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En colaboración con ITA

Gazapos de ciencia y cine

'Wonka': es muy difícil atender a razones cuando te están ahogando

¿Las ondas sonoras se transmiten por el agua? Descubre el gazapo científico en este diálogo de la película 'Wonka'.

Fotograma de la película 'Wonka' (Paul King, 2023)
Fotograma de la película 'Wonka' (Paul King, 2023)
Warner Bros

No deja de ser un sinsentido que para el gran Willy Wonka no haya nada imposible salvo oír debajo del agua los gritos del policía. Y no será porque las ondas sonoras no se transmiten por el agua. Al contrario: se propagan demasiado rápido para los oídos y las entendederas de un chocolatero.

El recién llegado a la ciudad Willy Wonka, que aspira a convertirse en un vendedor de chocolate de gran éxito, descubre que los principales chocolateros de la urbe no se lo van a poner fácil. Pero con la ayuda de sus amigos y el Oompa-Loompa conseguirá cumplir su sueño de crear una fábrica de chocolate.

Descubre el gazapo científico en este diálogo de la película 'Wonka', dirigida por Paul King en 2023, con guion de Simon Farnaby y Paul King y con Thimotée Chalamet (Wonka); Calah Lane (Noodle); Hugh Grant (hombrecillo Oompa-Loompa); Keegan Michael Key (agente de Policía), entre otros, en el reparto. 

El diálogo

  • -¿Señor Wonka podemos hablar un momento? -preguntó el policía aproximándose al interpelado.
  • ​-Cómo no, agente.
  • -Tengo un mensaje para usted -le advirtió el policía al tiempo que lo cogía por el cuello y le metía la cabeza en el agua helada de la fuente-: ¡nada de vender bombones en esta ciudad!
  • -¿Me ha oído? -quiso asegurase tras sacarle la cabeza del agua
  • -Pues la verdad es que no.
  • -¡Ah!, encima respondón, chocolatero -dijo y le volvió a meter la cabeza en el agua antes de repetirle el mensaje: ¡He dicho que nada de vender bombones!
  • -¿Me ha oído ahora? -volvió a preguntar tras liberar de nuevo la cabeza de Wonka
  • -En el agua es imposible -explicó un empapado Wonka
  • -Ah, claro. Tiene sentido, sí. Oiga, lo siento- se disculpó el agente-: la verdad es que no quiero hacer esto.
  • -Yo tampoco quiero que lo haga -protestó Wonka.
  • -Pero tengo que hacerle llegar el mensaje: si vuelve a vender bombones en la ciudad, recibirá más que un golpe en la cabeza.

El gazapo

“¿De verdad tiene sentido? Pues fíjese, señor Wonka, que ya lo siento, pero yo no lo afirmaría de forma tan categórica. O, cuando menos, matizaría que puede que tenga sentido, pero no todo el sentido (del oído)”. “¿No me diga? ¿Y por qué afirma eso? Cuente, cuente que soy todo oídos”. “Pues no deja de ser gracioso que diga eso porque parte del problema de que usted no entienda lo que le dice el policía es precisamente que no somos todo oídos”. “Explíquese, por favor, que me tiene en vilo”.

Lo primero que debe saber, señor Wonka, es que el sonido es una onda material. Es decir, que necesita un medio material a través del cual transmitirse. Por eso mismo, no hay sonido en el espacio (vacío).

En esencia, el sonido se transmite como una onda longitudinal al hacer vibrar las moléculas del medio. Así, cuando la onda sonora generada por la fuente emisora impacta en una molécula, la hace vibrar: la molécula oscila adelante y atrás. Y en su desplazamiento, impacta sobre la molécula vecina, a la que transmite su energía y, con ello, su movimiento; y así sucesivamente a través de todo el medio, viajando de molécula en molécula.

De lo anterior se infiere que el sonido sí se propaga por el agua, como medio (líquido) material que es. Por lo que, por mucho que Wonka tenga la cabeza sumergida en la fuente eso no debería ser óbice para que le lleguen las ondas sonoras.

De hecho, el sonido se propaga mucho mejor por el agua que por el aire (más rápido y más lejos). Algo lógico a tenor de la explicación precedente, por cuanto hemos dicho que el sonido se transmite por el choque ente moléculas vecinas. Y la concentración de moléculas en el agua es mucho mayor que en el aire. 

En los líquidos como el agua de la fuente las moléculas están unidas entre sí mediante enlaces débiles. Mientras que en los gases las moléculas están libres. No hay ninguna fuerza que las mantenga unidas y por tanto próximas entre sí: la separación entre las moléculas de un gas es mucho mayor, por lo que la propagación de la onda material no es tan fluida -qué juego de palabras tan bien traído, ¿no le parece señor Wonka?-. Así, en un volumen determinado de agua hay unas ochocientas veces más moléculas que en el mismo volumen de aire. Eso justifica que el sonido viaje mucho más rápido por el agua que por el aire. Entre 4 y 5 veces más rápido.

Y eso, paradójicamente, supone un problema cuando tenemos -o nos meten- la cabeza debajo del agua. ¿Por qué? Bueno, básicamente, porque nuestro sistema auditivo está diseñado y optimizado para oír en el aire. Y cuando la onda sonora que llega viaja mucho más rápido, podría decirse que 'atropella' a nuestro oído. Este se ve desbordado y no es capaz de recibirla y procesarla de forma adecuada. Y no solo eso, sino que nuestra cabeza presenta tejidos llenos de agua, así como huesos sólidos que transmiten el sonido mucho mejor que nuestro oído. De nuevo, la onda sonora entrante desborda a nuestro oído y se desvía a través de esos tejidos para seguir viajando a la misma velocidad.

Una forma de entender esto es pensar en una prueba atlética de relevos: al corredor que lleva el testigo y avanza a toda velocidad le resulta más fácil entregar el testigo a otro relevista que se desplaza a una velocidad similar que a uno que está parado o avanza andando, y que le obligaría a frenarse en seco si no quiere atropellarlo o pasarlo de largo.

Momento de acudir al diccionario de la lengua de la RAE para constatar que oír se define como “percibir con el oído los sonidos”. Y entender como “tener idea clara de las cosas”.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que, aunque a la cabeza de Wonka si le llega la onda sonora y, por tanto, sí oye el sonido, estas ondas viajan a una velocidad que hace que no sea capaz de captarlo de forma adecuada y, por tanto, de entender lo que el agente le grita.

En gran medida, como hemos visto, porque no somos todo oídos. Y eso, claro está, sin entrar a valorar si realmente Wonka está escuchando (el diccionario de la RAE define escuchar como “prestar tención a lo que se oye”) lo que le dice o está fantaseando con los nuevos bombones que quiere preparar.

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