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Sociedad

SALUD

En busca del bronceado ¿perfecto?

La moda de exponerse al sol de forma exagerada ha multiplicado en España por diez, en los últimos 20 años, los casos de cáncer de piel. El sol es beneficioso, pero en su justa medida.

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En busca del bronceado ¿perfecto?

Cuando lea este reportaje, puede que usted esté al sol. Bien sea en la playa, en la piscina o en una terracita cerveza en mano. Estará recibiendo los rayos solares casi con ansia, calentando el cuerpo tras los rigores del invierno. Deseando que su piel se broncee para verse más favorecido, más acorde con la estación que está a punto de llegar. Pero, hágase estas preguntas. ¿Está usted realmente protegido frente a esta agresión contra su piel? ¿Sabe que se está exponiendo a una lesión cutánea que puede ser, incluso, mortal?

Sin ánimo de alarmar, sino de recordar la importancia de moderar la incidencia, por otro lado beneficiosa en dosis controladas, de los rayos del llamado astro rey sobre usted, es conveniente recordar que la moda de exponerse al sol de forma exagerada y episódica en verano ha multiplicado en España por diez, en los últimos 20 años, el número de casos del melanoma avanzado, el tipo de cáncer de piel más mortífero. Y hoy, día europeo para la prevención de estos tumores, no está de más hacer unas recomendaciones.

"La gente tiene la idea equivocada de que el sol solamente perjudica cuando lo toma vuelta y vuelta, pero no es consciente de que se trata de una radiación continua, que no distingue lo que se está haciendo, si tostarse en una playa o pasear por la calle". Quien así habla es María Luisa Zubiri, jefa del área de Dermatología del Hospital Miguel Servet de Zaragoza y entusiasta defensora de la necesidad de educar sobre los riesgos del sol desde la infancia. Ahora que se sabe, explica, que las quemaduras sufridas de niños pasan factura a la larga, es necesario que sean los propios padres los que conciencien a los pequeños de la necesidad de una protección adecuada, sobre todo si tienen la piel blanca y los ojos y el cabello claros. Así, cuando lleguen a la adolescencia, una edad peligrosa porque ya van solos a playas y piscinas y nadie vigila si se protegen o no, tengan ya adquirido ese hábito que tanto les beneficiará en el futuro.

Porque, ¿qué ocurre cuando nos bronceamos? Al exponernos a los rayos solares la piel se defiende de esta agresión externa activando los melanocitos, unas células que hacen de escudo para que la zona más profunda de la piel, la dermis, no sufra. En las pieles morenas, las que se broncean con facilidad y no se queman, la barrera es más densa porque se generan más melanocitos. En las pieles blancas, sin embargo, esta suerte de coraza protectora no funciona de forma tan óptima. "Las personas que se han quemado desarrollarán más tumores de piel porque se han quedado sin defensas", sostiene Zubiri.

Locos por el sol

En este sentido, todos los dermatólogos coinciden en que una de las principales causas de la proliferación del cáncer de piel en occidente es el glamur asociado a la idea de estar moreno como sinónimo de belleza. Esta mentalidad impulsa a muchos hombres y mujeres a tumbarse al sol durante ocho horas un día de verano y luego pasarse otros 40 encerrados en una oficina. "Por regla general, la gente es previsora y se protege, pero siempre hay locos a los que les gusta el sol y lo toman desde febrero. "Están llenos de pecas, llamadas léntigos, que desarrollan con mucha frecuencia cáceres de piel", asegura la doctora Zubiri.

Y es que el sol, recuerda, daña la epidermis. "Hace que aparezcan manchas, aumenta la producción de arrugas, seca la piel y es el primer factor del envejecimiento cutáneo", esgrime.

Por ello, advierte contra los cambios acaecidos en cualquier peca, lunar o verruga corporal, para lo que recomienda chequeos dermatológicos rutinarios. "Cualquier lesión que cambia de color, pica, crece de repente o sangra debe ser tratada y vigilada, porque sobre ella pueden desarrollarse melanomas", explica esta experta. Las lesiones precancerosas que más se tratan, indica, son las costras rasposas al tacto, llamadas queratosis actínicas, que aparecen sobre todo en las zonas más fotoexpuestas, como los antebrazos, el escote o la cabeza, y se tratan con crioterapia en la consulta.

Sin embargo, no todo lo relacionado con el sol es maligno. Más bien al contrario. Es antidepresivo, previene la artrosis y aporta vitamina D, que favorece, explica Zubiri, que se desarrollen menos los tumores como el de pulmón. "En un país tan soleado como España, basta con salir 10 minutos a la calle para absorber esta vitamina", añade. Sin embargo, hay que estar siempre bien protegidos. Al menos, todo lo posible, porque para una protección al cien por cien "habría que salir a la calle con escafandra", razona la doctora.

Pero, ¿qué índice de protección solar es la adecuada? "Nunca menos de un factor 20", responde Zubiri. Aun así, las estanterías de las tiendas están llenas de cremas con factores 2, 6, 8, 12... "Esas no protegen nada", añade la doctora, quien recuerda que la aplicación de estos productos debe hacerse una hora antes de la exposición al sol y ha de repetirse cada hora y siempre después del baño.

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