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Sociedad

Iglesia católica

Las donaciones a la Virgen no entienden de crisis

Continúan escribiéndose los cientos de años de Historia del joyero de la Virgen a pesar de los tiempos de crisis.

Detalle de una medalla del joyero de la Virgen del Pilar
Detalle de una medalla del joyero de la Virgen del Pilar
CARLOS MONCIN

No se sabe con exactitud cuándo comenzaron las ofrendas a la Virgen del Pilar, pero José María Bordetas, uno de los capellanes de la Virgen del Pilar, está seguro de que esta primera ofrenda es tan antigua como el propio culto a la Virgen. En el catálogo de ofrendas hay de todo: desde vestidos de novia hasta mantelerías y toallas pasando por joyas y piezas de orfebrería, quizá las donaciones más 'populares', por su valor pecuniario, aunque el capellán advierte que este no es el criterio adecuado para valorar una ofrenda: “El valor de cada pieza lo da la razón por la que se ofrece”. Esta tradición ancestral sobrevive a los momentos de dificultades económicas adaptándose a los nuevos tiempos, explica el sacristán.

“La crisis no ha afectado a las ofrendas, se mantienen constantes”, refiere este religioso, quien añade que esta práctica se ha ido adaptando a los 'nuevos tiempos'. “Ahora a lo mejor la gente ya no dona joyas o piezas de orfebrería sino que hace aportaciones económicas”, añade el sacristán zaragozano que explica que “todo lo que se ofrece a la Virgen se recibe”.

Todo se recibe y a todo aquel que dona se le explica cuáles son las 'reglas' establecidas en materia de ofrendas: la utilidad es el principio a seguir. El capellán lo explica. “Todo aquello que se puede utilizar para el culto de la Virgen, se utiliza. Por ejemplo, una mantelería. En vez de tenerla guardada si la podemos poner en un altar, se pone”.

Este 'principio' implica la transformación del estado en el que llegan las ofrendas, siempre que sea necesario. “Hay chicas que traen su vestido de novia y nosotros le explicamos que cabe la posibilidad de deshacerlo para utilizar las telas por partes. A algunas no les gusta demasiado... pero son libres de entregarlo o de no entregarlo”, refiere el padre Bordetas.

Las joyas y otras piezas de orfebrería son quizás el signo máximo de esta transformación. El capellán explica que en el año 1952 se pensó una auténtica reforma del camarín de la Virgen. “Las estrellas que tenía la imagen a su alrededor eran de plomo y cristal y se transformaron en estrellas de oro y piedras preciosas”, explica.

Esta transformación se realizó a partir de la fundición del metal de algunas de las joyas que habían sido donadas a la Virgen. Las incrustaciones de las joyas fueron el resultado de mantener las piedras de cada una de las joyas, de forma que, de cerca, se pueden diferenciar en las estrellas que rodean a la Virgen pendientes, piedras de sortija o colgantes.

El religioso añade que si, por ejemplo, hiciera falta oro para dar un baño a cualquier objeto dedicado al culto que así lo necesitase, antes de comprar oro, se funde una de las joyas del joyero y se utiliza para realizar dicho baño.Cientos de años de Historia, miles de historias

El joyero de la Virgen guarda un sinfín de historias, algunas felices, como una pequeña medalla de oro que tiene grabada la cara de un niño al que los médicos no dieron ninguna esperanza de vida en el momento de nacer y, sin embargo, sus padres volvieron agradecidos ante la Virgen cuando el niño se estaba preparando para tomar la Primera Comunión. O la de aquella madre que tenía dos candelabros de valor en su casa y tres hijos y antes de que los referidos objetos protagonizaran una disputa familiar, decidió donarlos a la Virgen.

Pero también hay historias tristes, como las dos ocasiones en las que se produjo la salida de piezas del joyero de la Virgen. La primera, calificada de "expolio" o "capitulación" por Bordetas, tuvo lugar durante los Sitios de Zaragoza. Cuenta Bordetas que las puertas del joyero de la Virgen se abrieron para varios mariscales franceses, que “que cogieron cuanto quisieron”.

Alguno de ellos, sin reparo, se hizo con alguna joya pensando en agradar a su esposa, explica el religioso, y ante el disgusto de esta por el 'obsequio' escogido, marido y mujer volvieron juntos al joyero para elegir algo del gusto de la ilustre señora. “Ninguna de aquello objetos regresó al joyero”, se puntualiza el capellán, “piezas extraordinarias se perdieron para siempre”, se lamenta.

Siete décadas después de este episodio, en el año 1872, el joyero volvió a abrirse esta vez a instancias del cardenal García Gil, quien solicitó todos los permisos civiles y eclesiásticos para realizar una subasta de piezas del joyero con las que conseguir dinero para terminar las obras de la basílica.

Fue triste tener que desprenderse de objetos donados a la Virgen, pero todo fue por una buena causa, según explica el capellán. “Se vivía una crisis parecida a la que vivimos ahora y se quiso acometer entonces unas obras necesarias para contratar a obreros que pudieran sostener a sus familias”, dice.

Además, de aquellas piezas subastadas algunas se recuperaron años después y otras llegaron a museos: el padre Bordetas cuenta que hay quien le ha referido que algunas de estas joyas puede verse en el museo de la Torre de Londres junto a una pequeña descripción que recoge su origen zaragozano.De la Sacristía a los Museos Pilaristas

El capellán explica que la ubicación inicial del joyero de la Virgen fueron los dos armarios que hay en la Sacristía. Allí estuvieron durante siglos, hasta que a finales de los años 70 se instaló en los Museos Pilaristas, su ubicación actual.

Las piezas allí se distribuyeron en siete vitrinas: una para las coronas; otra de piezas nobles o de la nobleza; una más de ofrendas realizadas por religiosos; dos vitrinas de piezas de época que destacan por su parte artística, y dos más de todos aquellos objetos relacionados de alguna forma con el culto de la Virgen.

Entre las piezas con más 'solera' figuran el Olifante de Gastón IV de Bearn, una arqueta árabe de filigrana, los dos ángeles que están situados en el camarín y que fueron un obsequio de Felipe II o las coronas de la Virgen. Entre estas últimas sobreale la que en 1905 regalaron a la Virgen todas las mujeres españolas que tuvieron a bien participar donando joyas u otros objetos preciosos.

El padre Bordetas explica que entonces se abrió un proceso, coordinado desde Madrid, en el que las mujeres colaboraban en la medida que pudieran a través de una serie de juntas provinciales que se establecieron en todo el país. Tan inmensa joya fue bendecida por el papa Pío X.

El joyero del Pilar puede visitarse de lunes a domingo de 9.00 a 14.00 y 16.00 a 19.00.

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