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MODA

La semana de la moda "Cibeles Madrid" arranca con pocas novedades en la pasarela

Un nuevo pabellón, espacios más amplios, dos pasarelas y un mayor número de actividades en torno a la moda, fueron los principales cambios de la "Cibeles Madrid Fashion Week" que abrió este lunes sus puertas, ya que en las colecciones, salvo alguna excepción, pocas novedades que resaltar.

Por lo visto, surge la pregunta de por qué dos pasarelas (Cibeles y Neptuno). Ni los creadores han aprovechado para hacer montajes especiales, algo que les permite este doble espacio, ni las colecciones hacen necesaria la existencia de la segunda de las dos pasarelas, nacida para las propuestas más arriesgadas y novedosas.

Entre éstas se encuentra la de Amaya Arzuaga, quien ha aprovechado la anchura de la pasarela, partiéndola en dos con las letras de su nombre, para mostrar unas propuestas en las que es fiel a sus principios de renovación.

El adorno se ha convertido en prenda en las creaciones de Arzuaga; sus plásticos cortados con láser en Estados Unidos a modo de largos flecos han pasado de ser un elemento a ser la prenda en sí.

Amaya Arzuaga ha vuelto a utilizar la fibra óptica para iluminar sus creaciones y ha llevado el volumen al máximo. Vestidos y faldas con polisones, grandes lazadas que convierten a la mujer en una enorme mariposa, y la utilización del tul y el raso para confeccionar un tejido que asemeja a largas plumas destacaron en propuestas atrevidas y coherentes.

"Le Pavillon" es la colección con la que Victorio&Lucchino comienza una nueva etapa de su larga trayectoria y a cuyo estreno acudió la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. En esta andadura, el volante está presente pero de forma más sutil y novedosa, al igual que los flecos; las simetrías adquieren gran importancia y rodean la silueta femenina, en la que conviven prendas muy ajustadas, armadas interiormente con corsés, con otras más amplias y cómodas.

Apuesta clara y rotunda por el color beige, en diferentes intensidades y brillos, con guiños al violeta y al azul chino, fundamental en los largos trajes de noche. Drapeados, bordados y aplicaciones superpuestas enriquecen unas prendas en las que los sevillanos no olvidan sus raíces pero las manifiestan de manera más suave y sutil.

Los pintores Matisse y Rothko han inspirado a Ailanto y a Agatha Ruiz de la Prada. Esta inspiración se traduce en el caso de los hermanos Iñaki y Aitor Muñoz en unas prendas llenas de superposiciones y juego de texturas. Los dibujos de Matisse se reflejan en los estampados florales y arabescos muy a juego con la escenografía que utilizaron para presentar una colección con reminiscencias marroquíes.

Los colores planos del expresionismo abstracto de Rothko aparecen en los diseños de Agatha Ruiz de la Prada, que ha presentado sus clásicos íconos solo en pequeños detalles. La confortabilidad ha sido el hilo conductor de la colección, con prendas geométricas, redondas, amplias. El lino, el algodón y los tejidos naturales cien por cien contribuyen a esa libertad por la que apuesta la diseñadora, que también lo hace por las líneas tipo Menina.

La elegancia y el clasicismo de Lemoniez volvieron a la pasarela, en esta ocasión a Neptuno, donde al igual que en otras colecciones vistas hoy el beige fue una de sus bases.

Sin salirse de su línea femenina, presentó vestidos maxis de día, ajustados con cinturones a la cintura. Líneas rectas, largos a media rodilla o minis, en vestidos sueltos. El volumen mayor fue el de los abrigos de línea trapecio, mientras que la noche se llena de estrellas en muselina de seda.

Devota & Lomba inauguró esta cita con la moda. Líneas arquitectónicas, cortes, superposiciones, lazadas que no llegan a serlo, prendas deconstruidas en las que las figuras se alargan de forma asimétrica. Rosas y grises, en rayas lisos, en vestidos muy cortos.

"Desliz" ha llamado Juan Duyos a una colección difícil de clasificar, en la que no existieron las tendencias. Bodies que se confunden con la piel, a los que incorpora capas de tul, muselina y gasa. El zigzag con el que se representan los rayos recorre el cuerpo femenino, que viste mallas y pantalones muy bajos que dejan las caderas al aire.

Líneas urbanas en Ángel Schlesser, con trajes de chaqueta años ochenta. De día sus prensa son casual y por la noche, apuesta clara del diseñador, los trajes son largos de inspiración romana, en blanco, negro y toques dorados. Especial la revisión que hace del clásico esmoquin, que en una de sus versiones aparece con pantalón de lamé negro y en otra con chaqueta blanca de algodón tecnológico.

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