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Sociedad
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UN HOGAR DE CUENTO

La casa de los muñecos

El zaragozano Martín Larena ha convertido la fachada de su solar en Valdefierro en un museo del peluche.

Martín, delante de su propiedad, en la avenida de los Volcanes de Zaragoza, que con paciencia y dedicación va cubriendo de muñecos.
La casa de los muñecos
ESTHER CASAS

La de Hansel y Gretel era de chocolate. Los hermanos vieron una casa tan deliciosa que no pudieron sino entrar a comerse un cacho. En 'Los tres cerditos', el lobo sopló y sopló y derribó las construcciones que estaban fabricadas de paja y madera. Pero no la de piedra, que había costado más de terminar.

El solar que está en el zaragozano barrio de Valdefierro también es de cuento: toda su fachada está llena de peluches. Pero su dueño no es un cuentista, ni mucho menos. Eso sí, es todo un personaje? Martín Larena, de 82 años, lleva tiempo coleccionando muñecos. Pero, en vez de guardárselos para él, decidió compartirlos con sus vecinos. Y al revés: en cuanto comenzó a juntarlos, hace cosa de un año, y a instalarlos en la fachada de su solar de la avenida de los Volcanes de Zaragoza, los habitantes del barrio empezaron a darle más y más. "Todos los que me traen los coloco. Y a la gente le encanta. Se sacan fotos, los niños vienen a verlo? La llaman la casa de los muñecos. Algunos me dicen que estoy mal de la pelota y otros, que me van a hacer un monumento. Por lo menos demuestro sentido del humor", se defiende Martín.

Quizá su trabajo en la construcción, al que dedicó toda su vida laboral, le ha ayudado a la hora de distribuir los juguetes, muchos de ellos anudados a largos palos de madera que se elevan por encima de la casa. Pero no solo eso. "En tiempos -recuerda-, hacía figuras de escayola. Pero esas no las puedo poner, que se rompen. La verdad es que hay que tener mucha paciencia? y un poco de miedo cuando me pongo a colocarlos". Y lo hace con detalle y dedicación. Lava los que se ensucian, pinta los deteriorados y hasta los embellece con atrezzo. "A alguno le he puesto bigote y a otro, incluso, un arma, como diciéndole a los coches que se paran por aquí: 'Cuidado, que disparo", bromea. Le gustaría seguir con esta afición, pero no siempre puede. "Tengo bastantes más, pero no los saco a la calle, porque los roban o los tiran", lamenta.

Mientras en el exterior saludan al visitante los protagonistas de 'South park' o la rana Gustavo, dentro de su solar tiene a sus animales. Actualmente, palomas. Antes, muchos otros. "Tuvo conejos y también un cordero, que recuerdo que nos acompañaba a las manifestaciones por reivindicaciones en el barrio", cuenta su amigo Eduardo Picazo. Ambos están hoy unidos en otra causa: la conservación del parque situado en el antiguo reformatorio, justo enfrente del solar de Martín, y en el que la DGA promueve la construcción de viviendas de protección. Allí se juntan diariamente con otros tantos vecinos, de guardia para defender el espacio. En cada uno de los pinos han colocado pinturas de lápidas, que contribuyen aún más a dotar a la zona de un aspecto de escenario teatral. "Una casa como la de Martín no sería posible en otra parte de la ciudad -opina Eduardo-. Cuando llega el buen tiempo, saca las palomas a beber, los niños juegan, los abuelos toman el sol?". Un panorama que solo podía vivirse alrededor de la casa de Martín, la de los muñecos.

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