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Huertos sociales en los Monegros

Alberuela de Tubo reparte parcelas que estaban yermas para que los vecinos puedan cultivar sus hortalizas

De izquierda a derecha, Ismael Penella y Victoria Gabarre, con Mª Carmen Martínez y José A. Tortosa en el huerto de los primeros.
Huertos sociales en los Monegros
p. puértolas

ALBERUELA. Bajo el sol de los Monegros, una veintena de personas, entre ellas, jubilados, inmigrantes o familias de ciudad trabajan jada en mano en las afueras de la localidad de Alberuela de Tubo. Forman una auténtica comunidad de hortelanos, que nació a finales del pasado año y que resulta de la creación de doce huertos sociales impulsados desde el Ayuntamiento. El punto de reunión, a 200 metros del casco urbano, es una finca municipal que concentra una gran actividad, especialmente los fines de semana, y que hasta ahora estaba yerma. El consistorio, ante la demanda vecinal, decidió dividirla en parcelas de 800 metros cuadrados y cederla a los vecinos interesados en cultivar su propio huerto.

José Antonio Tortosa y Mari Carmen Martínez, matrimonio asentado en Zaragoza, reconocen que "no sabíamos ni hacer un surco, pero ya hemos recogido los primeros productos y tienen un sabor riquísimo". En su empeño, han contado con la ayuda de Ismael Penella y Victoria Gabarre, vecinos de linde y experimentados hortelanos de Alberuela. El matrimonio, ya jubilado, solicitó la parcela dada la cercanía al pueblo y la facilidad que ofrece el riego a goteo. Cultivan hortalizas para ellos y sus hijos, y todavía les resta tiempo para ayudar a José Antonio y Mari Carmen. "Nos han enseñado a plantar, a empalar las tomateras y hasta nos riegan el huerto entre semana. Tenemos mucha ilusión, ya que nuestros hijos disfrutan del pueblo, comen sano y mantienen un contacto directo con la naturaleza".

La relación de ambos matrimonios es solo un ejemplo de los objetivos indirectos de este pionero proyecto. En un principio, la idea del Ayuntamiento era atender una demanda vecinal y favorecer el asentamiento de la población. No obstante, la implicación de las familias ha multiplicado los fines iniciales y en la actualidad, el proyecto ha favorecido la creación de una auténtica comunidad vecinal, en la que prima el compañerismo, la convivencia entre generaciones e, incluso, una sana competencia.

En este espacio, los niños también son protagonistas. Así Quique, de 8 años de edad, y su hermano Raúl, de 14, viven en Zaragoza y cada fin de semana acuden ilusionados a cultivar su huerto. Dentro del núcleo familiar, el que sabe, tal y como reconocen, "es el abuelo". A su lado, una margen más arriba, se encuentra Simón, natural de Rumania, que exhibe orgulloso sus primeras sandías. Entre los beneficiados hay jubilados, inmigrantes y familias de la ciudad

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