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La mujer que enseñaba a las mujeres

Su relato parece mentira y, sin embargo, no puede ser más cierto. Petronila se dedica a que las mujeres de su país, Guatemala, sepan que tienen derechos.

Petronila Morales, ayer, en Zaragoza.
La mujer que enseñaba a las mujeres
JOSé MIGUEL MARCO

La historia de Petronila Morales es completamente extraordinaria. Nació, estudió, hizo su carrera, se casó y se puso a trabajar. A primera vista, no parece algo singular, pero sin duda lo es. Porque Petronila ha hecho todo esto siendo guatemalteca e indígena. Y ahí radica la diferencia.

Ella reconoce que no es fácil, que hay muchos obstáculos, no solo económicos, en el camino. Por ejemplo, cuando empezó Primaria. "No sabía español y las compañeras me levantaban la falda de mi traje indígena a ver si llevaba ropa interior", recuerda. Poco a poco fue habituándose y llegó al Bachillerato, que en su país consiste en una suerte de carreras profesionales a nivel técnico. Ella eligió secretariado bilingüe. Solo había cinco mujeres y dos no lo lograron. "Para mí, representó mucho. ¡No sabía bien español y tuve que lanzarme al inglés! Además, la gente me decía que era muy difícil, que no lo lograría", cuenta. Después, ingresó en una universidad privada y estudió comunicación, y la acabó estando embarazada. Tuvo que recorrer este largo camino para darse cuenta de algo: "Las mujeres tenemos mucho que decir, valemos, tenemos potencial".

Algo tan obvio no es compartido en su país, donde la situación de la mujer, especialmente en las zonas rurales, es de una total sumisión. Así que en ello está Petronila, dentro de un programa desarrollado por distintas instituciones y ayudado por Intermón Oxfam, contándole a las mujeres algo que parece mentira que aún sea necesario decir: las mujeres tienen derechos. "Lastimosamente, tenemos una larga historia en Guatemala. El conflicto armado influyó en la exclusión social y las mujeres no tienen acceso a la salud, a la educación?", relata Petronila.

Y eso ¿cómo se cambia? "Pues muy poco a poco, es un trabajo de hormigas. Primero, hay que fortalecerlas y capacitarlas. Les enseñamos la diferencia entre sexo y género o qué es la violencia, porque muchas no se sienten en absoluto violentadas cuando les gritan sus maridos o sus hijos. Lo ven normal", descubre esta activista. Petronila trabaja a través de talleres, en los que se infunde autoestima a las alumnas, y campañas de promoción que llegan hasta la radio, donde se abordan estos asuntos a través de "sociodramas".

Por si fuera poco, un nuevo problema surge cuando se topan con las autoridades de Justicia. En el juzgado, no son atendidas, porque no son conscientes de que la violencia contra ellas se pueda denunciar. Por eso, este programa en el que Petronila trabaja, que se llama "Mujeres mayas ejercen su derecho a una vida libre de violencia y discriminación", también está tratando de insertar a los operadores de justicia. "Aunque hay que idear estrategias para ello fuera de la burocracia -comenta-, como en una conversación casual o tomando un café".

Son muchas las trabas, pero cada pequeño paso es celebrado. "Vienen señoras mayores y dicen, con pena, que si hubieran sabido antes de sus derechos, hubieran estudiado, no hubieran tenido tantos hijos? Pero por lo menos van logrando su propio espacio y es un patrimonio que irán dejando a sus nietas", señala Petronila. Y, lo más importante, gradualmente notan en ellas un incipiente liderazgo. "Somos nosotras las que tenemos que cambiar nuestra historia", resume.

Ayer, compartió sus experiencias en Zaragoza, en la Casa de las Culturas, junto a representantes del Instituto de la Mujer. Es su última parada de un largo periplo español en el que ha tratado de mostrar el largo camino que aún le queda en su país a los Derechos de la Mujer. Y ya piensa en el retorno, y en el trabajo que le espera. "Lo importante es que se encuentren con ellas mismas y saquen las heridas de su corazón", concluye.

"Las mayores me dicen que, de haberlo sabido, hubieran estudiado o no hubieran tenido tantos hijos"

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