Despliega el menú
Sociedad
Suscríbete

Salud

Los ganadores de un Óscar viven tres años y medio más que los nominados

El "efecto Óscar" en la longevidad crece conforme hay más estatuillas en las estanterías de su casa, también proporciona más hijos.

Javier Bardem y Penélope Cruz a su llegada al Teatro Kodak de Los Ángeles
Jorge VI reina en Hollywood
EFE

Ya hay otra razón más para triunfar en Hollywood. Los actores que han ganado un Óscar viven hasta tres años y medio más y tienen más hijos que aquellos que se quedan solo con la nominación a la preciada estatuilla dorada.

O sea, que el "efecto Óscar" en la longevidad crece cuando en las estanterías de su casa, el afortunado consigue tener más de una estatuilla.

Así se desprende de un estudio presentado en las II Jornadas sobre Amor y Ciencia clausuradas esta semana en Teruel por el catedrático de la UNED de Psicología de la emoción y la motivación, Enrique García Fernández-Abascal.

Se trata de un análisis estadístico realizado en Estados Unidos por Redelmeier, D.A. y Singh, S.M. y publicado en 'Annals of Internal Medicine'.

En el estudio, según explica el profesor García, se recoge que 235 actores ganadores de un Óscar vivieron de media 3,6 años más que otras 527 estrellas que habían sido nominadas y se habían quedado sin el galardón.

Además, aquellos que habían conseguido la estatuilla también tuvieron más hijos en término medio que los que se quedaron a las puertas de los mayores galardones del cine mundial.

Más, con más Óscar

Este efecto positivo del premio es todavía mayor en aquellos actores que han conseguido más de un Óscar, que todavía viven más.

Esta estadística engordará cuando se conozcan los ganadores de la 84 edición de los Óscar que se entregarán este domingo domingo por la tarde (madrugada del lunes en España) en el centro Hollywood y Highland, de Los Ángeles (California, EE.UU.).

El trabajo también incluye el estudio de 887 personas ajenas al mundo cinematográfico y la comparativa con ellas todavía eleva más la longevidad de los actores oscarizados, en 4,3 años.

Para Enrique García Fernández-Abascal, el dato llama la atención pero no sorprende a los expertos porque hay muchos estudios que demuestran la relación directa entre felicidad y longevidad.

"Está claro que una vida más feliz genera una mayor longevidad. A veces la felicidad viene dada por algún hecho importante, la consecución de un objetivo vital, pero también puede deberse a las cosas pequeñas de todos los días", dice este experto.

Ya que, según explica García Fernández-Abascal, la felicidad no debe entenderse solamente en un sentido hedonista, causada por la satisfacción que producen los placeres de la vida.

La felicidad

La auténtica felicidad, añade, "es la que se asocia con la salud, es la que te produce alcanzar un objetivo vital", como lo es para un actor obtener un Óscar, del mismo modo que para otra persona puede ser aprobar una oposición o tener un hijo.

Resalta el que las emociones positivas son además muy importantes para prevenir enfermedades y para atenuarlas, como atestigua un estudio finlandés realizado entre 22.000 personas.

Éste demostró que las personas más felices tenían menos lesiones o traumatismos.

Otro realizado entre población de edad avanzada arrojaba que aquellos individuos con pensamientos más positivos tenían un 41% menos de probabilidades de sufrir un accidente cerebro-vascular, mientras que las que tenían una actitud más negativa tenían un 9 por ciento de probabilidades de padecerlo.

Y en las monjas...

El profesor cita también un estudio americano realizado entre una congregación de 678 monjas que llevan exactamente la misma vida.

Al fallecer, los cuerpos son entregados a la ciencia y al relacionar los votos que hicieron al tomar los hábitos con el tiempo que han vivido se demuestra que aquellas que llegaron al convento por motivos más positivos viven más tiempo.

Y es que en estas Jornadas, García Fernández-Abascal ha puesto de manifiesto "la relación científica entre las emociones positivas: amor, alegría, humor, orgullo y en conjunto, la felicidad. Y entre todas ellas la más poderosa es el amor", sentencia.

Las Jornadas se clausuraron con la intervención del bioquímico Santiago Grisolía, discípulo de Severo Ochoa y que en su exposición hizo precisamente un homenaje a su maestro y a su esposa Carmen García Cobián, por "una vida de amor y ciencia", como explica.

"Son un paradigma de la ciencia y del amor", recuerda Grisolía, que vivió casi desde el principio la historia de la pareja "cuando ella venía de jovencita por el laboratorio".

Como prueba de ese amor, relata una anécdota de Severo Ochoa cuando le concedieron el Premio Nobel. "Severo Ochoa se dirigía rápidamente con el coche a comunicarle a su mujer que le habían dado el Premio y le paró un policía. Cuando le dijo que iba a ver a su esposa para darle la noticia, el agente le dejó ir, por esa vez", cuenta.

Amor y ciencia

Preguntado sobre cuánto de amor hay en la ciencia, esta eminencia científica tiene claro a sus 89 años que "debes amar la ciencia para dedicarte a ella".

Grisolía preside el Consejo Valenciano de Cultura desde 1996 y fue Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1990.

Por estas jornadas pasó también el psicólogo Enrique García Huete que habló de las relaciones de pareja y de la importancia que tiene el coeficiente intelectual en que sean duraderas.

Según él, la media naranja no existe, solo existen las almas gemelas y cuanto más parecidas son dos personas más probabilidades hay de que sea una relación duradera.

Por su parte, el psicólogo Javier Urra habló de las relaciones sociales, entre parejas pero también entre padres e hijos o hermanos, que están mediatizadas por el afecto, la empatía y el amor, pero recordando también desde su experiencia de que hay gente incapaz de amar.

Etiquetas