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SEGURIDAD

La valla de Melilla empieza en Binéfar

Miguel Ángel Coloma Actualizada 14/03/2009 a las 22:02
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Si por algo se conoce a la localidad oscense de Binéfar en España es por su lonja agropecuaria, la más importante de ganado vacuno del país, y posiblemente de Europa. Pero la capital administrativa de La Litera es el mejor ejemplo de que terneros -más de 100.000 en un radio de 30 kilómetros- y tecnología de vanguardia no son incompatibles y pueden convivir en un municipio que todavía no alcanza los 10.000 habitantes.

 

De hecho, en los últimos años, este se ha convertido también en un referente nacional e internacional en materia de alta seguridad, gracias al empuje de un grupo de empresas vinculado con la familia Sallén.

 

Hay quien dice que la valla perimetral de seguridad de Melilla empieza a casi 800 kilómetros de la ciudad autónoma. Porque en Binéfar se ha diseñado el complejo sistema de fibra óptica que permite detectar cuándo alguien intenta saltar o sabotear la linea fronteriza entre España y Marruecos. El 'invento' se ha trasladado ya a varias centrales nucleares, a grandes 'huertos' solares e incluso a puntos sensibles de la líneas del AVE. Pero el 'made in Binéfar' luce también en algunos de los sofisticados detectores de billetes falsos que utilizan varios bancos centrales europeos, o en los robots teledirigidos con que cuenta la Policía.

 

Como los de otros afamados empresarios, los comienzos de los hermanos Sallén fueron bastante modestos. Pero del pequeño almacén de pueblo en el que empezaron a trabajar en la década de los 80, a las naves donde hoy idean y fabrican sus productos dista un gran trecho. La plantilla la componen actualmente unos 200 trabajadores, de los que una cuarta parte son técnicos e ingenieros de todas las ramas. "En un sector como este, los departamentos de I+D+i son fundamentales", reconoce el director de Producto, Eduardo Salamero, mientras recorre una de esas amplias y silenciosas salas donde las grandes ideas parecen estar flotando en el aire, a la espera de que alguien las atrape.

 

El sistema Leopard, en las modalidades de valla o enterrado, es uno de los 'hijos pródigos' del grupo Sallén. Se basa en la tecnología de fibra óptica y en las vibraciones, que un ordenador interpreta para activar la alerta cuando algo va mal. "Si por algo se distingue este de otros sistemas es por su gran capacidad para discriminar lo que es realmente un peligro de lo que no", explica Salamero. "Porque el viento, por fuerte que sea, o un simple golpe no pueden estar haciendo saltar continuamente la alarma de una valla de seguridad como la de Melilla", añade.

 

Los ingenieros han diseñado un sistema que solo se activa cuando alguien intenta cortar o saltar la gran malla metálica, que son las auténticas amenazas. En ese momento, entran en funcionamiento las cámaras de grabación y otras medidas de seguridad adicionales. El Leopard se implantó hace un par de años en Melilla, se llevó después a la vecina Ceuta, y hoy protege instalaciones públicas y privadas en diferentes puntos del país.

 

"Pero la fibra óptica nos ha permitido solucionar otros importantes problemas de seguridad, como el que tenían en la Comunidad de Madrid con los helicópteros del 112", comenta Salamero. El recinto donde pernoctan las aeronaves se había convertido en un lugar muy frecuentado por los vándalos, que saltaban la valla perimetral y no se cansaban de estampar su 'firma' en los helicópteros. Cuando los pilotos recibían un aviso de emergencia e iban a cogerlos, se daban cuenta de que habían sido saboteados e inutilizados para el vuelo. "Y si un aparato de estos no llega en unos minutos a su destino, se puede estar perdiendo una vida", explica el director de Producto.

 

Para atajar el problema, los de Binéfar enterraron unos cuantos metros de cable de fibra óptica y los cubrieron con grava (ver la fotografía), de tal modo que cuando alguien la pisa se encienden de forma instantánea unos potentes focos y se activa un sistema de videograbación.

