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METEOROLOGÍA

El verano se despide y deja un otoño más cálido de lo normal

El otoño, que oficialmente comienza este martes, será más cálido de lo normal, especialmente en las regiones mediterráneas, con temperaturas que podrían superar entre 1 y 1,5 grados centígrados los valores medios de esta época del año.

Así se desprende de la predicción estacional realizada por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) dada a conocer en rueda de prensa por su portavoz, Ángel Rivera, quien también ha hecho balance provisional del año hidrológico 2008-2009 y una valoración del verano que acaba.

En cuanto a las precipitaciones, este trimestre se mantendrán, en general, dentro de los valores normales, salvo en Baleares, donde se prevé una ligera tendencia a que el próximo trimestre sea más húmedo de lo habitual.

Aunque ha eludido hablar de 'gota fría', ya que "se entienden diez cosas distintas", Rivera ha precisado que es posible que se registren lluvias intensas en el mediterráneo este otoño, porque "cuando el mediterráneo se pone en marcha puede pasar cualquier cosa".

El jefe de aplicaciones de la AEMET, Antonio Mestre, ha precisado que los embalses se encuentran en estos momentos alrededor del 40 por ciento de su capacidad, inferiores a los valores normales de esta fecha.

No obstante, ha precisado que "es un poco prematuro hablar de sequía en sentido estricto", ya que "va a depender mucho del comportamiento del otoño".

En cuanto al verano que acaba, ha sido extremadamente cálido en toda España y se sitúa como el tercero más cálido desde 1970, sólo superado por los estíos de 2003 y 2005, "en la línea del cambio climático", según Rivera.

Este último trimestre se ha caracterizado también por las escasas lluvias, un 30 por ciento por debajo de los valores normales, lo que le sitúa como el tercer verano más seco del siglo XXI, por detrás de los del 2001 y 2005.

La actividad tormentosa a lo largo del verano ha sido más reducida de lo habitual, si bien se registraron algunos episodios que dieron lugar a precipitaciones de cierta importancia en el suroeste de Galicia, en zonas de levante y en áreas del nordeste peninsular.

Sofocantes meses de verano

En cuanto al balance mes a mes, Rivera ha explicado que junio ha sido un mes extremadamente cálido en la mayor parte de España y las temperaturas más importantes se registraron los últimos días, con algunas "sorpresas", como los más de 41 grados que se alcanzaron en Córdoba.

Julio ha sido también "bastante" cálido, aunque fue relativamente fresco en el noroeste peninsular, y la máxima absoluta se registró en Alcantarilla (Murcia) el día 23, con 45 grados, que fue además la temperatura máxima del verano.

En este mes, además, se produjo un aumento súbito de temperaturas, "un fenómeno curioso que nos sorprende de vez en cuando en el Mediterráneo", y que en esta ocasión ocurrió en Melilla, donde en los últimos días de julio subió y bajó la temperatura trece grados en poco más de media hora.

Agosto ha sido el tercero más cálido desde 1961, sólo superado por los años 1991 y 2003, y lo más destacado de este mes es "la persistencia del tiempo cálido", lo que ha llevado a la percepción de "un verano que no se acaba".

Además, como hecho curioso, Rivera ha resaltado las altas temperaturas registradas en los últimos quince días de agosto. "No recordamos desde los años sesenta una quincena tan cálida como esa".

La primera quincena de septiembre ha sido también en conjunto cálida, una situación que cambió el día 13 con la entrada de masas frías que provocaron un descenso de las temperaturas.

Como no se esperan otras entradas frías hasta finales de mes ni precipitaciones importantes, salvo en Baleares y zonas del litoral mediterráneo, la previsión es que septiembre acabe como un mes "ligeramente cálido".

El año hidrológico, que va desde el 1 de octubre de 2008 a 30 septiembre de 2009, ha registrado un déficit hídrico del 15 por ciento respecto al año anterior, por lo que se puede calificar de "normal, tirando a seco".

En cuanto a la distribución geográfica, se aprecian diferencias notables entre el área mediterránea, que presenta un cierto superávit, y la vertiente atlántica, "con un déficit de precipitaciones" que supera el 25 por ciento.

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