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HERALDO ABIERTO

"Hay que disfrutar más de nuestro río"

José Espona Vila, zaragozano de 53 años, ha podido navegar en piragua por las aguas del río Ebro, gracias a Heraldo Abierto. El recorrido partió de Alcalá de Ebro y concluyó en la localidad zaragozana de Cabañas de Ebro

Es una pena que la gente no conozca lo que tenemos en Zaragoza. Es cierto que la Expo se está abriendo al Ebro, pero es necesario que ahora seamos los ciudadanos quienes nos acerquemos al río porque no somos conscientes de lo que nos perdemos". Estas fueron las palabras con las que José Espona Vila, zaragozano de 53 años, quiso definir su viaje en piragua por el Ebro.

"Lo cierto es que no esperaba que me tocara semejante viaje. Vi que lo sorteaban en el periódico y probé a participar. Me siento afortunado de poder vivir esta experiencia porque tenía muchas ganas de descender en piragua por nuestro río. Una vez navegué por el Ebro, pero de eso hace ya 23 años", explicaba Espona cuando atendió la llamada que le comunicó que era el ganador del viaje en piragua por el Ebro que sorteaba Heraldo Abierto.

La emoción y las ganas del premiado eran tales que, tan sólo, dos días después y con la ayuda de la empresa Ebronautas, la actividad estaba organizada.

Hora, las 10.00, y lugar, Cabañas de Ebro. Las ganas y la ilusión de José Espona, biólogo de profesión, se vieron truncadas por la climatología: "No esperábamos que fuera a llover tanto, así que sintiéndolo mucho, habrá que dejarlo para otro día", dijo Óscar Alamán Casbas, uno de los socios de Ebronautas.

Tres días después y, a pesar de que el caudal del río superaba con creces su nivel habitual, la aventura daba comienzo. "Normalmente no salimos con tanto caudal pero, vamos a hacer una excepción porque merece la pena conocer el río cuando hay crecida", comentaba minutos antes de la salida Néstor Jiménez Torrecilla, socio de Óscar Alamán y guía ambiental.

Pantalón corto, chubasquero, calzado cómodo, cámara de fotos… Cuando José Espona comprobó que todo estaba en orden, se colocó el chaleco salvavidas y ayudó a los guías, como uno más, a bajar de la furgoneta las piraguas. "Qué ganas tengo de meterme. Es que está precioso. ¿Has visto cuánto caudal baja? No nos va a hacer falta ni remar", decía emocionado. Tan sólo un par de minutos después, y tras haber ajustado los pies en la piragua, José y su guía Néstor, se dispusieron a descender. "No tiene nada que ver el río desde la orilla que desde una piragua. Esto es un placer", comentaba el premiado.

A pesar de que José Espona Vila, amante de los deportes de aventura, ya contaba con experiencia en bajadas de aguas bravas, su emoción parecían la de un principiante. "Esto es inexplicable", decía.

Como pez en el agua

Los aventureros comenzaron su ruta en Alcalá de Ebro, localidad en la que se inspiró Cervantes para crear la Ínsula Barataria, y que fue gobernada durante un corto periodo por el conocido escudero Sancho Panza. "Precisamente por su proximidad al río y por su ausencia de relieve, Alcalá se convierte en una ínsula cada vez que el río crece inundando sus campos; sólo la presencia de los muros de protección impiden que el agua llegue al casco urbano", comentaba minutos antes de la salida, uno de los guías.

El destino, Cabañas de Ebro (Zaragoza) "a unos doce kilómetros de aquí, más o menos", decía Óscar Alamán. Una vez dadas las explicaciones oportunas acerca de cómo coger los remos y de cómo frenar, "que quizá nos haga falta porque hay bastante corriente", decía Néstor Jiménez, y las recomendaciones previas, las piraguas de Ebronautas tomaron el Ebro.

"Qué bonito. Es una maravilla. ¿Habéis visto el contraste de colores de los árboles?", decía el galardonado, quien no dejó de preguntar en todo el trayecto al guía que le acompañaba. Bien por su profesión, o bien por curiosidad, José Espona, conocedor de toda la fauna que sobrevolaba el cielo sobre el Ebro, mostraba su satisfacción e instistía en sentirse "afortunado por vivir la experiencia", explicaba.

"Estamos en Zaragoza y no somos consciente de que la riqueza vegetal que tenemos gracias al Ebro es alucinante", argumentaba José Espona. Y no le faltaba razón: patos, cigüeñas, abejarros y un sinfín de aves "forman parte de nuestra compañía en cada viaje", decía Óscar Alamán, guía de Ebronautas. "En estos escarpes los abejarros hacen sus nidos", comentaba Néstor. "Es verdad. Pero qué pasada, cuántos hay y con qué claridad se distinguen los colores. Mira, mira ese cómo se ha posado sobre la rama", exclamaba Espona.

Sin parada ni fonda por el caudal

A mitad de recorrido y pasada la localidad de Remolinos, el grupo de piragüistas intentó tomar un tentempié en un merendero que, debido a la crecida, se había inundado. "Es una pena porque además, por aquí hay alguna playa que merece la pena ver", decía Néstor Jiménez. Cuestión que no le penó demasiado a José Espona que seguía concentrado en el paisaje. "Es un pasada ver lo que tenemos delante, pero es increíble observar lo que dejamos atrás", comentaba. Tras parar algunos minutos para escuchar el canto de las aves, las piraguas siguieron por su cauce. "Apenas hace falta remar. Como hay tanto caudal", decía Espona.

Pocos minutos después, las casas de Cabañas comenzaban a disiparse. El fin de trayecto se acercaba y José comenzó a expresar sus sensaciones. "Tenía muchas ganas de hacer este recorrido y me ha parecido espectacular. Es una sensación maravillosa. Qué pena que esto no se conozca cómo debería. Todo el mundo debería probarlo. Me quedo con ganas de más", decía ilusionado.

Cerca de dos horas y media después de haber comenzado el descenso, los piragüistas volvieron a poner los pies sobre la tierra. "No es, ni mucho menos, de las mayores crecidas que ha habido en Cabañas de Ebro, pero sí hemos de reconocer que el Ebro baja bastante alto", concluía el guía Óscar Alamán.

Una vez guardados los chalecos, cargadas las piraguas de más de 4 metros en las que se realizó la ruta, y recuperado el calzado seco, la aventura puso el punto y final con "la satisfacción de haber podido disfrutar de una mañana sobre las aguas del río Ebro", según palabras de José Espona Vila.

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