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Sociedad

SAN FERMÍN

Los Jandilla protagonizan un emocionante y rápido quinto encierro

El quinto encierro de los Sanfermines protagonizado por la ganadería extremeña de Jandilla ha resultado emocionante y rápido, con dos minutos y treinta segundos de duración y sin heridos por asta de toro.

 

Pese a su fama y a ostentar el récord de corredores corneados en un encierro, con un total de ocho heridos por asta en el 2004, la de hoy ha sido una carrera limpia y vistosa. Un único corredor, un pamplonés de 22 años, ha sido trasladado al Hospital Virgen del Camino de Pamplona con policontusiones y traumatismo abdominal.

 

La manada ha partido de los corralillos de Santo Domingo con gran velocidad y arropada por los cabestros y así ha entrado en contacto con los primeros corredores y ha llegado hasta la plaza Consistorial. De la misma manera, compacta y por el centro de la calzada, ha recorrido ese tramo del encierro y se ha dirigido a la calle Mercaderes, donde algunos corredores han caído al suelo a consecuencia de la velocidad.

Con los cabestros todavía en cabeza ha tomado la curva de Estafeta sin llegar a chocar con el vallado y así ha enfilado esta calle, en la que la caída de un toro en los primeros metros ha hecho que se rompiera el grupo y se estirara, lo que ha favorecido el lucimiento de los corredores ante las astas.

Manada rota

A partir de ese momento, un primer grupo, formado por los cabestros y tres toros, ha encabezado la carrera, seguido de un astado y con dos de sus hermanos cerrando la manada. En este tramo han caído también algunos mozos que han llegado incluso a formar algunos pequeños montones, que han sido esquivados por los astados que han seguido su carrera.

El primer grupo ha llegado sin problemas a la zona de Telefónica, donde uno de los tres astados que les seguían ha protagonizado algunos momentos de tensión al arremeter contra el vallado, sin que al parecer ningún mozo haya resultado alcanzado por el asta.

 

Con algunos atropellos en la entrada del callejón los toros se han dirigido a la plaza de toros, donde los dobladores han tenido que hacer uso del capote para introducirles en los corrales.

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