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SANIDAD

Pedro Alonso: "Ganar a la malaria es un imperativo moral"

El desarrollo de la vacuna contra la malaria le ha valido el Príncipe de Asturias de Cooperación.

PREGUNTA.- Ha dado una conferencia para el Zaragoza Logistic Center. ¿Qué tiene que ver con sus investigaciones?

RESPUESTA.- Una cosa es desarrollar una vacuna y otra hacerla llegar a donde hace falta. Hasta ahora había poca ciencia dedicada a estudiar la distribución de fármacos, pero aquí en Zaragoza están los líderes mundiales en la materia.

P.- La malaria afecta cada año a 500 millones de personas. ¿Es una auténtica arma de destrucción masiva?

R.- A los americanos les gusta mucho una imagen muy gráfica: la malaria es como si diez veces al día un Jumbo cargado de gente se estrellara. Es una enfermedad que mata entre uno y tres millones de personas al año. Es más que un arma de destrucción masiva; es como si todos los años desapareciera la población entera de Aragón por una única enfermedad.

P.- Pero sigue siendo ajena para los países desarrollados.

R.- Claro, porque no nos afecta. No hace tanto tiempo la padecíamos aquí, pero ahora parece que queda lejos… No se puede buscar un atenuante para decir que desconocemos lo que pasa; nos enteramos de todo lo que ocurre en el mundo.

P.- ¿La guerra contra la malaria se puede ganar?

R.- Hay que ganarla. Por un imperativo moral y porque, desde un punto de vista egoísta, no es viable un mundo en el que un continente como África se queda atrás, porque una pandemia impide su desarrollo. Existe un círculo vicioso entre enfermedad y pobreza, dentro del cual la malaria es la madre de todas las enfermedades. O somos capaces de controlar la malaria, la tuberculosis y el sida, o estos países no podrán desarrollarse económica y socialmente e incorporarse al mundo.

P.- ¿La búsqueda de una vacuna va más allá del reto científico?

R.- Como investigador me interesa la malaria desde un punto de vista médico, pero tiene además una dimensión social, como barrera al desarrollo. Es una enfermedad que por si sola causa en Mozambique más del 50% de las consultas hospitalarias y el 30% de las muertes. Erradicarla implica algo más que evitar sufrimiento humano, supone liberar muchos recursos de un país. En definitiva, lo que buscamos es crear un mundo más justo.

P.- La cura en la que usted trabaja se empezó a desarrollar hace años. ¿Qué hacía falta para darle el impulso definitivo?

R.- Si uno mira atrás, cuando empecé en 1984, en Gambia, no había sensibilización sobre la malaria… La situación ha cambiado, ahora hay impulso a la investigación. En los años ochenta, por la confrontación este-oeste, no había una visión global de los problemas del mundo. Desde 1986 existía un prototipo de la vacuna, pero no se destinaron recursos para desarrollarla hasta finales de los años noventa. Ahora vivimos una era dorada, pero siguen existiendo infinidad de retos y es necesario que el esfuerzo dure en el tiempo.

P.- ¿El apoyo de la fundación de Bill Gates ha sido clave?

R.- Tienen unos recursos masivos, pero no solo aportan el dinero, analizan el asunto y buscan donde están los nudos gordianos del problema. El Gobierno español apoya también la investigación, dentro de un movimiento mundial en el que la Fundación Gates ha actuado como catalizador.

P.- Usted trabaja sobre el terreno.

R.- España cuenta con una instalación, que es la que ha recibido el premio (Centro de Investigación en Salud de Manhiça, en Mozambique), con un programa de actuación en el epicentro de la enfermedad y una estructura estable. Tener los pies sobre el terreno es estratégico para entender la enfermedad en todas sus dimensiones.

P.- Va a ensayar la vacuna con niños. ¿Qué opina sobre la controversia sobre este tipo de pruebas?

R.- Si no se investiga allí, quienes sufren son las poblaciones de allí. Con esto no se juega. Ha habido una trivialización sobre esto, empezando por la película de "El jardinero fiel". Es irresponsable decir que hay abusos de la investigación en África. Los estudios están bajo las mismas normativas que aquí, incluso más rigurosas.

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