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De vigilia y sin horario de cierre

La capital gallega vivía ayer con recogimiento la víspera de la visita del Papa. Frente a la catedral, todas las miradas se dirigían a la gigante estructura de 15 metros que enmarcará el altar de la eucaristía.

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ayer en el escenario de los actos litúrgicos.
De vigilia y sin horario de cierre
LAVANDEIRA JR/EFE

Compostela espera al Papa con recogimiento y vigilia y sin horarios de cierre en sus establecimientos más céntricos, que no prevén llenar sus locales de más entusiasmo que el habitual debido al gran descenso de viajeros esta semana, quizá por "miedo" ante el gran despliegue de seguridad.

La tarde llegó al centro histórico de Santiago soleada y solitaria, apenas unas decenas de viajeros recorriendo sus calles, vacías las tiendas de recuerdos, incluso de souvenir papales, ausentes los cafés de ajetreo. Los restaurantes, a medio gas, como también los parques, animados por algún músico callejero más en su mundo que en el de los demás.

"Es raro. Había el triple de gente en julio, agosto o septiembre que hoy", explicaron dos agentes de la Policía Nacional que vigilaban la entrada al Obradoiro un día antes de la llegada del Papa.

Lo mismo reveló la encargada del céntrico estanco del Franco al afirmar: "Comparado con la semana pasada, que estaba abarrotado, esto dio un bajón enorme; no sé, puede que por miedo", dijo en referencia al amplio dispositivo de seguridad que protegerá esta visita papal, más de 6.000 agentes, y los inconvenientes que lógicamente genera en cuanto al tráfico y accesos a la ciudad.

Estructura de 15 metros

La plaza estaba más concurrida ayer que el resto de calles aledañas. Sin embargo todas las caras dirigían su mirada, y con ella su atención, a la gran estructura de casi 15 metros de altura que enmarcará el altar donde el pontífice oficiará la eucaristía.

Flashes hacia el altar, algún despistado hacia la catedral y Zapatones, el veterano y perpetuo 'peregrino oficial' de Santiago, aleccionando a un grupo de niños.

Pese a todo, la capital gallega del turismo mantiene el ritmo de su tren, el de la afluencia de pasajeros, mientras recorre las principales calles de la ciudad, de cuyos balcones penden coloridas pancartas que combinan las leyendas "Benedicto XVI, ¡bienvenido!" y "Yo no te espero", reflejo de las contradictorias posturas ante la visita del Pontífice.

Así, una parte de la población quiere expresar su simpatía al peregrinaje del Papa, mientras que una minoría aspira a manifestar su rechazo por estar financiado con dinero público en un momento de austeridad y recorte de gastos.

También hay división de opiniones entre los peregrinos: unos, venidos de Francia y diversos lugares de la península Ibérica, manifiestan su devoción y alegría de llegar a Santiago y coincidir con Ratzinger. En cambio, otros hacen público su malestar porque, tras recorrer cientos de kilómetros durante días, se encontraron ayer con las puertas de la catedral cerradas, por motivos de seguridad.

No obstante, volverán a abrirse mañana, aunque con aforo restringido, para recibir al Papa "peregrino", que según el prefecto de ceremonias de la catedral de Santiago, Juan Filgueiras, pidió visitar Compostela como "peregrino". Por ello, seguirá las mismas tradiciones que los caminantes a su llegada a la catedral: accederá al templo desde la plaza del Paraíso, renombrada plaza de la Inmaculada en 1854 -cuando se declaró este dogma-, porque representaba la llegada de los peregrinos que normalmente recorrían el camino francés.

Con la puesta de sol llegó la animación a tascas y terrazas del centro de la ciudad, con sus locomotoras de castañas, rancheras y percusión, y mimos que evocan formas y personajes de ensueño, de otros tiempos, incluso apostólicos.

La noche liberará de horarios a bares y restaurantes, incluso a supermercados, que podían permanecer abiertos hasta el amanecer, si bien muchos de estos locales ubicados en el casto histórico confesaron que cerrarían como siempre, y los jóvenes aseguraban que vivirían la pasada noche como la de cualquier otro viernes.

En cualquier caso, la noche es larga y sus efluvios pueden hacer cambiar de opinión a algunos, contagiar a otros y disuadir del cumplimiento de promesas futuras al resto, o no.

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