Las necesidades han cambiado

"Se trata de adaptarse a las necesidades en materia de seguridad que te plantean los clientes", explica Roberto Torres, uno de los responsables de I+D+i del grupo. Reconoce que las amenazas no son ahora las mismas que hace un par de décadas, cuando sus principales clientes eran exclusivamente los grandes bancos. "De todas formas -añade-, siguen siendo una parte fundamental de nuestro negocio, ya que aquí fabricamos el 95% de las cabinas de detección de metales instaladas en las sucursales bancarias de toda España".

 

Al igual que ocurre en el caso de las vallas perimetrales, el éxito de estos aparatos reside en su capacidad para diferenciar entre lo que es peligroso de lo que no. "Esto no es un arco de aeropuerto en el que todo pita. Si así fuera, los empleados tendrían que estar constantemente pendientes de la puerta", comenta Torres. El software instalado permite reconocer llaves, monedas y otros objetos metálicos comunes, de manera que las puertas de seguridad no se bloquean al detectarlos.

 

Grandes bancos como el Santander, Banesto o el BBV trabajan desde hace años con Binéfar, que también ha exportado su tecnología a lugares tan remotos como Arabia Saudí, Vietnam o Estados Unidos.

Robots teledirigidos

Uno de los últimos productos incorporados al catálogo de la familia Sallén son los robots teledirigidos con los que trabajan los cuerpos de Policía. Se trata de una sofisticada herramienta con unos usos muy concretos, por lo que solo se fabrican entre 15 y 20 al año. Un simple 'joystick', similar al de las videoconsolas, conectado a un ordenador portátil permite controlar un artefacto de estas características a varios cientos de metros de distancia. "Se pueden utilizar para acceder a una zona contaminada por radioactividad o para extraer la caja negra de un avión en llamas", dice Torres, a modo de ejemplo.

 

El vehículo robot que más se demanda es el de tamaño medio, con un peso aproximado de media tonelada. Pero también se fabrican aparatos más grandes, de unos 1.200 kilos, que permiten a las pinzas del brazo articulado elevar volúmenes mucho más importantes. "La familia de robots se va a ampliar con una máquina mucho más pequeña, que se podrá utilizar en espacios más reducidos", detalla el responsable de I+D+i.

 

Por su elevado coste, este tipo de tecnología solo está en manos de especialistas. Sin embargo, en La Litera se producen muchos de los detectores de billetes falsos que se utilizan en las oficinas bancarias y los comercios de toda España, aunque existen otros distribuidores de este material en Aragón, con máquinas homologadas en los países de origen. Los aparatos más pequeños cuestan unos 150 euros y cada año salen de los talleres de Binéfar alrededor de 10.000. "Se trata de la gama más sencilla y accesible, pero tenemos aparatos mucho más complejos", indica Eduardo Salamero. Además del nuestro, su mercado abarca países como Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Grecia, Irlanda, México o Sudáfrica.

 

"Salvo el cartón con el que se empaquetan, aquí lo hacemos prácticamente todo", comenta el director de Producto de Sallén en una nave de ensamblaje donde casi todo son mujeres. "Yo me fui a Zaragoza para estudiar allí la carrera, pero he podido regresar a mi pueblo y encontrar un trabajo vinculado con las nuevas tecnologías", comenta Isabel Pérez, de 26 años. Ella trabaja en la conocida como sala blanca -donde el polvo es el principal enemigo- y se encarga de supervisar el correcto funcionamiento de las placas electrónicas que acaban de salir del horno.

 

Como esta joven, muchos de los ingenieros de los laboratorios de I+D+i son gente de la comarca que han conseguido no tener que emigrar para crecer profesionalmente. Además de idear tecnología de vanguardia, Binéfar colabora con instituciones del prestigio del Banco Central Europeo, la Universidad de Zaragoza, la de Barcelona, la Complutense o el Instituto de Nanotecnología de Aragón. Porque las grandes ideas también surgen en medio del campo.





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