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CURIOSIDADES

Al mejor postor

Un bombero sin casco es como un león sin melena. Y sin embargo, a Christopher Hubmer, jefe de batallón de bomberos de la US Navy en Rota (Cádiz), le extraviaron la protección en algún trasiego aéreo y el hombre, por olvido o aburrimiento, lo dejó correr. Si antes no lee estas líneas, su casco, un bonito modelo antiguo ahumado por el uso, acabará el martes en poder de quien oferte más por el lote 3, una miscelánea que incluye 161 peluches, 2 pizarras mágicas, 2 escopetas, un 'Scalextric' y decenas de otros objetos al precio conjunto de salida de 4.058,14 euros. Intentamos reunir a ambos, casco y propietario, pero la fiesta yanqui de Acción de Gracias se interpuso.

El casco del 'chief' Hubmer es uno de los miles de objetos que cada año traspapelan en los 47 aeropuertos y un helipuerto españoles las aerolíneas que operan en ellos. Maletas errabundas nunca reclamadas por sus dueños, equipajes perdidos sin identificar, arrumbados al final de muchas idas y venidas en los almacenes de Iberia. La compañía es depositaria última de las valijas porque así lo manda una ley de 1942, promulgada por el Ministerio del Aire cuando Iberia era la línea nacional de bandera.

Todo lo que aterriza en suelo español, cualquiera que sea su origen y la nacionalidad de la aerolínea portadora, acaba en sus depósitos. Seis u ocho meses después, maletas y bultos anónimos son abiertos. Si tampoco dentro hay señas o identidad alguna, la maleta y su contenido entran en el proceso de subasta.

«Sólo nos causa problemas y ningún beneficio», aseguran responsables de Iberia. Beneficios parece que no da a nadie. Paga justo los gastos de la contrata encargada de abrir las maletas, analizar su contenido, tirar lo inservible -ese bañador húmedo del último día de vacaciones convertido en una bomba bacteriológica-, y clasificar el resto. Si sobra dinero se lo queda el Ministerio de Fomento. "Casi siempre es deficitario", aclaran. Iberia organiza al menos una subasta anual, pero depende del volumen de mercancía acumulada. La del martes será la segunda de 2009.

La vista de los almacenes atestados a la espera de las pujas da que pensar. La de cosas que uno acarrea cuando vuela. El peso que cargamos y lo que luego dejamos atrás por despiste propio o negligencia ajena. Ropa, calzado, bolsas de aseo, carritos de bebé, o artículos más raros. Banderillas y estoques taurinos, una máscara antigás, un cortacésped, una antena parabólica, cazuelas, tiendas de campaña, artículos religiosos de toda confesión

Novias

Un clásico de todas las subastas es el vestido nupcial extraviado, abandonado a su suerte, que obliga a interrogarse sobre la novia a la que iba destinado. ¿Se arrepentiría a última hora? ¿Decidiría casarse en vaqueros en vez de blanca y radiante? El de esta subasta es un vestido nuevo de corte sirena, con pedrerías y mucho tul ilusión. Devotas del minimalismo de Armani, de las líneas depuradas de Prada, abstenerse.

Las ofertas se formulan por los lotes completos, en plicas cerradas sobre el precio de salida, nunca inferior. Gana la más alta. Cualquiera puede pujar pero a un particular no le interesa llevarse a casa cientos o miles de artículos variopintos. Suelen concurrir dueños de tiendas de segunda mano, de decomisos o de 'todo a cien'. En esta ocasión los precios de los siete lotes oscilan entre los 2.893,50 euros de lote de artículos deportivos, y los 7.177,05 euros del de ropa y complementos. Casi seguro éste se lo llevará una subastera granadina, fija en estos lances. Lo que no se vende pasa a sucesivas subastas, aunque un propietario siempre puede recuperar sus objetos perdidos si antes de la adjudicación acreditara la pertenencia.

Iberia espera que el Gobierno derogue la ley franquista y todas estas cosas "se las quede alguna ong que les pueda sacar un provecho". La pérdida, extravío y olvido de equipajes es el pan de cada día en cualquier aeródromo del mundo. En 2008 los aeropuertos españoles gestionaron 2,4 millones de vuelos con 204 millones de pasajeros y 643.000 toneladas de carga. En los 30 principales de Europa se traspapelan de media 13 maletas por cada 1.000 pasajeros, aunque la pérdida definitiva del bulto no llega ni al 10 por ciento. El resto le es entregado al propietario en unos días. Es lo que las compañías llaman "conciliación tardía de equipajes". El incordio es el mismo, pero dicho así suena mejor.

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