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FOTOGRAFÍA

Bisturí, pinza, gasas... y un flash

Lleva 40 años entrando y saliendo de quirófano. Pero no por nada malo: ha sido el fotógrafo del Miguel Servet.

Antonio Gracia, en el que ha sido su hábitat natural las pasadas cuatro décadas. Cámara encima, bata verde y camilla.
Bisturí, pinza, gasas... y un flash
ESTHER CASAS

No es médico, ni celador, ni enfermero... Ni tampoco, afortunadamente, paciente. Aun así, ha pasado los últimos 38 años en el Miguel Servet, entrando a quirófano casi a diario. Y, encima, tan contento. Se acaba de jubilar y ya echa de menos el hospital. "Cumplí 70 y me echaron -dice entre risas-. Pero me hubiera gustado continuar". La adivinanza se acaba: Antonio Gracia ha sido el fotógrafo del centro médico. Y se las ha visto con todos los departamentos, con mil y una operaciones, además de preparar ponencias o publicaciones. Un pionero en la foto de hospital que aún se acuerda de su primera placa. "Era una operación de cráneo. Hicieron un agujero, luego serraron y veía el cerebro", explica. Y no le impresionó en absoluto. Pero es que él, menos mal, no es aprensivo. "Solo cuando se trata de mí. Pero, si lo ves en otros, consideras que simplemente se está arreglando algo que estaba estropeado", considera.

Montó el servicio de la nada, con una cámara que le prestó un médico y, desde entonces, fue creciendo hasta incorporar el vídeo. Y le ha pasado de todo. Aún se acuerda de una niña que fue a visitar a su padre con un pato, y del día que rodó un parto -con el permiso de la interesada-, desde las 22.00 hasta las 4.00. "Las matronas conservan ese vídeo y lo tienen como muestra. Fue muy emocionante". También ha hecho las fotos de todas las acreditaciones del hospital, así que conoce a todo el personal. Y todos le conocen a él, que va saludando como una estrella en cuanto pisa el Servet. "Son unas 6.000 personas, como un pueblo. Me lo he pasado muy bien aquí", afirma.

Pero así como sus compañeros lo reconocen, en la calle no le pasa lo mismo. "He sido un fotógrafo extraño", se define. Y prosigue: "Cuando contaba lo que hacía, la gente me miraba como un bicho raro. Me decían que cómo era capaz de hacer eso. Yo les decía la verdad: en quirófano, apenas se ve sangre, la aspiran. Por ejemplo, si operan una mano, la ponen hacia arriba y la vendan fuertemente", explica.

Su trabajo no ha servido solo como registro o para medios de comunicación. De hecho, se ha aplicado a investigación médica, como en aquella ocasión en la que trabajó con una doctora en una técnica que, a través de la fotografía, mostraba la diferencia de curvaturas en la espalda, sin necesidad de hacer radiografías, o su quehacer en cirugía plástica. "Allí, las fotos son muy útiles; toda su documentación es la imagen". Vamos, que casi ha aprende medicina, aunque sin querer. "¡Demasiado sé! A veces me duele algo y pienso: '¡Ay madre!".

Hoy, se lamenta de que el mundo digital haya trastocado su sector -"las fotos no se sacan desde cualquier sitio. Tienen que hacerse desde un mismo eje, por encima del hombro izquierdo del doctor", explica-, y aún le queda un vídeo de una quemadura por montar. Mientras tanto, se ha puesto a ayudar a un amigo con unas imágenes sobre la flora de Aragón. Y es que no suelta la cámara. Ni la moto, con la que va a todos sitios. "Es que si no, no aparcas", se justifica.

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