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Tercer Milenio

Gazapos de ciencia y cine

'Savage Grace': al calor de la herencia y el legado de Leo Baekeland

No seas crápula y lee con atención para descubrir por méritos propios el gazapo presente en el diálogo. Aunque lo verdaderamente importante es que, gracias a Leo y a su impresionante idea para obtener el primer plástico sintético de la historia, la bakelita, hemos podido moldear el mundo a nuestro gusto y conveniencia.

Fotograma de la película 'Savage Grace', dirigida en 2007 por Tom Kalin
Fotograma de la película 'Savage Grace', dirigida en 2007 por Tom Kalin

Barbara Daly entra a formar parte de la alta sociedad americana tras casarse con Brooks Baekeland, el nieto y heredero de una gran fortuna. Pero incluso las más poderosas dinastías esconden oscuros secretos…

Encuentra el gazapo científico en este diálogo de la película 'Savage Grace', dirigida en 2007 por Tom Kalin, con guion de Howard A. Rodman y con Julianne Moore (Barbara Daly), Stephen Dillane (Brooks Baekeland), Eddie Redmayne (Tony Baekeland) y Elena Anaya (Blanca) en el reparto.

“-Lo que quiero decir, Carlos, es que tanto a ti como a Leo la fama os llegó por vuestros logros, por mérito propios. En el caso de Leo una idea genial fue la de intentar estabilizar el fenol con el formaldehido para darle fuerza, cohesión, solidez. Sin embargo, no se mezclaban; y fue Leo quien pensó en someterlos a presión. Así creó moléculas de cadena larga, la bakelita, el plástico. Teléfonos, brazaletes, radios, discos, ataúdes, submarinos, la cubierta de la bomba atómica…, el mundo tal y como lo conocemos -explicó Brooks Baekeland a su amigo.
-¿Y ese Leo era tu padre? -preguntó Carlos.
-¡No, por Dios! Era mi abuelo. Mi padre solo es un crápula, no se parece en absoluto a mi abuelo”.

El gazapo:

Pues sí el mundo tal y como lo conocemos, pero no precisamente por esa síntesis tal y como la conocemos por boca del nietísimo.

El mundo tal y como lo conocemos porque, en realidad, la bakelita fue el primer plástico sintético de la historia, tan versátil que pronto se convirtió en el material 'universal' para fabricar casi cualquier cosa, abriendo los ojos al mundo respecto a las bondades de los productos sintéticos y especialmente de los polímeros; y con ello dando inicio a la era de los plásticos…

…entre los que se incluyen los termoplásticos y los plásticos termoestables -categoría inaugurada, precisamente por la bakelita-, que suenan muy parecido pero que no son ni mucho menos lo mismo ni se comportan de manera similar.

Partamos de la base de que los plásticos son, por definición, materiales que carecen de un punto fijo de ebullición y poseen durante un intervalo de temperaturas propiedades de elasticidad y flexibilidad que permiten moldearlos fácilmente y adaptarlos a diferentes formas que mantienen al ser enfriados. 

Los termoplásticos, como su propio nombre indica, son polímeros cuya estabilidad varía en función de la temperatura: al ser calentados pierden su solidez (su estructura sólida) y se funden convirtiéndose en un fluido más o menos viscoso, pero que al volver a enfriarse se endurecen de nuevo y recuperan su rigidez y solidez. Desde este punto de vista, son materiales reciclables, ya que, una vez fundidos, el fluido puede volver a moldearse para que adopte otra forma que conservará al ser enfriado posteriormente.

Por el contrario, los plásticos termoestables, una vez sintetizados, modelados y enfriados, ya no se ablandan ni se funden ni se fluidifican al ser calentados de nuevo, mantienen su rigidez, solidez y forma original hasta que la temperatura es tan alta que el polímero se carboniza.

Ello es debido a que al calentarlos por primera vez se produce la degradación del polímero -o de los reactivos- de partida, lo que significa que, por acción del calor, se debilitan y se rompen algunos de los enlaces intramoleculares -dentro de la misma molécula-. Si además, la mezcla se somete a altas presiones, lo que sucede es que estas moléculas degradadas se ven obligadas a confinarse en un espacio muy reducido, muy próximas unas a otras lo que va a permitir que se formen nuevos enlaces entre moléculas distintas -intermoleculares- dando lugar a la formación de una estructura o red tridimensional tan densa, intrincada y estable que una vez consolidada ya resulta 'infundible'.

Y si has leído hasta aquí y lo has hecho prestando un mínimo de atención, entonces ya te habrás percatado del gazapo presente en el diálogo inicial por 'méritos propios'. Pero, tranquilo, que si en lugar de como Leo eres más del palo del crápula de su hijo o del de su desmemoriado nieto, ya te lo descubro yo*: no basta con someter a presión la mezcla de fenol y formaldehido; también es necesario calentarla para garantizar que las moléculas de partida se degraden, algunos de sus enlaces se rompan y así se formen otros nuevos, definitivos y termoestables enlaces.

(*En honor a la verdad, es cierto que la verdadera genialidad de Leo fue percatarse de la necesidad de someter la mezcla de fenol y formaldehido además de a calor, a altas presiones -lo de calentar casi se hace por defecto en los laboratorios-).

Una esclarecedora excursión a la cocina

Para acabar de entender y visualizar fácilmente esta diferencia fundamental en el comportamiento de termoplásticos y plásticos termoestables, nada mejor que una 'analógica' excursión a la cocina, donde podemos encontrar alimentos que presentan un comportamiento análogo a unos y otros. Así, el chocolate puede equipararse a los termoplásticos ya que al calentarlo se funde, lo que permite darle cualquier forma, y al enfriarse vuelve a recuperar su solidez. Y si el bombón resultante no nos ha quedado a nuestro gusto, aun podemos volver a fundirlo y modelarlo de nuevo. Por el contrario, los huevos constituyen un perfecto modelo de comportamiento termoestable. En un primer momento son líquidos -bueno, fluidos-, pero al someterlos a la acción de calor se forma una densa y rígida estructura o malla tridimensional. Y una vez formada, por mucho que calientes el huevo -frito, cocido, revuelto o en francesa- no volverá a fluidificarse. Lo único que conseguirás será carbonizarlo. Qué desperdicio.

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