos y estrafalarios disfraces, de Doña Rogelia a Belén Esteban, pasando por abanderados, emplumados, endecimados o enmonedados. La mayoría, habituales de este evento mediático al que acuden cada año en busca de unos fugaces segundo de fama.

Enrique Vilches lleva doce años viajando desde Cebreros (Ávila) cada 22 de diciembre. Este octogenario optó esta años por disfrazarse de Belén Esteban. "A ver si tengo su misma potra", dijo.

Marcelo, Rufino y Fernando fueron sin duda el trío más llamativo. Sus coloristas disfraces estaban hechos con ceniceros, tapones de zumos y monedas de las extintas pesetas. Los diseña Marcelo, un simpático octogenario originario de Cuenca que lleva desde 1979 "innovando cada año".

El primero fue el de las pesetas, que ayer lucía Rufino y que fue creado a primeros de los ochenta. Fernando Gracia lucía el de la chapas de refrescos, y Marcelo se engalanó con chaqueta, falda, pantalón, sombrero y zapatillas cuajadas de abalorios y ceniceros del Real Madrid. "Como ya no se va a poder fumar...", explica risueño.

La rueda de la fortuna se había puesto en marcha con retraso, a las 9.19, con Alba Corbacho y Alison Calderón. En veinte minutos cantaron el primer premio de la jornada, un quinto para el 75869. Siete minutos después llegaba otro segundo, el 73684. El tercero, treinta minutos después, para el 77992. Entre las 10.17 y las 10.30 aparecían los dos cuartos premios, para el 57896 y el 25506.

El cuarto de los quintos, el 69069, fue recibido con algarabía. También generó murmullos el 00147, el segundo premio. El más tardón de los grandes premios fue el tercero, que recayó en el 75913. Apareció a las 11.56, a media hora del final del sorteo. Para cuando el bombo arrojó los dos último premios, los quintos 06075 y 78953, la mitad de la concurrencia había abandonado el salón. Ni huella de agraciados ni de disfrazados.

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