Moda Masculina en París

Lanvin contó una historia de vida y de calle, de realidad y de futuro

El juego entre signos opuestos reinó más allá de los modelos diseñados en esta colección, presentada en la última jornada de moda masculina en París para el otoño-invierno 2012-2013.

Un modelo desfila con una creación del diseñador belga Kris Van Assche
Un modelo desfila con una creación del diseñador belga Kris Van Assche
EFE/IAN LANGSDON

Una historia "de vida y de calle" parcialmente inspirada en glorias pasadas y en sueños de futuro. Así fue el desfile Lanvin de moda masculina para la próxima temporada invernal de Alber Elbaz y Lucas Ossendrijver.


Pieza a pieza, de los primeros modelos matinales, combinados con maletines y carpetas de trabajo; al chaqué y los trajes de boda bajo abrigos y cazadoras acolchados que cerraron el evento, dominó la tensión entre clasicismo y modernidad.


El juego entre signos opuestos reinó más allá de los modelos diseñados en esta colección, presentada en la última jornada de moda masculina en París para el otoño-invierno 2012-2013.


Tanto el recital de piano y música techno que abrió el desfile, como el muro de grafiti por el que se accedía a la carpa Lanvin (en el inmenso interior del Halle Freyssinet, obra maestra de la arquitectura industrial del siglo XX), adelantaban ya el signo de la contradicción.


En el muro de entrada, resaltó el propio Elbaz tras el evento, había un grafiti, pero con una gran rosa roja pintada en él. Esta "mezcla entre tradición y modernidad" acompañó toda la colección, pensada en la pieza única, destacó el diseñador.


Fue creada para el hombre actual, que no tiene diez abrigos "sino uno" y lo usa de día y de noche y lo combina con lo que tiene. Esa es "la historia de hoy", tener una prenda, no diez similares, recalcó.


Y eso es también el estilo, que reside en la inspiración urbana, en la mezcla, añadió el director artístico de Lanvin, visiblemente impregnado de un viaje a Budapest, "magnífica ciudad de bella arquitectura, un poco comunista, un poco pobre", en la que hay mucho sueño y todo es "underground".


"Pienso que la mentalidad del Este de Europa es la mentalidad que reina hoy en todo el mundo" y la que se quiso captar en la colección: hubo "un pasado sublime, pero el presente no es sublime", y ahí es quizás donde comienza el sueño, subrayó el modisto.


Como sus colores, camello, azul, gris, blanco y berenjena; junto con algunos naranjas, mostazas y rojos, pero sobre todo mucho negro; las materias primas fueron básicas e invernales, del algodón al nylon y la lana, para pantalones altos y anchos, de talle bajo, ajustados y de toda suerte de formas.


Las proporciones fueron también variables en la parte superior de la figura, con hombreras muy redondeadas, amplias y voluminosas hasta prendas muy ajustadas.


El chaqué final jugaba con negros y violeta oscuro, bajo una cazadora acolchada reversible, sobre zapatos blancos ultradeportivos, como los lucidos en casi todo el desfile.


Un calzado destinado a correr "por la calle o por el metro", no sobre la alfombra roja de los grandes eventos, cinematográficos, por ejemplo.


En esto insistieron los dos artistas de Lanvin, que quisieron su colección real, urbana y que la pueda llevar el hombre de hoy. Los modelos especiales fueron pensados para momentos especiales, pero de una vida normal, no de una estrella de cine, de "una nueva generación", la de Facebook, internet y el deporte, dijeron Elbaz y Ossendrijver.


Sobre su pasarela, las criaturas de esta nueva era tenían entre 18 y 25 años.


Muy juvenil también, Agnès B dio igualmente gran importancia a la multiplicidad formal, del pantalón ancho al pitillo, del corto sobre los tobillos a las bermudas sobre medias opacas e incluso la falda jean sobre las rodillas, combinada con vistosos calcetines.


El color y el carácter reversible de algunas de sus prendas, con bellos estampados de color en una de sus caras, fue otra característica de esta colección, dibujada sobre múltiples prendas negras