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Sociedad
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VISITA DEL PAPA

Pitidos a Carod y un ajedrez de Gaudí para el Papa

Los políticos catalanes se llevaron la peor parte de la visita de 24 horas del Pontífice, en la que hicieron sus primeras prácticas 800 Mossos d'Esquadra.

El Papa se despide en la escalerilla del avión para volar hacia el Vaticano, poco después de las 19.00.
Pitidos a Carod y un ajedrez de Gaudí para el Papa
J. LAGO/AFP

Las 24 horas que permaneció el Papa Benedicto XVI en Barcelona dieron para mucho desde el punto de vista evangélico, pero además dejaron un buen puñado de anécdotas curiosas. Como la que protagonizó el rey Juan Carlos, que por razones desconocidas no comulgó al final de la ceremonia de consagración de la Sagrada Familia. En el momento en que el Pontífice se acercó a la bancada que ocupaban los monarcas, la reina tomó el Cuerpo de Cristo, mientras que su marido permaneció inmóvil y no se acercó al Papa.

La segunda anécdota corrió a cargo de la propia Reina en el acto de despedida de Benedicto XVI. Fue nada más despedir al Papa en plena pista de despegue del Prat. Cuando el Papa volaba ya hacia Roma, el Rey y la Reina regresaron hacia el hangar donde les esperaban las demás autoridades, momento en que tropezó y cayó al suelo. Tuvo suerte, porque el incidente no fue captado por las cámaras que estaban retransmitiendo la ceremonia en directo, así que se evitó el bochorno de sentirse vista por los 150 millones de personas que recibieron ayer la señal televisiva desde Barcelona.

Josep Lluís Carod Rovira también tuvo su pequeño minuto de gloria, en este caso, negativo, ya que fue el político más abucheado de cuantos asistieron a la ceremonia de la Sagrada Familia. El vicepresidente de la Generalitat, no obstante, hizo oídos sordos, y cuando pasó ante el público que esperaba frente a la fachada del templo se limitó a sonreír y a saludar. A la salida de la celebración, volvió a oír los pitos, en esta caso más tímidos, ya que salió acompañado de otras personalidades políticas.

No se libró ni Bono

Entre ellas José Bono, que también tuvo que aguantar el chaparrón del respetable. A pesar de su abierta defensa del catolicismo, el presidente del Congreso recibió una sonora pitada. La que se ahorró José Luis Rodríguez Zapatero, cuya ausencia en la misa de consagración fue de lo más comentado entre los asistentes.

Para la misa, el presidente Zapatero mandó en su lugar al ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, que casi se estrenó en sociedad. En el lado catalán, fue notable también la ausencia de los miembros de ICV, integrantes del Tripartito, que en las vísperas mostraron su rechazo a la visita papal. Un viaje que la Generalitat agradeció al Papa con dos regalos: un juego de ajedrez con figuras inspiradas en la obra del arquitecto Antoni Gaudí y un libro editado con motivo de la feria de Frankfurt sobre los 800 años de historia de la cultura catalana. El Govern quería que Benedicto XVI palpara la realidad del país y a buen seguro que lo hizo, ya que utilizó la lengua de Espriú para abrir y cerrar sus discursos. En cualquier caso, en tiempo empleado, el castellano le ganó por un buen margen.

La anécdota final la protagonizaron las fuerzas de seguridad. Llamó la atención la gran cantidad de agentes que había desplegados por toda la ciudad, hasta un policía cada tres metros en el recorrido del Papamóvil. Pero había truco, de los 4.000 Mossos d'Esquadra encargados de mantener la seguridad, 800 eran alumnos de la escuela y por tanto estaban en su primera clase práctica.

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