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TOROS

Ponce o la armonía, la variedad y la creatividad en el toreo

Enrique Ponce: metisaca, media trasera y descabello (silencio); y estocada perdiendo la muleta (dos orejas). Julián López "El Juli": estocada y descabello (silencio); y dos pinchazos, media y cuatro descabellos (silencio). José María Manzanares: pinchazo y estocada arriba (ovación); y pinchazo y estocada desprendida (aviso y ovación).

Magistral Ponce. Posiblemente sea ésta la última feria de Bilbao que toree al cabo de dieciocho sin faltar a esta cita. Arrancó su debut en Vista Alegre, en el año 91, cortándole las dos orejas a un toro de Torrestrella, proeza que repitió el año siguiente en la corrida que llaman del Aniversario de la ciudad, cuando se llevó tres apéndices de un lote de Sepúlveda.

Ponce no ha dejado de triunfar desde entonces en el coso bilbaíno. Ahora se presume que estaría cerca la despedida, aunque ni el torero ni su entorno se pronuncian al respecto. El caso es que Ponce podría haber adelantado para ayer su adiós -todavía está anunciado una tarde más en Bilbao, el próximo jueves, día 21- con un triunfo tan a lo grande. Una faena de las que hacen historia, de una belleza inigualable, y a un toro que no fue gran cosa, al revés. La importancia del trasteo fue tanta que llegó a tapar la sosería del toro, noble y tontorrón, manso perdido.

Fue faena de menos a más, como corresponde a una obra grande. Se le vio a gusto y muy asentado al torero desde las primeras series, muy cortitas, con el toro llevando la cara natural, sin humillar del todo. Noble, hay que insistir, pero sin clase. A la tercera serie empezó a bajar la mano el torero, y el toro a obedecer. Muletazos inmaculados, y algunos puntualmente con desmayo. Parsimoniosa lentitud también en los adornos. Amagó un frenazo el toro, impávida la figura del torero, éste sin inmutarse. La locura por la belleza suma. En la estocada rugió la plaza de contento. Se celebró todo por fin con las dos orejas. En el que abrió plaza, toro violento, había hecho el esfuerzo, pero sin terminar de resolver.

Nombre destacado también en la tarde, aún sin el reconocimiento de las orejas por el fallo a espadas, el joven Manzanares, que toreó con mucha naturalidad y exquisito gusto a sus dos astados.

El Juli sorteó un lote infumable. Muy a la defensiva su primero, y áspero y difícil el otro. No se complicó la vida el madrileño.

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