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Sociedad
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LA RESACA DEL PILAR

La escasa presentación del toro y el poco tacto presidencial arruinaron la feria

La no concesión de la segunda oreja a José María Manzanares, autor de la mejor faena, pone en entredicho a los presidentesEl cierre de la temporada ha estado marcado este año por las sustituciones

La escasa presentación del toro y el poco tacto presidencial arruinaron la feria
La escasa presentación del toro y el poco tacto presidencial arruinaron la feria
CARLOS MONCÍN

A este cuento de temporada le queda un último capítulo. El próximo domingo, la Misericordia apagará sus luces de neón y dormirá el silencio frío del invierno. Antes de apagar la luz, saltarán al disperso ruedo utreros de Antonio Palla, que serán lidiados por el francés Patrick Olivier y Esaú Fernández, triunfador del reciente Zapato de Oro de Arnedo. Debutará con los del castoreño el novillero zaragozano Miguel Cuartero.

 

La feria recién concluida no pasará a la historia. No la ha tenido. La incesante caída de carteles de toreros que debían haber rubricado su temporada y el remiendo continuo de las ganaderías, han disipado la relevancia que Zaragoza ha ido perdiendo en los últimos años. La feria estaba cogida con alfileres, con pespuntes largos y de color oscuro. El planteamiento no era el correcto. La repetición de hierros como La Campana, Parladé, Puerto de San Lorenzo y el experimento de Montalvo, hacían presagiar que, forzosamente, sería un desastre. Si a ello unimos que se dejaban para el final, como plato fuerte, las divisas -siempre imprevisibles- de Dolores Aguirre y Miura, el fracaso estaba más que asegurado. Del resto, pues, como estaban 'fabricadas' a escala de las figuras, sabíamos que no iban a ser terroríficas de presentación. Así fue y así salieron.

 

El malestar crecía por momentos entre la autoridad y los equipos veterinarios, que veían como todo lo que salía de los camiones, no cumplía con el requisito exigido para esta plaza considerada de primera: el trapío. Divisas como Garcigrande y Alcurrucén volvieron a la finca sin opción. Impresentables. Este hecho, por inverosímil, demuestra que algo falla en la estructura de Taurodelta. O no tiene veedores, o debe cambiarlos, porque no conocen el gusto de Zaragoza. En conjunto, a la feria le ha faltado ese sello personal, inconfundible, de seriedad y presentación. Alguien se lo ha pasado por el forro. Por la patilla.

 

Los medios nacionales, relacionados con Taurodelta por motivos económicos televisivos, buscaron el chivo expiatorio en los presidentes, ya que no podían, ni debían, hablar en negativo de la feria. Los presidentes se molestaron y perdieron el rumbo en la concesión de orejas que, sin tele de por medio, no hubiesen regalado. Fueron carne de cañón.

 

De los toreros poco que comentar. Cinco sustituciones por la vía de apremio. Algunas lógicas. Otras en el aire duda. Partes médicos bajo sospecha de aumento de sueldo, o más comprensiblemente, porque los toros no eran de su gusto. Para el recuerdo un memorable pasaje en la faena de Manzanares a un buen toro de Salvador Domecq, al que debió matar mejor y evitar así toda discusión. De nota alta acaba Talavante, del que dicen va a ser apoderado por Taurodelta. Bien Ferrera con las banderillas en dos pares de escalofrío y Manolo Sánchez en fase de torero antiguo. Sí, pero no, los Morante, Perera, Pinar y Fandi. En el cajón del olvido, el resto. Esplá dijo adiós de la peor forma que pudo hacerlo: con tristeza y sin suerte. Suspenso a la feria y a la empresa. Debe cambiar, o si le viene grande, irse.

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