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RECIBIDA COMO UNA HEROÍNA

La abuelita trotamundos

Una sexagenaria británica regresa a casa después de dar la vuelta al planeta a pie durante cinco años, superando mil penalidades.

La entrañable Rosie fue recibida este martes como una heroína en el apacible pueblecito de Tenby, al sudoeste de Gales.

Llegaba a su casa en muletas, con la cadera fracturada, fatigada, extenuada, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Feliz, porque, tras pasar por mil desventuras, había cumplido su misión de dar la vuelta al mundo a pie. 32.000 kilómetros recorrió la abuelita, de 61 años, a ratos corriendo, a ratos caminando, en su travesía por el hemisferio Norte. A su llegada, Rosie Swale-Pope brindó con champagne rodeada de los suyos, entre aplausos y vítores, mientras definía la hazaña como «una carrera divertida que se fue de las manos», haciendo alarde de una humildad pasmosa.

 

La aventura se había iniciado un lustro atrás. El mismo día en que cumplía 57 años, una edad en la que la mayoría de los mortales encaran una sosegada jubilación, Rosie decidió lanzarse a recorrer mundo. Su marido había fallecido recientemente víctima de un cáncer de próstata, y sintió que era el momento de sacarle el máximo jugo a su existencia. «La muerte de Clive me enseñó el preciado valor de la vida, lo breve que puede llegar a ser, lo importante que es aprovecharla mientras uno pueda», explicó la galesa.

Con el viaje, además, pretendía concienciar sobre la prevención del cáncer. «Si logro difundir el mensaje de lo importante que es hacerse controles médicos preventivos, todo este esfuerzo habrá valido la pena», declaró. No ha sido una travesía fácil. En su largo recorrido por el Norte de Europa, Rusia, Estados Unidos y Canadá, la británica durmió casi siempre en tienda de campaña, sufrió de neumonía y congelación, fue embestida por un autobús y tuvo que sortear la amenaza de osos, lobos y ladrones. En Siberia, un malhechor la amenazó con un hacha, y tras una caída fue arrastrada por las aguas de un río, inconsciente, al borde de la muerte. Pero Rosie relativiza todas esas hazañas. «Sí, reconozco que ha habido momentos muy duros, en los que mi vida ha estado en peligro, pero hay mucha gente que tiene que afrontar situaciones mucho más difíciles en sus actividades cotidianas», razonaba la intrépida señora, abuela de dos niños.

«Simplemente me siento afortunada por haber tenido la oportunidad de hacer algo así, por haber gozado de esta sensación de libertad, que me ha permitido ver el mundo desde una perspectiva distinta. No todos pueden llegar a experimentar algo parecido».

Ayudada con muletas

En la última etapa del viaje tuvo que ser hospitalizada para recuperarse de varias fracturas, un suceso que calificó de «emocionante». «Estoy contenta de haberme roto la cadera justo ahora, porque ha conferido más emoción a este último tramo del trayecto», aseguró. Rosie convenció a los médicos del hospital para que la dejaran marchar, aunque no estuviera completamente recuperadas, y pudo terminar el recorrido con la ayuda de unas muletas. Entre los vecinos que le dieron la bienvenida se encontraban sus dos hijos. James, de 37 años, señaló que se sentía «muy orgulloso» de ella; Eve, de 39, alabó la fortaleza de Rosie, una mujer que «nunca permite que las adversidades entorpezcan su camino». Su madre le daba la razón con esta reflexión: «Cuando quieres algo, realmente tienes que ir a por ello, y no dejar que la edad te lo impida. Aunque tenga 61 años, me siento como si tuviera 26»

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