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SIDA

La vacuna antisida, en la encrucijada

Tras el último ensayo fallido, sus defensores insisten: "No podemos decir a 33 millones de infectados que nos rendimos".

El Día Mundial de la Vacuna contra el VIH-Sida llega este domingo con sentimientos científicos encontrados tras el fracaso, a finales de 2007, de los ensayos con una esperanzadora 'candidata' a la profilaxis antisida. Siguen en camino otras 30, pero ese inesperado revés ha dejado en el aire la incómoda pregunta de si ha llegado la hora de dar esa búsqueda por imposible y concentrarse en áreas que se han demostrado sanitariamente rentables como la prevención, las pruebas de detección y los tratamientos con antirretrovirales. Y la respuesta de quienes defienden la vacuna es un rotundo no.

La argumentación lleva la autorizada firma del canadiense Alan Bernstein, director de la Iniciativa Mundial para la Vacuna del VIH (siglas en inglés GHIVE), quien apela al humanismo para seguir adelante: "No intentarlo es como decir 'nos rendimos' a los 33 millones de personas infectadas por el virus y a los 2,3 millones que lo contraen cada año". Pero también cita razones científicas, en las que no falta el sentido autocrítico, para animar a interpretar los ensayos "como parte integral del continuo de la investigación" y no como propuestas cerradas que en caso de fallo se estrellan contra un muro infranqueable. "El desarrollo de nuevos fármacos y vacunas siempre lleva tiempo y nunca es un camino recto", remacha.

Amplio escepticismo

También es cierto, sin embargo, que las voces escépticas y pesimistas proceden de investigadores igualmente consolidados. Así lo confirmaba hace un par de semanas una encuesta del diario británico "The Independent" a más de 35 especialistas en VIH-sida de Estados Unidos y el Reino Unido. Sólo dos se mostraban más optimistas sobre la vacuna que un año antes, y sólo cuatro lo eran más que hace un quinquenio. Casi dos tercios se declaraban convencidos de que tal profilaxis no llegará antes de diez años, y algunos ampliaban el plazo por encima de dos décadas. Incluso "una minoría sustancial admitía que quizás nunca se desarrollaría".

Todo ese escepticismo tiene sus cimientos en lo que Anthony Fauci, director del Instituto Estadounidense de Alergia y Enfermedades Infecciosas, describe como el fracaso del "modelo animal SHIV empleado durante más de una década" para ensayar en monos las vacunas antes de su utilización en seres humanos. En los primates del laboratorio funcionaba muy bien, pero no así en las personas. Lo que no significa, a juicio del experto, que haya llegado el momento de abandonar tal investigación profiláctica. "Algunos dan la impresión de que con ella estamos descuidando otras áreas de prevención. Pero no es el caso. Deberíamos hacerlo, y lo estamos haciendo, simultáneamente".

Reenfocar las investigaciones

En lo que hay acuerdo abrumador (80% de los científicos encuestados) es en la necesidad de reenfocar las investigaciones de la vacuna, aparcando los grandes y costosos ensayos clínicos para centrarse en la investigación básica que permita entender mejor la biología del virus y sus efectos en el sistema inmune humano. Porque prácticamente nadie duda de que, visto el fracaso de muchos programas educativos de prevención, el método más eficaz para cortar de raíz la expansión del VIH es precisamente la vacuna.

Desde la Iniciativa Internacional por una Vacuna del Sida (IAVI en inglés), organización no lucrativa creada en 1996 para promover su investigación, su presidente Seth Berkley también se distancia del "ruido negativo" tras el último ensayo fallido. "El fracaso -dice-- es la regla en el desarrollo de productos farmacéuticos. Por cada 5.000 compuestos químicos investigados, sólo uno se aprueba". Por otra parte, añade, "probablemente hemos aprendido más sobre el VIH y el curso de su enfermedad que sobre cualquier otro patógeno en la historia".

Duplicar la inversión

Berkley reconoce que dedicar el dinero de la vacuna a prevención y tratamiento tendría sentido si pudieran erradicar la pandemia -ahora apenas la alivian , pero aclara de inmediato que ese "sueño" sólo lo podrá conseguir una vacuna. Y, para que no quede duda alguna, remacha que tal investigación no está restando fondos a las demás prioridades: Estados Unidos sólo está invirtiendo en ese capítulo el 3% de todo su gasto en VIH-sida. Y esa cantidad se parece mucho a la del resto del mundo, ya que de los 933 millones de dólares empleados en investigar vacunas en 2006, el 83% corresponde a fondos públicos, de los que Washington aporta el 84%; Europa no llega al 11%. En cuanto al ámbito privado, su 17% del gasto total se reparte a partes iguales entre donaciones e inversión comercial.

Además, ese 3% les parece raquítico a los defensores de la vacuna, que llevan años insistiendo en que se necesitaría al menos duplicar el gasto de investigación para poder acelerar el desarrollo de esa gran esperanza profiláctica. Máxime cuando IAVI denuncia que las nuevas vacunas "tardan hasta 20 años en llegar" al mundo pobre desde su introducción en los países industrializados.

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