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La invasión de los patos XXL

La costumbre de echarles pan degenera con galletas, patatas o jamón de york. Las aves engordan e, incluso, sufren colesterol.

Una mujer da de comer a un palmípedo en los lagos junto al embarcadero, en el Parque del Agua.
La invasión de los patos XXL
PEDRO ETURA/A PHOTO AGENCY

Pasamos muy buenos ratos, echando pan a los patos. Pero, ¿y los patos? ¿Se divierten de igual manera? Las migas y los corruscos, aunque no formen parte de su dieta natural, los degluten sin rechistar. Más apuros pasan con las patatas fritas, los 'bollicaos' o los ganchitos radioactivos con los que algunos visitantes, envalentonados, los agasajan. En el embarcadero del Parque del Agua hay quien, incluso, se anima a echar a los patos jamón (de york, que son tiempos de crisis) y tanta generosidad puede trastocar los hábitos alimenticios de estas aves palmípedas y provocarles colesterol.

"El colesterol no es otra cosa que un tipo de grasa, un lípido que participa en muchos procesos fisiológicos", comenta Pedro Gimeno, director técnico del Acuario de Zaragoza, que explica que los patos no deberían comer cantidades ingentes de grasas saturadas. De estas hay en las galletas que el chaval decide compartir como merienda con los animales o en los caramelos que las ancianas sacan del bolso para ver si a los patos les gusta el dulce. Los camareros de las terrazas del Parque del Agua relatan todas estas escenas, contando que más de una vez han facilitado pan a los visitantes del recinto para que no ceben a los patos con bollería industrial.

"A los perros, si les das azúcar se quedan ciegos. Los patos acostumbran a alimentarse de plantas acuáticas y no sé yo si otras viandas pueden hacerles algún bien", comenta José Antonio Pínzolas, miembro de la Asociación Naturalistas de Aragón (Ansar). Este especialista recuerda que en Zaragoza existe una ordenanza (aunque se hace la vista gorda) que impide alimentar a las palomas, pero que no afecta a todas las aves. En otras ciudades, sin embargo, sí se ha vetado la práctica, justificando que los restos de alimentos puedan provocar plagas y hacer proliferar cucarachas o ratas en los ríos. "Eso ya está pasando en el Canal Imperial y en otros entornos fluviales", comenta Pínzolas, apuntando que en el embarcadero del Parque del Agua está prohibido nadar y pescar, pero no echar comida a los patos. La dieta correcta de patos, ocas y gansos -que, por cierto, fueron castigados y retirados en 2007 de muchos estanques municipales por temor a la gripe aviar- se fundamenta en cereales molidos como "maíz, trigo, avena u otros que también están incluidos en el pan", comenta el veterinario Miguel Ángel Marugán, que explica que los patos no son carnívoros y tampoco del todo omnívoros, porque sí comen insectos o pequeños peces. Además, tampoco es extraño verlos tragando piedras para moler el alimento acumulado en sus mollejas.

A este respecto, el tema del 'colesterol de pato' da para mucho cachondeo. Leer que los egipcios ya los cebaban hace 3.500 años para aumentar sus hígados y obtener 'foie gras' hace sonreír al personal, que especula con que los amables visitantes del parque no sean en realidad sino ejecutivos encubierta de alguna marca de patés. Otros dicen que habrá que obligar a los patos a hacer 'spinning' para conseguir que las 'Daisys' del estanque vuelvan a ponerles ojitos.

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