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Sociedad
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TOROS

Perera, imparable, alcanza también la cima en la plaza de Bilbao

Está imparable Perera, muy motivado, se le ve que disfruta toreando. Las connotaciones de la plaza de Bilbao pesan de forma especial en los toreros. A unos les puede la responsabilidad, y a otros, como es su caso, le sirven de aliciente.

La corrida de Jandilla que se lidió ayer tuvo de todo, toros como el segundo y el tercero que comprometen a estar bien; otros, como el quinto y el sexto, dan ganas de tirar por la calle del medio. Y ahí está el mérito de Perera: al bueno le hizo un faenón, y al malo acabó desengañándole, imponiéndose contra todo pronóstico. En los dos triunfó.

¡Qué manera de ajustarse, qué encajada la figura y que despacio toreó a ese tercero de la tarde, primero de su lote! Toro que obedeció con prontitud, desplazándose por abajo. Perera lo toreó por alto en la apertura de faena, con una pasmosa quietud, sin enmendarse. Y ya en lo fundamental intercaló series con ambas manos embarcando perfectamente la embestida y haciendo las series cada vez más largas, de hasta cinco muletazos.

Una ligera interrupción al tropezarse en la cara, saliendo de apuros con un autoquite desde el suelo. Volvió a la carga Perera con la misma solemnidad, toreando si cabe más despacio, reuniéndose cada vez más con el toro. La estocada, en todo lo alto, dio paso a la oreja.

Y cuando parecía que todo quedaría ahí, ya que el sexto no tuvo voluntad de embestir, frenado y topón, sacó Perera a relucir una cualidad más, esa que le otorga ahora mismo carácter de infalible. Bilbao, su plaza de Vistalegre, se vino abajo, es decir, la gente aplaudiendo de pie en los remates. Echaban humo los tendidos tras la estocada.

Bien igualmente El Cid en su toro bueno, con el que se acopló en la distancia, en la velocidad y en la altura, también de forma magistral. Ya con el gazapón e incierto quinto no quiso comprometerse El Cid, saliendo del paso sin más.

A Morante le tocó bailar con la más fea. Complicado el toro que abrió plaza, que echaba la cara arriba al rematar el viaje. En el cuarto se paró en seguida.

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