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RELIGIÓN

Isidoro Miguel García: "La Segunda República provocó a la Iglesia"

El archivero del Cabildo de Zaragoza publica un estudio sobre la persecución religiosa durante la guerra.

"Testigos de nuestra fe. La persecución religiosa en la Archidiócesis de Zaragoza (1936-1939)". Con este título, Isidoro Miguel García, archivero-bibliotecario del Cabildo Metropolitano de Zaragoza, acaba de publicar un estudio en el que repasa los asesinatos y agresiones sufridos por los religiosos de la diócesis durante la Guerra Civil. En su recorrido, Isidoro Miguel García, que ha coordinado las aportaciones de casi una veintena de historiadores, habla tanto de personas -sacerdotes y religiosos-, como de cosas -iglesias y conventos destruidos-. "Lo único que hemos pretendido -subrayaba- ha sido recuperar la memoria de 77 sacerdotes, 28 religiosos, 9 seminaristas y varios seglares que dieron la vida por su fe en Cristo durante la guerra. Hasta ahora han sido sangre sin Historia".

El coordinador del libro lo presentó ayer acompañado de Elías Yanes, que fue quien se lo encargó cuando era arzobispo de Zaragoza. Isidoro Miguel García aseguró que era consciente de que la obra "generará polémica" y, de hecho, su intervención estuvo jalonada de frases controvertidas. "En lo que se ha escrito sobre la Guerra Civil hay un predominio de la historiografía frentepopulista que iniciaron los historiadores del exilio -dijo-, y que han continuado luego otros especialistas, como Santos Juliá o Julián Casanova. Y esa historiografía ha repetido afirmaciones que no son ciertas. La Iglesia española no fue hostil a la Segunda República, más bien se puede decir que la II República provocó a la Iglesia. Prefirió el camino de la revolución al de la evolución. Hay muchos que no piensan así, pero los hechos son tercos y lo demuestran".

El homenaje a Durruti

Isidoro Miguel García criticó el hecho de que la Universidad de Zaragoza amparara en tiempos recientes un homenaje a Durruti. "Los sacerdotes que aparecen en el libro no tuvieron el mismo homenaje. Si esto hacen con el verdugo, Durruti, ¿no es más justo hacerlo con las víctimas? El que mata un hombre no mata por una ideología, lo que hace es matar a un hombre". En su intervención, recordó la definición de Madariaga de que la persecución religiosa fue "un vendaval de sangre y fuego", y defendió la postura de la Iglesia que, según dijo, "no tuvo otro remedio que ponerse en las manos de quienes la defendían".

El libro está en gran parte basado en los informes y testimonios enviados al arzobispo Rigoberto Doménech en 1938 por los sacerdotes de las 168 parroquias situadas en la zona republicana durante la guerra. "En esas fuentes, los testigos prestaban testimonio bajo juramento, así que son fiables", dijo. Los autores de la obra han realizado un arduo esfuerzo por conseguir todo tipo de datos sobre los religiosos asesinados. Un capítulo especial merece el bombardeo del Pilar, del que se ofrece documentación inédita. El libro recuerda, además, que también la Seo fue bombardeada.

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