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Gallos y gallinas expían los pecados de los judíos en vísperas de Yom Kipur

"Este es mi cambio, este es mi sustituto, esta es expiación", murmuran los fieles judíos mientras dan tres vueltas por encima de sus cabezas a un pollo que minutos después es sacrificado para expiar sus pecados.

Las mujeres utilizan gallinas, los varones gallos y las embarazadas un ejemplar de cada uno en el ritual del Kaparot (Expiación), que se ejecuta en los días previos a Yom Kipur, la jornada más solemne del judaísmo, destinada al arrepentimiento y la petición de perdón.

En la última semana y hasta el inicio el atardecer del domingo del "Día del Perdón", miles de gallos y gallinas son degollados en Israel para recordar a los creyentes que, en cualquier momento, Dios puede quitarles la vida en pago por sus pecados.

"En este momento del año, que es nuestro Año Nuevo Judío (Rosh Hashaná), una de las cosas que hacemos es tratar de empezar una nueva vida y reflexionar sobre lo que hemos hecho en el pasado", explica a Efe minutos antes de hacer su Kaparot el judío de origen estadounidense Menachen Persoff.

"Cogemos una gallina, o dinero en representación de la vida, y decimos: 'En vez de que yo sea castigado y destruido en este mundo, deja que sea esta gallina'. Y entonces tenemos que pensar que cuando esa gallina muere, podríamos haber muerto nosotros en su lugar", añade.

Para él, el Kaparot es una oportunidad para: "Ser mejores personas, pensar en las cosas que hicimos mal y hacer las cosas mejor en el futuro".

En el ritual, un matarife sostiene por las alas con la mano derecha el ave elegida (que debe ser blanca, para simbolizar la purificación del pecado) y le da tres vueltas sobre la cabeza del penitente al tiempo que pronuncia una bendición en hebreo.

Inmediatamente después, los animales son degollados de un rápido y certero movimiento con un cuchillo afilado cuya hoja no ha de tener la más mínima mella, siguiendo los preceptos judíos de la "kashrut".

Los penitentes suelen donar los pollos sacrificados a la caridad si su situación económica es buena, pero si no lo es se llevan el pollo muerto a casa para comérselo.

Algunos critican que las aves sean ingeridas o entregadas a los pobres, al entender que los pecados de quien toma parte en el ritual han sido transferidos al animal y, por tanto, éste no debe ser comido.

Tras el ritual, las vísceras de las aves deben colocarse en algún lugar donde puedan servir de alimento a otros pájaros, con el fin de demostrar piedad hacia todas las cosas vivas.

"En las Kaparot rezamos para ser perdonados. Nos mostramos avergonzados ante Dios y recordamos que él nos puede quitar la vida, pero que nos da la oportunidad de pedir perdón", apunta la ultraortodoxa judía Devorah Leah.

Para ella, esta tradición ayuda a "pensar con mayor profundidad" sobre uno mismo y sus actos.

En la antigüedad, el Kaparot se realizaba con cabras, lo que dio origen a la expresión de ser un "chivo expiatorio".

Hoy en día no se utilizan mamíferos, aunque si no se puede o no se quiere utilizar pollos estos pueden ser sustituidos por cualquier otra ave, a excepción de las palomas (para no recordar los ritos de sacrificio en el templo), e incluso por un pescado.

También son muchas las familias que hacen las Kaparot con dinero que luego es donado a los pobres.

El hecho de que los rabinos permitan que el rito se celebre sin necesidad de matar animales es el principal argumento de las organizaciones defensoras de los animales contra esta práctica, que consideran cruel y abusiva.

"Muchos religiosos argumentan que no hay motivo para hacerlo con dinero cuando se puede matar a una gallina, porque éstas no sufren. Pero no es cierto: todo el mundo sabe que los animales tienen sentimientos y quieren vivir, igual que nosotros", dice Gen Peretz, una joven estudiante vegetariana que se manifiesta en Jerusalén contra el uso de animales vivos en las Kaparot.

Frente a esta postura, los seguidores de la tradición como Leah argumentan que "los animales están en la tierra para ser utilizados por los seres humanos, siempre que sea de modo correcto", y que comerse "los animales que Dios nos ha dado es una forma de hacer que el mundo sea más espiritual".

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