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CIENCIA

Las instalaciones científicas singulares serán penalizadas si no cumplen sus planes

El Ministerio de Ciencia e Innovación ejercerá un mayor control sobre el funcionamiento de estos centros a partir de septiembre.

Las instalaciones científicas singulares podrían ser penalizadas o, como poco, amonestadas, si no cumplen con un plan de actuación a medio plazo, con un horizonte de cinco años, que les será exigido desde septiembre próximo, para garantizar un mejor funcionamiento y una mayor coordinación de las mismas.

Así lo anunció el secretario general de Política Científica y Tecnológica del Ministerio de Ciencia e Innovación, José Manuel Fernández de Labastida, quien explicó que esta cartera firmará una especie de "contrato" con las instalaciones científicas singulares, que podría suponer la retirada de ciertas partidas económicas, si no cumplen con los planes establecidos.

En el convenio se especificaría el régimen de funcionamiento previsto por parte de la instalación con un horizonte de cinco años, y los recursos que en función del mismo se recibirían por parte del Ministerio de Ciencia, lo que obligará a aquella a no alejarse de los objetivos fijados en un plazo establecido.

Este sistema de planificación a medio plazo es el que se aplica en la mayoría de los países, para aquellos proyectos de gran envergadura, como los de las instalaciones singulares, en los que las medidas adoptadas son "muy costosas", y deben ser "muy meditadas, estudiadas y evaluadas".

Desde septiembre, las instalaciones científicas singulares ya consolidadas en España, que son en torno a una veintena, tendrán que plantear una programación estratégica a medio plazo, "lo que implicará una evaluación internacional de su actividad, y con arreglo a eso, se elaborará un plan de financiación de cada una de ellas". La idea es optimizar su funcionamiento y los recursos públicos destinados a esas instalaciones.

Poca planificación

Actualmente, existe mucha variedad en el funcionamiento de estas instalaciones, "unas tienen más planificación, otras menos", y lo que se quiere hacer es "estructurarlo todo en un contexto común, para conseguir una mayor coordinación". La planificación a medio plazo exigiría a las instalaciones dar detalles de cómo ofrecerán sus servicios a la comunidad científica, cómo optimizarán sus recursos o cómo realizarán el mantenimiento de la inversión, cuyas grandes dimensiones hacen necesaria una actualización continua. "Todo esto es mejor planificarlo a medio plazo, para saber qué previsiones presupuestarias son necesarias para mantener actualizadas todas las instalaciones", según Fernández de Labastida.

Entre los requisitos exigidos para que una inversión sea considerada como Instalación Científica y Técnica Singular (ICTS) figura el que sea única en su género, tenga características diferenciadas y esté destinada al desarrollo experimental de procesos tecnológicos innovadores.

Estos proyectos cuentan con una elevada inversión, tanto para su construcción como para su mantenimiento, y su uso está abierto a los investigadores nacionales e internacionales, debiendo dotarse de un protocolo de acceso público.

Algunas de las instalaciones singulares en España son la Plataforma solar de Almería, la Reserva Científica de Doñana, el Observatorio del Teide o el Observatorio del Roque de los Muchachos (en la isla de La Palma).

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