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Sociedad

Tercer Milenio

RUMBO AL HIMALAYA

La vuelta al mundo en familia

El zaragozano Darío Gil, su mujer, Sybile Fenouil, y sus hijos Tania, de 16 años, y Alan, de 14, dedican gran parte del año a viajar por el mundo. Han hecho el Camino de Santiago varias veces y ahora están en una peregrinación por el Himalaya.

En Logroño, en su primer Camino de Santiago, en 2006.
La vuelta al mundo en familia

Es difícil seguir la pista a la familia Gil-Fenouil. Pueden estar haciendo un tramo del Camino de Santiago o una peregrinación en la India, un viaje por la Antártida, de visita en Zaragoza o en su casa en Saint Savin, un pueblecito del Pirineo francés. Darío Gil, zaragozano de 48 años, Sybile Fenouil, madrileña de padre francés de 45, y sus hijos Tania, de 16, y Alan, de 14, viven con una mochila al hombro.

Esta familia pasa menos de cuatro meses al año en su casa. El resto del tiempo está viajando por el mundo. "Hemos estado en 150 países desde que nacieron los chicos. Queremos animar a la gente con niños, se puede viajar igual. Y ellos disfrutan la experiencia tanto o más que nosotros", afirma Darío. Los cuatro acaban de terminar en abril el Camino de Santiago del Norte, desde Bayona (Francia) a Santiago. Y ahora están en el Himalaya.

"Para nosotros viajar es una manera de vivir. En realidad, no hace falta mucho equipaje. Se puede vivir con muy pocas cosas. Nosotros llevamos cada uno una mochila de cinco kilos, así no facturamos y tenemos más movilidad. Y buscamos alojamientos y medios de transporte baratos. Dormimos en albergues y viajamos en tercera clase, es más auténtico. No hace falta mucho dinero. Un mes en la India, con vuelos, nos costó menos de 2.500 euros a los cuatro. No tenemos móvil, no lo necesitamos. De vez en cuando entramos en Internet para revisar el correo", explica Darío, geólogo. Él ha trabajado de funcionario en varios ministerios y de profesor de instituto en Zaragoza. Su mujer es psicológa. Los dos están ahora de excedencia. "Nuestro plan es viajar hasta que los niños vayan a la Universidad", afirma Sybil.

La familia tiene su residencia en Francia y en el país vecino el sistema escolar permite estudiar a distancia. "Hace seis años nos acogimos a este sistema. Nuestros hijos están acostumbrados a viajar desde que eran pequeños, para ellos es normal. Durante el año, hacemos tres estancias más prolongadas en casa para que los chicos puedan estudiar. Y tenemos que enviar sus ejercicios para que les evalúen. Van muy bien en los estudios y aprenden cinco lenguas: español, francés, inglés, alemán y ruso", explica la madre.

Y los chicos están encantados. "Mis amigos dicen que tenemos mucha suerte y nos piden que les contemos aventuras", afirma Alan. Su viaje preferido fue a la Antártida, en 2007. "En Primaria escribía un cuaderno de viajes y lo leía en el colegio", recuerda Tania. "No sé qué estudiaré en la Universidad. Me gustan las Ciencias, tal vez Medicina", añade. De todos sus viajes, ella elige el Sudeste asiático.

"El Camino es infinito"

A Darío y Sybil siempre les había gustado mucho viajar, pero hasta 2006 no se engancharon al Camino de Santiago. "Cuando nuestros hijos eran pequeños, nos preguntaban dónde iban todos los que veíamos andando con una concha colgada de la mochila. Les hablamos del Camino y les dijimos que podríamos hacerlo cuando Alan tuviera 10 años. Pensábamos que se olvidarían, pero cuando cumplió los años, vinieron a recordárnoslo", cuenta Darío

En otoño de 2006, realizaron por primera vez el Camino Francés, desde Estela de Gibraltar (en el Béarn francés) hasta Santiago, durante cinco semanas. "Cada día hacíamos nuevas amistades, descubríamos monasterios, puentes románicos, calzadas romanas y castillos templarios. Al llegar a León, ya no podíamos parar ni dar marcha atrás. El Camino nos había envuelto en su leyenda. Desde entonces hemos vuelto muchas veces. Nos gusta la parte espiritual", señala Darío.

Dos veces al año hacen algún tramo del Camino de Santiago: alguna de las rutas o etapas sueltas. Ya han completado el Camino Francés, el Portugués (desde Oporto), el Inglés (desde Ferrol) y el del Norte (desde Bayona). Les queda la Ruta de la Plata (desde Sevilla). "El Camino es algo infinito, no es rígido. Siempre volvemos", asegura.

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