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Sociedad

CONCURSO DE FOTOS DE RÍOS

De puente a puente, a ras de Ebro

Recorremos el Ebro en piragua con los Ebronautas desde el Parque del Agua hasta el nuevo embarcadero de Vadorrey con la ganadora del certamen de fotos de Heraldo Abierto, Nieves Carnicero, y su hijo Mario, de 6 años.

Foto ganadora, tomada el verano pasado en el río Ara, cerca de Broto
De puente a puente, a ras de Ebro
NIEVES CARNICERO

Una tarde de verano, Mario, de 6 años, y una amiga jugaban en el río Ara, cerca de Broto. Su madre sacó la cámara y congeló ese momento. Y ese recuerdo se ha convertido, meses después, en la foto ganadora del concurso de fotografías de ríos de Heraldo Abierto, celebrado a lo largo del mes de mayo. Nieves, zaragozana de 40 años, trabaja de comercial en un laboratorio farmacéutico. Es aficionada a la fotografía pero no se considera una experta.

"Tengo una cámara automática, sencilla. Hace poco me he comprado un libro de fotografía para aprender alguna técnica", afirma. Le gusta hacer fotos, pintar y pasear por el Pirineo. Su marido tiene un hotel en Broto y van todos los fines de semana y en vacaciones. "Me encanta pasar una tarde junto al río Ara, merendando tranquilamente, tirando piedras, bañándonos? Parece que se para el tiempo. Eso es un lujo", asegura.

Una tarde de esta primavera que ya huele a verano, Nieves y Mario se disponen a disfrutar del premio del concurso: un descenso en piragua con los Ebronautas por el Ebro, en Zaragoza. Los Ebronautas son una empresa formada por un grupo de enamorados de los ríos que se dedican a navegar en piragua u otras embarcaciones para mostrar "la riqueza de nuestros ríos y nuestros sotos". Desde 2005, cerca de 20.000 personas han navegado con ellos.

La aventura comienza en el Parque del Agua, con cuatro nociones básicas de remo y Mario vestido de pirata (viene directo de una fiesta escolar). Pasan bajo el primero de los puentes, el del Tercer Milenio, y la piragua se desliza suavemente. "¡La Expo, mamá!", señala Mario, que ya ha perdido el miedo y la timidez. Al fondo espera el Pilar. En mitad del cauce asoman unos hierros, restos del Iceberg.

Es la primera vez que Nieves y Mario se suben a una piragua. "¡Qué bonito! Se ve la ciudad de otra manera y no se oye un ruido. Todos los años para las fiestas del Pilar veía la regata de piraguas desde el puente de Santiago y pensaba 'qué locos'. No me podía imaginar que yo también fuera a montarme en una", afirma Nieves entusiasmada. Del soto de la ribera sale volando una garza, y unos cormoranes vuelan hacia la Expo.

"Desde hace un par de años, vemos gaviotas y cormoranes en Zaragoza. Vienen desde el mar remontando el Ebro", les explica Néstor Jiménez, Ebronauta, geólogo y apasionado de los ríos. Mario hunde la mano en el agua y se imagina que atrapa un pez. "En los últimos años ha mejorado mucho la calidad del agua en el Ebro. Se nota el efecto de las depuradoras. El río tiene su característico color verdoso, pero eso no significa que esté sucio. La turbidez no es contaminación. El río arrastra sedimentos y algas", cuenta Néstor.

Las piraguas dejan atrás el Pabellón Puente y la pasarela del Voluntariado, y se dirigen hacia el puente de La Almozara, cerca de la casa de Nieves y Mario. Néstor les muestra una foto (plastificada) de la Playa de los Ángeles, en los años 70, llena de bañistas. "A ver, Mario, si adivinas dónde estaba esta playa con tanta gente. Aquí mismo", señala la orilla, donde media docena de personas toman el sol.

Con cuatro paladas más y dejándose llevar por el río, los navegantes llegan al puente de Santiago. Por el camino, se cruzan con las boyas amarillas que marcan la ruta para los flamantes Ebrobuses. "¿Cuánto se han gastado en dragar el río? Me parece un sinsentido", apunta la ganadora del concurso de fotos. Néstor defiende su navegación "más natural y sostenible". Los Ebronautas hacen descensos con grupos escolares y con particulares, desde el 23 de abril hasta el Pilar (según las condiciones del río). Recorren tanto el tramo urbano, como otras zonas del Ebro fuera de la ciudad.

El Pilar queda a su espalda, pasan bajo el puente de Piedra y dirigen las piraguas a las isletas que se han formado bajo el puente de Hierro. Patos, cotorras, torcaces, vencejos y golondrinas aparecen entre los matorrales. La naturaleza escondida en el corazón de la ciudad. "El río es mucho más bonito desde abajo que lo que se ve desde arriba", comenta Nieves.

La aventura termina en el embarcadero de Vadorrey, el día su estreno. Nieves y Mario se despiden de Néstor. Ahora se van al Pirineo, al río Ara.

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